lunes, 23 de diciembre de 2019

Comentario Navidad

Un niño nace, la palabra de Dios se encarna en nuestra historia

NATIVIDAD DEL SEÑOR
25 de diciembre
Eduardo de la Serna


Lectura del libro del profeta Isaías     52, 7-10

Resumen: La venida de un mensajero divino en Sión comunica la buena noticia de la liberación de la opresión babilónica expresada como liberación y consuelo por la donación de la paz, el bienestar y la salvación. Es allí que Dios, y no Marduk, empieza a reinar en Jerusalén.


El así llamado “Segundo Isaías” se dirige a la élite que se encontraba en el exilio en Babilonia. Los sentimientos de los exiliados eran mezclados: castigo divino, “Dios se ha olvidado de nosotros”, “estamos pagando las culpas de otros”, etc. En este contexto de angustia, el profeta viene a cantar la esperanza, que se concreta históricamente en el fin de la situación de angustia y esclavitud. Lo que cuenta en este poema, más que el mensajero son sus pies ya que se detendrá en el tema de la llegada del mensajero y el tema del “camino”. Y el contenido expresado con tres términos cargados de sentido bíblico: paz (salom), bienestar (tôb) y salvación (yesu’á); son bienes sociales, económicos, políticos y espirituales. Hacen referencia a situaciones concretas, y en estos tres términos se sintetiza la felicidad del pueblo que se espera y anuncia. El mensajero no es especificado, y la receptora de las “buenas noticias” es Sión. Todo esto es especificado en que “reina tu Dios”. Ciertamente de este modo se entra en contraste con la realeza de los dioses babilonios. Por ejemplo, así dice el relato babilónico de la creación:

“… tú, Marduk, eres el más honrado de los grandes dioses. Tu decreto no tiene par, tu orden es Anu. Desde este día inalterable será tu sentencia. Ensalzar o humillar estará en tu mano. Tu expresión será veraz, tu mandamiento será indiscutible. ¡Ninguno de los dioses salvará tus límites! Necesitando adorno para las sedes de los dioses, esté el lugar de sus santuarios en tu lugar. ¡Oh Marduk!, ciertamente tú eres nuestro reivindicador. Te hemos concedido la realeza sobre el universo entero. Cuando en la asamblea tomes asiento, tu palabra será suprema” (Enuma Elis IV,4-15).

Los salmos de “Yahvé rey” lo repiten (47,9; 93,1; 96,10; 97,1; cf. Is 24,23). Esto está dicho muy lejos de Babilonia y debe comunicar seguridad a los oyentes. El “rey Marduk” está al caer. Los guardias de los alrededores ven venir la noticia y se propaga por doquier con júbilo indescriptible. Dios mismo está llegando en esta noticia.

La Jerusalén devastada y solitaria a la que se dirige la noticia, recibe dos verbos que son clave de todo el profeta: “consolar” y “redimir”. Tan importante es el primero que el Segundo Isaías es conocido como “el libro de la consolación”. Con ese verbo arranca toda la obra (40,1) y se acumulan ambos en esta unidad: 51,3.12.19 (consolar), 51,10; 52,3 (redimir) pero señalado como algo ya realizado (no futuro, como 40,1). La ciudad en ruinas (v.9) recibe la buena noticia de una promesa ya realizada (lo político es evidente). Para actuar con más libertad, Dios se “arremanga” (v.10; cf. Ez 4,7; Sal 74,11). Si antes el acento estaba en los pies, ahora se ubica en las manos como expresión del obrar de Dios. Y este obrar de Dios, su brazo, su salvación es visto por “todas las naciones”, o por los exiliados en todas las regiones que ven que nadie, sino sólo Yahvé es actor en la liberación de los suyos.

Los vv.11-12 culminan la unidad literaria relacionando con el éxodo, tema también importante en el Segundo Isaías, pero es omitido en el texto litúrgico del día.

Sin duda, la relectura del mensajero entendido como Jesús que viene a “evangelizar” (anunciar buenas noticias) es decisiva en la selección del texto en la fiesta de Navidad.


Lectura de la carta a los Hebreos     1, 1-6

Resumen: Poniendo en una línea de continuidad y superación la antigua y la nueva alianza, con sus mediadores: los profetas y el hijo y los destinatarios: los padres y “nosotros”, el autor de la homilía prepara todo el texto mostrando la novedad aportada por cristo, entendido desde una perspectiva sacerdotal a partir de una lectura cristológica del A.T.


Un comienzo solemne presenta la gran homilía llamada “carta a los Hebreos”; una larga oración de cuatro versículos. El punto de partida es la comunicación de Dios con la humanidad, en el pasado y en el presente obviamente contrastándolos. “De muchas formas y muchos modos en el pasado” (polymerôs kaì polytropôs) en el pasado (pálai) habló Dios a os Padres. Los mediadores de esta comunicación fueron los profetas. En los “últimos días” nos habló “en su hijo”. Ciertamente el contraste pasado -  presente se refuerza por los medios de comunicación escogidos: profetas – hijo. Y los días “esjaton” (= finales) dan sentido a esta novedad. La novedad del hijo viene dada por su ser heredero, a lo que se añade su relación (diá) con la creación (“las edades”) y por una relación tan estrecha con Dios (= Hijo, que en Hebreos es notablemente más elevado que en los primeros escritos cristianos) que no se separa de la “gloria” de Dios y no manifiesta una fracción sino la totalidad de la imagen, es “imagen perfecta”. Así “sostiene” (presente) todo lo creado en su intervención en la historia (pasado). Así se prepara la lectura del Sal 110 que será fundamental en toda la obra, comenzando por la cristología tradicional, de la primera parte del sermón (1,5-2,18) cuanto la cristología sacerdotal que se desplegará en adelante. 

La lectura añade los vv.5 y 6 cambiando el sentido del texto. En el sermón la introducción “de su primogénito en el mundo” alude a la entrada gloriosa de Cristo en el “mundo venidero, del que venimos hablando” (2,5), pero al introducirse en el texto de Navidad se alude a “este mundo” y por tanto cambiando el sentido del texto se refiere a la encarnación, y no a la Resurrección.

La importancia de la antigua alianza entendida como “revelación” y –por lo tanto- como válida, pero superada por la nueva alianza será importante en toda la obra y el motor de su lectura bíblica en toda la homilía, aquí reflejada no solamente en los tiempos verbales e históricos sino en la mención a los “padres” y a “nosotros”. En este caso la importancia de lo antiguo –visto como palabra- y por tanto mediado por los profetas, y la plenitud de la palabra del Hijo. Este movimiento del hijo  desde la preexistencia a la exaltación culmina con una menciona los ángeles, para señalar –y lo repetirá a continuación- la superioridad de Cristo sobre ellos, y la insistencia a sus destinatarios de que son continuación y plenitud del Israel antiguo de la promesa. Es en esto donde cuatro momentos son referidos: la preexistencia, la función sostenedora del universo, la salvación y la exaltación gloriosa (cf. Sab 7,25-26). La traducción de los términos griegos es difícil ya que se pueden presentar diferentes opciones: ¿es reflejo o es irradiación? (apaugasma), ¿es impresión, sello o reflejo? (jaraktêr). La ambigüedad quizás sea adrede y pueda entenderse que Cristo es irradiación o reflejo, e impronta o sello del ser divino. Haciendo eco de la palabra creadora de Génesis 1, la estrecha relación entre el Hijo y el Padre sostiene lo creado por su “palabra poderosa”. La acción expiatoria comienza –sutilmente al principio- a insinuar el tema sacerdotal y sus efectos (1,3; 9,13-14.22.28; 10,2.22; 12,24). Estar sentado a la diestra de Dios es –como se dijo- alusión al Sal 110, tan importante aquí (1,13; 8,1; 10,12).



+ Principio del santo Evangelio según san Juan     1, 1-18

Resumen: Un himno antiguo canta la presencia de Dios en medio de la historia. Juan lo retoma destacando que eso ocurre desde “el principio”. En nuestra historia, Dios eligió plantar una carpa para moverse con nosotros en la vida.

El conocido “Prólogo” del Evangelio de Juan constituye la lectura del día, aunque –como veremos- no es evidente que todo el texto aluda a Cristo. 

Para comenzar, llaman la atención las dos referencias en medio del himno a la figura de Juan, el Bautista (vv.6-8 y v.15) y tienen toda la apariencia de haber sido insertadas en un momento posterior (de hecho, la lectura breve del texto omite estas partes). Se ha propuesto –y parece muy probable- que el autor que introduce el himno en el Evangelio (quizás en la última etapa de la redacción) conozca un himno cristológico primitivo al cual le realiza algunos añadidos, un “Himno a la palabra de Dios”. En este sentido, el himno primitivo cantaba la palabra de Dios activa en la Creación (vv.1-5; cf. Gen 1), la palabra enviada por Dios en la historia de su pueblo, por ejemplo en los profetas (“fue dirigida por Dios la palabra al profeta X…”, cf. 1,9-13) y finalmente esa palabra se hizo carne en la historia en el envío de Jesús (vv.14.16-18). Tres momentos, entonces marcan que Dios no se ha desentendido de la humanidad en la historia, pero –como se ve- recién en el tercer momento el himno primitivo habría hecho expresa referencia a Jesús como la palabra viva que Dios dirigió. 

Ahora bien, este himno primitivo fue tomado y reelaborado por el Evangelio, y la incorporación del Bautista en diferentes momentos provoca que esa “palabra” de Dios sea vista como el mismo Jesucristo desde el primer momento. Cristo es “palabra de Dios” desde siempre, y no ya desde la Encarnación Al releerlo ya desde antes de la Creación la palabra –que ahora es Jesús- estaba “junto a Dios” y “era Dios”. El término “palabra” (lógos) es sin duda el término clave, y parece que debe entenderse en continuidad con la palabra de Dios en la historia de su pueblo, manifestada en las escrituras, y no en el sentido que le daban los griegos o los gnósticos (para estos, el “logos” tenía otro rol que es bastante diferente del que podemos encontrar en este himno). 

Hay una serie de términos que se encuentran en el relato que son claves en todo el Evangelio y sería muy extenso detenernos en ellos (por ejemplo, luz – tinieblas, vida, creer, gloria, verdad, etc.); especialmente teniendo en cuenta que la Navidad es la razón de su incorporación en la liturgia. El v.14 parece ser fundamental en este tiempo y el motivo de su incorporación:

«Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como unigénito, lleno de gracia y de verdad».

La palabra “acampó” (skênóô) está relacionada con la “gloria de Dios” (doxa) en la referencia a la “tienda del Encuentro” en el desierto, donde Dios se hace presente a su pueblo (Ex 40,34.35; Lev 9,23; Núm 14,10; 16,19; 17,7;  20,6); también se dice en relación a la Sabiduría (Sir 24,8). Allí el pueblo podía encontrarse con Dios, ahora esta gloria se manifiesta en la presencia de Jesús como palabra hecha carne. Es probable que la insistencia en la carne (sarx, Mt x5, Mc x4, Lc x2; Jn x13) tenga que ver con una posición conflictiva con los espiritualistas de la comunidad que terminan negando la carne en nombre de la novedad aportada por Jesús, pero esta “desencarnada”. Lo que viene por esta palabra encarnada es la “gracia” y la “verdad” (gracia en Juan sólo se encuentra en el prólogo, vv.14.16.17) que superan la ley dada por Moisés (v.16). Esta gloria le viene dada por su condición de “unigénito” (monogenês). Pero la novedad también viene dada por el uso del “nosotros” (antes se expresó en tercera persona), los lectores y oyentes somos introducidos en este mundo nuevo por la encarnación. La carpa puesta por la palabra no nos deja fuera o como espectadores sino que actúa en nosotros y “hemos recibido” (v.16).

sábado, 21 de diciembre de 2019

La meritocracia, el Cielo… y Dios


La meritocracia, el Cielo… y Dios


Eduardo de la Serna



Hace ya varios días, mi amiga Consuelo, teóloga feminista, me envió una cita excelente de Dorothee Sölle: “La comprensión individualista de Jesús como ‘mi salvador personal’ es una catastrófica consecuencia del capitalismo”. Dorothee (1929-2003) fue una gran teóloga protestante alemana, no muy reconocida en su tiempo en el mundo académico, pero luego muy valorada en los ambientes feministas, de la teología de la liberación y el mundo de la “teología política”, al nivel -nada menos- que de Jürgen Moltmann y el recientemente fallecido, el enorme Johann Baptist Metz (+ 2 de diciembre de 2019).

La relación entre la fe y la política viene desde el comienzo de la humanidad, y los intentos de separarlas (recurriendo de un modo fundamentalista a la frase “devuelvan al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”) suelen ser excusas por estar en desacuerdo con las teologías o las políticas vigentes, pero rápidamente olvidadas cuando se coincide con ellas, como es el caso de Bolsonaro o los golpistas bolivianos. Entre ambas hay una retroalimentación constante, simplemente porque ambas son humanas, y ambas abarcan el núcleo vital de la humanidad (mal que les pese a los fundamentalistas agnósticos). Ya, por ejemplo, una de las obras fundacionales de la moderna sociología, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber (1864-1920) señalaba la influencia del calvinismo en la ideología capitalista. Es cierto que, con toda probabilidad Juan Calvino (1509-1564) estaría en total desacuerdo (como grandes calvinistas contemporáneos lo sostienen) con esta lectura, pero es cierto que “en su nombre” se sostenía que el signo “visible” de la predestinación era la prosperidad. Si todos estamos predestinados (decían) a la salvación o la perdición, ¿cómo saberlo para no quedar sumidos en la angustia? La prosperidad es un signo de ello, afirmaban. Ser prósperos, entonces, es un signo de que Dios nos bendice: God bless America.

No está de más recordar que el fin de la Edad Media marcó, entre otras cosas, un paso del teocentrismo a un cierto antropocentrismo. Esto permitió, a su vez, un paso al individualismo. No puedo dejar de señalar la notable diferencia entre el individualismo (sólo yo) y el personalismo (yo, tú, nosotros, como destacó el gran Martin Buber, por ejemplo).

Otro elemento a tener en cuenta, que merecería un mayor y detenido análisis, es la influencia del helenismo en el pensamiento teológico (razonable cuando Ireneo [130-ca.200] y Justino [100-165] intentaron dialogar con la sociedad, pero inadecuado en muchísimas circunstancias en este tiempo nuestro; José Ignacio González Faus insistió en “Deshelenizar el cristianismo”, algo rechazado por el papa emérito Benito XVI en el olvidable discurso en Ratisbona (12 de septiembre de 2006). La antropología helénica, por ejemplo, resulta hoy incomprensible (el dualismo: cuerpo-alma; el machismo; el poder, entre otros). La insistencia en lo sexual como “el pecado” parece de una notable influencia greco-romana. A modo de ejemplo, notemos que en los así llamados “Diez Mandamientos” hay dos en los que se insiste en un carácter sexual que no tenían en su origen bíblico; no se trata de “no fornicar/cometer actos impuros” (la impureza, por ejemplo, en la Biblia es ciertamente ritual, no sexual) sino de no “cometer adulterio” (6º mandamiento), es decir, no tener relaciones con una mujer que “pertenece” a un varón. En ese mismo sentido, no se trata de “no desear la mujer del prójimo” (9º mandamiento) sino de no desear la casa del prójimo, la mujer del prójimo, los esclavos, los burros, el buey…”, es decir, la propiedad. Es absolutamente cierto que nadie hoy (salvando los fundamentalistas más abyectos) sostendría que la mujer es “propiedad” del varón. Aquí solo pretendo señalar el acento “no sexual” de un texto “sexualizado” con el tiempo por cierta lectura eclesial. La insistencia sexual vuelve a poner el acento en algo “individual”, se trataría de pecados “privados”, y así se valora negativamente como más grave una relación sexual o la masturbación que el soborno, la tortura o la guerra.

Pero es importante señalar, volviendo a Dorothee, que no solamente se trata de ambientes protestantes, sino que también en ambientes católicos (especialmente fundamentalistas) que hay una insistencia en una relación “individual” con Dios. Son frecuentes, por ejemplo, los cantos en los que se insiste en “Dios y yo”: ven a “mi vida”, el espíritu se “mueve en mí”, cantos en los que prima el “yo” y está ausente el “nosotros”. El nosotros “eclesial”. El “otro”.

Y en este sentido, me parece preocupante, la insistencia (más del ambiente católico que protestante) en el tema del “mérito”. Y dejo de lado el uso cotidiano (“vas a tener que hacer mucho mérito para conseguir…”) y me quiero detener fundamentalmente en el corazón de la “vida cristiana”. Desde el “Reino de Dios” hasta el mismísimo “cielo”. Todo pareciera moverse en el terreno de los méritos. Hay que “edificar” el reino, hay que “ganar” el cielo. El terreno no necesariamente es individual, pero suele serlo y quedaba sintetizado en el espantoso “salva tu alma”, como si uno y no Dios la salvara, como si se tratara del alma y no de toda la persona y de la mía y no de la nuestra. Como si no existiera el “pecado social” (es por esto que en los sectores más conservadores se intenta señalar que la Iglesia no es “pecadora”, sino que lo son los miembros… los individuos). No estaría mal dejar a Dios intervenir en la historia (sabiendo que interviene por nuestra mediación, porque no es un “Gran Titiritero”) y dejar que sea suya la iniciativa de reinar, aunque cuente con nuestra colaboración para ello; Él lo edifica, nosotros colaboramos (don y tarea). Pero lo más significativo de toda esta perversión teológica es la comprensión del Cielo como la gran “meritocracia”. Yo voy al cielo porque hice méritos (o al infierno si no los hice).  Dejo de lado el dato ya conocido de que ni el cielo ni el infierno son un “lugar” sino un encuentro: Dios con nosotros o nosotros sin Dios. Y ese encuentro, como todo lo que tiene que ver con el amor, no se trata de méritos, sino de “gracia”. Nadie merece la amistad de nadie; simplemente dos amigos nos elegimos mutuamente (y bastante repudiables son los padres o madres que intentan “sobornar”, con regalos, por caso, a sus hijos o hijas para que “los quieran” o los quieran más que al otro u otra). Por cierto, que en la amistad hay acciones, palabras, cosas que pueden fracturar, o matar una amistad. Pero no se trata de méritos, insisto, se trata de amor, de encuentro, de gracia y eventualmente de desencuentros. El cielo no es meritocracia (y si miramos nuestro presente político mundial actual, quizás la meritocracia se asemeje más al infierno). Dios es amor. Nada que se diga de Dios es más pleno que afirmar esto. Y Dios no sabe hacer nada que no tenga que ver con el amor, no puede hacer nada que no sea amor… Y, lo repito, en el amor no entra el mérito. Teresa de Lisieux dice que “hay una ciencia que Dios no conoce… la del cálculo”. Entender la vida cristiana como “meritocracia” -parafraseando a Dorothee- es una catastrófica consecuencia del neoliberalismo.


Imagen tomada (y trabajada) de http://www.libertyk.com/blog-articulos/2019/1/15/i-igualdad-de-oportunidades-y-meritocracia-por-jan-doxrud


martes, 17 de diciembre de 2019

Comentario adviento 4A

José interviene para que Jesús tenga raíz en la historia

DOMINGO CUARTO DE ADVIENTO – Año “A”

Eduardo de la Serna




Lectura del libro de Isaías     7, 10-14

Resumen: en un contexto histórico concreto, el rey Ajaz escucha de parte de Dios la invitación a pedir una señal de parte de Dios. Pero el rey no es del agrado de Dios, se niega al pedido, y Dios mismo le da como señal un nacimiento de un rey que hará presente a Dios en medio de los suyos.


Para ser precisos, no es lo mismo lo que “dice” el texto de Isaías que hoy la liturgia propone y lo que ese texto “nos dice” a partir de la Nueva Alianza. El texto comienza con una nueva intervención de Yahvé (v.10: “Volvió Yahvé a hablar…”) y concluye en v.17, ya que en v.18 comienza una unidad enmarcada por los frecuentes “en aquel día” (cf. vv. 18.20.21.23). 

Para reforzar la idea, señala que el que habla a Ajaz, el rey, es “Yahvé”, aunque el diálogo es con Isaías (v.13). El tema parece estar radicado en el “miedo” del rey (v.16) a causa de “dos reyes”. Por los versículos anteriores sabemos que se trata de Rasón, rey de Damasco (arameo) y Pécaj, de Samaría (israelita, del norte) (cf. v.1) que han sitiado la ciudad de Jerusalén con intención de tomarla y obligar a los judeos a participar de la coalición contra Asiria (año 734). En la perícopa anterior se ha dicho al rey “Alerta, pero ten calma. No temas; que no desmaye tu corazón” (v.4). Allí Isaías le ha dicho al rey que ambos reyes, en poco tiempo, ya no serán un peligro. El rey, en cambio, parece preferir poner su confianza en el ejército asirio y planea pedirle ayuda. En este contexto encontramos el segundo oráculo (el de la liturgia de hoy): ante la duda del rey, el profeta le dice que Dios ha decidido darle un signo, el que pida, a fin de que ponga su confianza en Dios y no en el ejército asirio (v.9b).

El rey (coherentemente con lo que dice la Ley, cf. Dt 6,16) se niega a “tentar al Señor”. El profeta, entonces, pone distancia con el rey (donde antes decía “tu Dios”, v.11, ahora afirma “mi Dios”, v.13). El rey “cansa” (cf. 1,14; 16,12; 47,13 en el sentido de provocar hastío, enojo) a Dios y a los hombres. Y a raíz de eso Dios mismo le dará una señal al rey. Y esta señal viene dada por un embarazo presente (“está embarazada”). Pero la diferencia con este rey agotador está en que el que nacerá será fiel a Dios, hará presente a Dios en medio de los suyos. Siendo que 2 Re 18,7 hablando del rey Ezequías, hijo de Ajaz, afirma que “Dios estaba con él”, y que es propuesto por la literatura deuteronómica como un rey ideal (“Confió en Yahvé, Dios de Israel. Después de él no le ha habido semejante entre todos los reyes de Judá,  ni tampoco antes”, 18,5), es muy probable que el anuncio haga referencia al embarazo de la mujer del rey visto como señal de que su hijo será bien distinto que éste. Otros han pensado en el embarazo de la mujer de Isaías, profetisa también ella (cf. 8,3) lo cierto es que Dios da a su pueblo y al rey una señal que sea indicio de que está en medio suyo cuando se encuentra amenazado por los reyes enemigos. Por eso, le afirma, que antes que el niño tenga uso de razón (“sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno”, v.15) los reyes amenazantes habrán abandonado el territorio. Pero la torpeza del rey actual hará que hasta entonces [es razonable pensar entre 13 y 20 años], este tiempo sea un tiempo duro: habrán “días como no los hubo desde” la ruptura entre el norte y el sur (v.17) y por eso el hijo tendrá comida campesina (“cuajada y miel”, v.15).

Sin embargo, este texto sufrió una interesante relectura con la cual “entró” en el N.T.

Con el paso de los tiempos, Judá ya no tenía rey, y las esperanzas pasaron a ser cada vez más “de futuro”. No se esperaba nada bueno para los tiempos próximos. Entonces, este texto (y otros) pasaron a leerse en futuro. Los verbos presentes se tradujeron al futuro para indicar que es algo que podemos esperar, pero no para nuestros días. Incluso,  para dar más sentido futuro, la joven (v.14) es cambiada a una “virgen”, para remarcar que todavía falta bastante. Así quedó reflejado en la versión griega, compuesta varios años más tarde. Y es esta versión la que conoce y a la que alude el Evangelio de Mateo en el texto de hoy. Veamos las diferencias:

Isaías (hebreo)
Isaías (griego)
Mateo
Pues bien, el Señor mismo va a darte una señal: He aquí que la joven [’almáh] está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.Por esto, el Señor te dará una señal: la virgen [parthénos] estará embarazada y dará a luz un hijo al que se llamará con el nombre de Emmanuel
Mira,
la virgen [parthénos]
estará embarazada y dará a luz un hijo, al que llamarán con el nombre de Emmanuel, que se traduce “Dios con nosotros”

Como se ve, los cambios tienen su sentido en la esperanza posterior de Israel, y es de este modo que Mateo los asumirá más adelante.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma     1, 1-7

Resumen: Pablo dirige su carta a una comunidad en Roma pero no se conocen mutuamente. Por eso presenta brevemente el “Evangelio” que él predica a todos los paganos. La centralidad de Cristo es ese Evangelio, y su acción en los creyentes constituidos “santos y amados” por gracia de Dios. 


La carta de Pablo a los romanos tiene una serie de características que la distinguen de las demás del Apóstol. Para empezar, se trata de la única dirigida a una comunidad que él no fundó, ni conoce. Y que tampoco lo conocen a él salvo algunos comentarios malintencionados (ver 3,8). Esto es interesante para la unidad que hoy nos presenta la liturgia. Si se presta atención a las restantes cartas, es evidente que en todas, el primer párrafo de cada carta está compuesto de las siguientes partes: Remitente(s) [generalmente con un “título”, como habitualmente “apóstol”] + destinatarios [habitualmente también con “título”, como “santos”, o “Iglesia/s”] + saludo [siempre “gracia y paz”]. Pueden verse las siete cartas auténticas de Pablo, y algunas de las escritas por sus discípulos y se verá en todas este mismo esquema:

1 Tesalonicenses
1 Corintios
Filipenses
Filemón
Gálatas
2 Corintios
Pablo, Silvano y Timoteo
Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano,


Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús,

Pablo, preso de Cristo Jesús, y Timoteo, el hermano,
Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre, que le resucitó de entre los muertos,
 2 y todos los hermanos que conmigo están,
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano,


a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo.2 a la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellosa todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los epíscopos y diáconos.
a nuestro querido amigo y colaborador Filemón,
 2 a la hermana Apfia, a nuestro compañero de armas, Arquipo, y a la Iglesia de tu casa.
a las Iglesias de Galacia.a la Iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya;
A ustedes gracia y paz. (1Tes 1:1)3 gracia a ustedes y paz de parte   de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. (1Co 1:1-3)2 Gracia a ustedes y paz de parte   de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. (Fil 1:1-2)3 Gracia y paz a ustedes de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo. (Flm 1:1-3)
3 Gracia a ustedes y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, (GAL 1:1-3)
2 a ustedes gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo. (2Co 1:1-2)

Como se puede ver, con matices propios de cada carta, en general el esquema es el mismo, y no pasan más de tres versículos antes que toda la primera parte quede presentada. Sin embargo, en romanos recién hemos de esperar al v.7 para encontrar los destinatarios: “a todos los que están en Roma” y la “gracia y la paz”. La novedad radica, principalmente en lo que hemos señalado: Pablo no es conocido por las comunidades de Roma, y debe presentarse. Esto es lo que comienza a hacer precisamente luego de haber dado su nombre como remitente de la carta.

Pablo ha sido “enviado” (= apóstol) por Dios, ha sido “separado” (aforízô) de entre muchos “para el Evangelio de Dios” (es interesante notar que la buena noticia sea “de Dios”, como también en 15,16, mientras en 1,9 y 15,19 es “de su Hijo/ de Cristo” y por ocasiones es “mi Evangelio”, 2,16; 16,25. Probablemente pueda sintetizarse de esta manera: la buena noticia es “de Dios”, en cuanto dada por Dios; la buena noticia que se predica es “Cristo”, es decir, “la buena noticia que es Cristo”, y eso es lo que Pablo predica (mi predicación). Pero no puede dejarse de lado una doble dimensión del término: en el AT griego la Buena noticia esperada es que Dios intervendrá en la historia en favor de su pueblo (Jl 3,5; Nah 1,15; Is 40,9; 52,7; 61,1); pero en el ambiente romano (y recordar que es una carta a las comunidades romanas) la “buena noticia” está ligada al Emperador, sea la conmemoración de su nacimiento, o sus triunfos militares. En la famosa “Inscripción de Priene” se dice que Augusto:


«dio nuevo aspecto al mundo entero: éste se habría arruinado si en él, que ahora nace, no hubiese brillado una suerte común. Rectamente juzga quien en este natalicio reconoce el comienzo de la vida y de toda fuerza vital... La Providencia que gobierna toda vida colmó a este hombre de tales dotes para bien de los hombres, que nos lo envió como salvador a nosotros y a las generaciones venideras... En su aparición se han colmado las esperanzas de los antepasados; él no sólo ha sobrepujado a todos los pasados bienhechores de la humanidad, sino que hasta es imposible que surja uno mayor. El nacimiento del Dios ha introducido en el mundo la buena nueva que con él se relaciona. Con su nacimiento debe comenzar un nuevo cómputo del tiempo»

Pablo contraculturalmente afirma que la buena noticia no viene dada por el Emperador, sino por Dios y esto es la resurrección de su Hijo con lo que empiezan los nuevos tiempos (notar que Pablo no hace referencia al nacimiento de Jesús, sino a su resurrección). 

Este Evangelio, además, ya había sido anunciado por los profetas, y hace referencia a Jesús como hijo según lo prometido en las “escrituras sagradas”. 

Breve nota sobre el “hijo de Dios”. A partir de los concilios dogmáticos solemos entender la filiación de Cristo como “hijo eterno, engendrado no creado y de la misma naturaleza que el Padre”. Sin dudas que esto es lo que creemos los llamados cristianos. Pero sería anacrónico entender que esto está formulado en la Biblia (no habría habido discusiones cristológicas en los primeros siglos si así fuera). En el AT la idea de “Hijo de Dios” es polisémica (es decir, con varios sentidos). De Israel se afirma que es “hijo de Dios” (ver Ex 4,22; Os 11,1), el rey es adoptado por Dios como hijo (2 Sam 7,14; Sal 2,7), un texto claramente mitológico habla de “los hijos de Dios” que engendraron hijos con “las hijas de los hombres” (Gen 6,1-4) y con el tiempo, en textos tardíos [como Henoc, o en Qumrán] fue interpretado en el sentido de los “ángeles” (para aludir a su vez a los “ángeles caídos”; tema al que alude Jds 4 y 2 Pe 2,4 pero que cuestiona Heb 1,5 movido probablemente por su crítica al culto de los ángeles que era frecuente, cf. Col 2,18). Precisamente esta polisemia permite al NT afirmar que Jesús “es hijo”. En un primer momento influenciado por los textos mesiánicos: si el rey es hijo de Dios, por tanto Jesús lo es (1,3). Pero Pablo (o probablemente antes que él, aunque él lo profundice y aporte nuevos elementos) afirma que además, Dios “eleva” en la resurrección a Jesús a una nueva categoría de hijo (1,4). Es decir: Jesús “es” hijo por “la carne” (= hijo de David) y es “hecho hijo” por la resurrección. 

El centro de la predicación (= Evangelio) de Pablo está puesto en la resurrección de Jesús. El espíritu de Dios lleno de vida a Jesús elevándolo hasta Dios. Y “por él” recibimos –afirma Pablo- la “gracia” y el “apostolado”. La gracia es la fuerza divina, Dios que se abaja a la humanidad para elevarla. Eso ha hecho con Pablo para poder predicar el Evangelio (cf. 1 Cor 15,10). En este caso se refiere a la gracia del apostolado. De allí que a continuación explicará qué es lo que predica, cuál es su “apostolado”: “predicar… entre todos los gentiles”. Pablo no predica a judíos, sino a paganos, “entre los cuales se encuentran ustedes”, los de Roma. 

Breve nota sobre la “predicación a los paganos” de Pablo. La asamblea de Jerusalén había dejado claro que Pablo y Bernabé predicarían “a los paganos”, mientras “Santiago, Pedro y Juan” predicarían a los “circuncisos” (Gal 2,1-10). No es evidente si se refieren a “predicar a las personas paganas” o a “predicar en territorios paganos”. La ida posterior de Pedro a Antioquía, y casi seguramente a Roma, hacen posible la primera opción; pero la predicación de Pablo a personas judías hace posible la segunda (cf. 1 Cor 1,14 [cf. Hch 18,8]; 9,20). Es posible que se refieran a territorios mayoritariamente paganos y mayoritariamente judíos. Antioquía y Roma tenían una importante comunidad judía, lo que justifica la presencia de Pedro. Pablo, de todos modos, no pretende instalarse en Roma, sino solamente pasar por ella, cf. 15,24. Pero desconocemos –de todos modos- quién/es ha/n fundado la comunidad de Roma, y la proporción de gentiles y de judíos que tenían las comunidades romanas en estos tiempos ya que han pasado por diferentes momentos de conflicto.

A estos romanos, Pablo les reitera que son “santos por vocación” (lit.: “amados de Dios, llamados santos”), es decir invitados a incorporarse al pueblo santo (cf. 8,27; 11,16; 12,13; 16,2.15). Son santos y amados (cf. Col 3,12), y –ahora sí- Pablo les comunica la “gracia y la paz”.



+ Evangelio según san Mateo     1, 18-24

Resumen: Dios se dirige a José en sueños para expresarle que también él tiene un rol que jugar en el plan de salvación que comienza en el embarazo de María. Darle el nombre a Jesús implica poner a Jesús en el contexto de la historia, en la genealogía. Y así empieza a cumplirse todo lo anunciado por los profetas llevándolos a plenitud.


Para comprender el Evangelio de hoy es conveniente recurrir al contexto ya que –en cierta medida- se trata de la continuación de lo que le precede. Todo el cap. 1 conforma la unidad, ya que en 2,1 Jesús ha nacido y unos magos de Oriente vienen a visitarlo. Pero este cap. 1 tiene dos partes bien marcadas que aluden a lo mismo:

1,1: Libro de la generación (génesis) de Jesús, el Cristo
1,18: De Jesús, el Cristo, su generación (génesis) fue así:

Como en seguida diremos, la segunda parte (1,18-25) es la continuación o complementación de la primera (1,1-17). Podemos decir que toda la primera perícopa queda incompleta. Así como se encuentra, no dice nada. Teóricamente quiere mostrarnos que Jesús es “hijo de David, hijo de Abraham” (1b) pero la genealogía muestra precisamente que no lo es. Basta con ver el esquema para notar que el relato queda interrumpido e incompleto: toda la genealogía (= historia) sigue el mismo esquema: A engendró a B / B engendró a C / C engendró a D… pero al llegar a José no afirma;: “José engendró a Jesús” sino que “Jacob engendró a José, el esposo de María de la que nació Jesús, el llamado Cristo” (v.16). Podemos decir que toda la genealogía se ve frustrada ya que José no es el que ha engendrado a Jesús, y ese parece el sentido de toda la primera parte. Ahora empieza el segundo aspecto de esta “génesis”. 

Se afirma que José y María estaban casados (cosa que ya había dicho el v.16) y que María quedó encinta “por el espíritu santo”. Sin duda no es acá el espacio para el análisis histórico, sino para tratar de leer qué quiere decir Mateo en esta unidad. Sin duda quiere dejar claro, antes de empezar la narración, explicar que el embarazo de María no tiene origen humano. La reacción de José tiene dos lecturas posibles:

     1.      José sabe que él no ha sido el responsable del embarazo de su esposa y decide divorciarse de su mujer infiel; 
      2.        José sabe que el hijo tiene origen divino y no quiere ser obstáculo al plan de Dios en María, por lo que decide dar “un paso al costado”.

Hay una serie de términos que nos invitan a preferir la segunda variante:

José es “justo”, lo que implica que es “cumplidor de la voluntad de Dios”. Y no parece que sea cumplir la voluntad de Dios un simple “divorcio” ante una mujer supuestamente pecadora. No consta que hubiera apedreamiento en este tiempo, pero parece que algún tipo de manifestación pública ante el adulterio sería de esperar de un “justo”. En cambio, un justo sí puede pretender no ser obstáculo a lo que Dios está obrando en su mujer. Hay que recordar que “repudio” (v.19) no necesariamente ha de entenderse como “rechazo”, sino también es simplemente “separación” con lo cual ambos (especialmente la mujer) quedan liberados para hacer una vida independiente. 

El ángel le dice “no temas”, que no se trata de un temor en cuanto al posible engaño, sino el temor reverencial, lo que explica el deseo de José de retirarse. 

El término “porque” (gar) puede entenderse de los dos modos: “no temas, tu mujer no te ha sido infiel… no temas, porque no es otro hombre sino es el espíritu santo el que ha actuado en ella”, pero también “no temas a causa de la intervención del espíritu santo… no tengas temor reverencial porque (a causa de) la intervención sea del espíritu”. 

Leyendo el texto en este sentido, el ángel no le dice la verdad que José ignoraba sino que lo invita a seguir junto a María ya que también José tiene un rol: “tú le pondrás por nombre Jesús” (v.21). Habitualmente el nombre lo elegía la madre (Gen 29,31-30,24; 35,18; 1 Sam 1,20), a veces el padre (Gen 16,15; 17,19; Ex 2,22) y en tiempos del N.T. le era impuesto al hijo en la circuncisión, al octavo día (Lc 1,59; 2,21), y como sabemos en este caso (como en el de Juan), el nombre es elegido por Dios (v.21; cf. Lc 1,13.31).

Los sueños (onar) como revelación de Dios ocupan un lugar importante en Mateo (cf. 1,20; 2,12.13.19; 27,19 [sólo aquí en todo el NT]) y en cierto modo recuerdan la relación de otro José, también hijo de Jacob, con los sueños en Gen 40 y 41. 

Lo cierto, y aquí lo fundamental, es que este José, “hijo de David” (v.20) recibe el encargo de tomar a María y darle nombre al hijo por nacer. Desde ahora será “Jesús, hijo de José” (cf. Lc 3,23). Pero entonces, al “darle el nombre” (= dar el apellido), Jesús pasa a completar la genealogía que estaba trunca, ahora también él es “hijo de David”, y esta es su “génesis”.

Mateo relee ahora el texto de Isaías 7 que hemos comentado más arriba. Es muy frecuente en todo su Evangelio destacar el “cumplimiento” (plêroô) de lo dicho por los profetas (1,22; 2,15.17.23; 3,15; 4,14; 5,17; 8,17; 12,17; 13,35; 21,4; 26,54.56; 27,9; en Marcos, en cambio, sólo ocurre una vez, 14,49; y dos en Lucas: 4,21; 24,44). Mateo quiere mostrar a su comunidad que la Iglesia es el Israel fiel que da plenitud (plêroô) a las Escrituras porque en Jesús, sus palabras y obras, han alcanzado dicha plenitud. Por otra parte es interesante notar que las diferentes escenas de los relatos de la historia previas al ministerio de Jesús son jalonados por sendos cumplimientos de las Escrituras.

El relato termina con un versículo, omitido en la liturgia, que viene a reforzar lo que ya sabemos: durante el tiempo que vivieron esperando el nacimiento de Jesús, José y María no tuvieron relaciones sexuales (v.25). Con esto el autor quiere reforzar lo antedicho: este nacimiento ocurre sin intervención humana. No hace referencia concreta a la vida de ambos después de este momento que es lo único que le interesa señalar.


Foto tomada de www.elciudadano.cl 

lunes, 16 de diciembre de 2019

Un día una fiesta para todes


Un día una fiesta para todes


Eduardo de la Serna




Un pueblecito ignorado
del que nada bueno saldría
dejó a la historia una siembra
en el hijo de María

Es probable que Jesús haya nacido en Nazaret, un pueblo ignorado (en el Antiguo Testamento no se lo menciona nunca) si hasta hay un dicho: “¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Una vez más Dios en su pedagogía empieza por los últimos para llegar a todes.

Y nos cuentan sus amigos
que celebraron un día
un nacimiento cantado
siguiendo las profecías

Los relatos del nacimiento de Jesús en los Evangelios son narrados siguiendo los textos de los profetas para releer desde ellos la historia presente (por eso afirman el nacimiento en Belén, “como está dicho por el profeta”). Lo que importa es mostrar que Dios sigue actuando y hablando.

Que como a Moisés, un jefe,
a él también lo perseguían
y como a David, reinante
una estrella avanzaría

El relato de Herodes matando a los niños está tomado como relectura de la matanza de los niños por parte del faraón en Egipto del cual sobrevive Moisés. La estrella que avanza en el libro de los Números se refiere al gobierno de David (estrella de David) que se avecina. Jesús entonces es presentado como nuevo Moisés y nuevo David.

Y que la Buena Noticia
a todos se anunciaría
porque para todo su pueblo
era causa de alegría

El mensaje narrado por ángeles a pastores les dice que este nacimiento es una Buena Noticia que es alegría para todo el pueblo.

Un pañal resulta el signo
-que poca cosa sería-
de los ángeles a pastores
para reconocer la venida

El signo de los ángeles a los pastores para reconocer al niño es que tiene pañales, algo que todos los niños tienen. Nuevamente Dios se manifiesta no en cosas extraordinarias sino en lo cotidiano.

Y celebramos que nace
un Dios en su cercanía
que muestra el camino de todes
en el amor la semilla

No estaba previsto en el Antiguo Testamento que el mismo Dios viniera y se “encarnara”. El Dios de Jesús se manifiesta y caracteriza por su cercanía con la humanidad con la que se identifica.

Celebrar su nacimiento
no se trata de poesía
aunque poetas lo canten
y embellezcan la vida

La poesía, y el arte en general, con frecuencia ha reflejado el Nacimiento. Ha mostrado, con sus características, con su cultura y su lenguaje, la belleza del misterio y la fiesta de la Navidad.

Y músicos, y escultores
pintores y artesanías
cantan todos, y cantamos
que hoy un niño sonreía

Los artistas presentan en su “hoy” lo que quieren expresar. Por eso hay niños medievales, renacentistas, contemporáneos, negros o indígenas. El niño es todes les niñes.

Pero la historia, el imperio
nunca se conformaría
hay Herodes, hay Pilatos
siempre hay nuevas tiranías

El relato del nacimiento (como se dijo arriba) presenta a Herodes como al viejo faraón. Pero refleja asimismo a Pilatos. Y ambos a los imperios y a los violentos adversarios de la vida. El niño viene a traer vida, pero hay hacedores de la muerte. De este y de todes les niñes.

que no soportan la fiesta
que nunca compartirían
la vida, los bienes con todes
“para mí solo serían”

El nacimiento no es sólo un cuadro; es un proyecto de Dios para la humanidad toda. Pero siempre existen y existirán los que rechazan este proyecto de Dios. Los incapaces de compartir vida, bienes y fiesta con todes no pueden entender ni el pesebre ni el amor de Jesus. y lo llevan a la cruz para asesinarlo.

Y las sombras de la noche
sobre todes se cernían
porque la muerte y la tristeza
es lo único que sabían

El rechazo al proyecto de Jesús es proyecto de muerte. Sin duda Dios no quiere la muerte (tampoco la de su Hijo), Dios es Dios de vida mientras que el Imperio es artesano de muerte. Es el amor de Jesús, no su muerte, no su cruz lo que nos abre el sendero de la vida.

Pero la vida que nace
o también resucitaría
es un camino que Dios
para todes elegía

Lo que Dios quiere es la vida de todes. Por eso, ante el crimen de su Hijo, lo resucita. Así muestra que valida con su amor el camino y las palabras de Jesús, así muestra que el reino por él propuesto es lo que Dios sueña para todes.

Y ese camino de encuentro
un pueblo feliz que volvía
pueblo que se mira en el otro
y en él se reconocía

El proyecto de Dios se resume en el amor. Amor que siempre implica otro, otra, otres. No hay amor sin “otro”, no hay Navidad sin “otro”. La Navidad y el reino “es el otro”, porque es hermana, hermano, hermane; y por eso Dios es Padre y Madre.

Celebramos que hace tiempo
y celebramos que hoy en día
nos renace la esperanza
florece hermosa la vida.

En la vida hay momentos de dolor y momentos de esperanza. Sin duda estos momentos no son “Dios entre nosotros·” pero evidentemente Dios está mucho más cerca cuando hay vida, cuando hay alegría, cuando hay esperanza. Si hoy hay entre muches esperanza, si hay alegría, si hay paz, si hay sueños compartidos, si hay fiesta, esos mismos que les fueron robados en estos últimos cuatro años, sin duda en esta Navidad el niño estará más sonriente y brindando feliz con todes salvo los ladrones de esperanzas a los que siempre invitamos a la fiesta si se vuelven capaces de brindar con alegría que “la Navidad es el otro”.



Foto tomada del diario Clarín en www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/hogar-y-deco/selfies-latte-crearon-pesebre-hipster_0_ByGYsNvMx.html

martes, 10 de diciembre de 2019

Cuatro breves


Cuatro breves

Eduardo de la Serna


La parábola del PATO


Como se sabe, una parábola es un relato. Un relato que deja una enseñanza, por la positiva o la negativa, pero enseñanza al fin.

El pato es un ave conocida, de corral o silvestre. De joven es tierno, dulce, amado por todos, cosa que no siempre ocurre con el pato adulto. Del pato criollo hay un refrán popular, pero no es a ese al que me refiero. El silvestre, está entre nosotros en el sur, pero cuando empiezan a cambiar los climas, es migratoria y empieza su periplo hacia el norte. No vuela solo, no podría llegar si ese fuera el caso. La bandada, volando habitualmente con forma de “V”, ahorra energía a fin de llegar al destino esperado: el norte; y al llegar, la “V” se deshace. Y sabe hacer en el norte su nueva patria, se asienta, se ubica. Pero los climas vuelven a cambiar, el sur debería volver a ser la meta, pero este pato trazó su parábola, se tatuó el norte en cada pluma y hasta el norte la reconoce como propia. Y dirigente de pobres bandadas, o bandas. Y en los nuevos climas del sur nadie extraña al pato, si hasta los espantapájaros se quitaron las máscaras y hoy no asustan a nadie. Y la parábola del pato le marcó su norte, lo eligió y lo amo, mientras en el sur, hoy, empezó la fiesta.

La firmeza del NUNCA MÁS

La voz del “Nunca Más” resuena en los oídos de la patria desde el juicio a las juntas genocidas de la dictadura cívico-eclesiástico-militar. Otras veces se volvió a escuchar, pero hoy, al asumir la presidencia, Alberto la pronunció innumerable cantidad de veces. Especialmente al referirse a la falta de independencia del poder judicial. Pero quisiera, además, que se vayan poniendo los cimientos firmes para que NUNCA MÁS el neoliberalismo someta y torture a nuestra Patria. Debo decir que no voy a extrañar “ni un tantico así” a nadie de este gobierno que se ha ido. Pero espero que nunca más los DNU deroguen leyes, se pueda endeudar el país entero y eternamente sin consenso mayoritario (2/3) del congreso, que nunca más jueces puestos a dedo co-gobiernen con el poder económico desentendiéndose de los pobres, de los niños, los jubilados, los enfermos, los desocupados… Deseo que nunca más se pueda mentir impunemente desde los debates a las cadenas nacionales de la hegemonía, que nunca más olvidemos a jueces, políticos, periodistas (o quienes afirman serlo) al servicio de la mentira, del odio y de la explotación. Nunca más.

El peso de la MOCHILA

Hoy, como era de esperar, fui a la plaza. Desde temprano, hasta que el calor me desterró. Estuve varias horas. Saludé a mucha gente. Me saludó mucha gente. Pero me llamó la atención un saludo que se repitió varias veces. Creo que cuatro. “ – Gracias por las palabras de ustedes, los curas, que nos hicieron mantener la esperanza cuando la perdíamos, nos hicieron creer cuando estábamos desalentados y nos alentaron a la resistencia”. Y sentí una mochila, el peso y la responsabilidad de cada palabra. Me alegró enormemente, sin duda, pero me hizo sentir la carga de una presencia, una palabra, una actitud. Celebro que los curas opp lo hayamos sido para muchos, y espero ser capaces de seguir reforzando la fe, alentando la esperanza y dando aguante a la resistencia. De un oído en el evangelio y el otro en el pueblo se trata. Pero que es una carga, no tengo duda.

La suavidad de un pueblo

Caminé, miré, escuché, canté, y seguí mirando. Y lo que me llamó la atención (una vez más, porque es habitual) es la fiesta del pueblo reunido. Comparo con otras marchas, por ejemplo, la marcha del odio que hubo días atrás y me da mucha paz el contraste. Paz por estar de este lado, de esta marcha. Se ve – siempre – gente feliz. Nadie duda que las cosas no serán fáciles, que la herencia macrista sí es pesada, que sí se llevaron un PBI (lo llaman “deuda”) y que mañana empezará lo arduo. Pero la fiesta la da el rumbo, el camino elegido. Y en ese camino hay un pueblo, y en ese camino el pueblo se encuentra, se reconoce, y se sabe “otro”. Ese que es la Patria (“años que no lloraba al cantar el himno”, dijo una señora delante mío). Las lágrimas, las muchas lágrimas de emoción, de mucha gente ante cantos o palabras del nuevo presidente son lágrimas de esperanza. Y la esperanza parece el motor de lo nuevo que hoy empezamos.

Foto tomada de http://www.elbecerrodeoro.es/qrfdian-suministros-de-oficina-tres-columnas-titular-de-archivo-transl%C3%BAcido-soporte-de-libro-marco-de-informaci%C3%B3n-archivo-peque%C3%B1o-columna-marco-de-archivo-simple-caja-de-pluma-estudiante-b07hdg1ksk.html