jueves, 23 de abril de 2026

Noadías, una profetisa desconocida

Noadías, una profetisa desconocida

Eduardo de la Serna



Para comenzar, señalemos que el nombre Noadías parece ser propio tanto de una mujer, como es el caso de la profetisa que comentamos, como de un varón, como se ve en Esdras 8,33. A esta, calificada de “profetisa”, se hace mención, exclusivamente en Nehemías 6,14 que dice: _«Dios mío, acuérdate de lo que han hecho Tobías y Sanbalat; también de la profetisa N-oadías y de los otros profetas que intentaron asustarme»._


Antes de avanzar es interesante señalar algo muy frecuente en la Biblia: un profeta es alguien que afirma que habla en nombre de Dios (aparte están los profetas que hablan en nombre de otras divinidades extranjeras, pero no nos referimos a estos en esta ocasión), pero ¿cómo saber si lo que un profeta o una profetisa hablan es algo dicho en nombre de Dios o en nombre propio? No hay manera de saberlo en el momento (a veces sí con el paso del tiempo). Es el caso de lo que ocurre con Jeremías, que dice una cosa mientras que otro profeta, Ananías, afirma todo lo contrario (Jer 28,10-12). Con frecuencia, en los textos, es el contexto el que nos dirá cual de ellos habla realmente de parte de Dios y cuál no.


Cuando los persas dominan sobre los babilonios permiten que los judíos que estaban en el exilio puedan regresar a su tierra. Dentro de ese grupo encontramos a Nehemías, que es un dirigente político judío cercano a los persas. Con poder del imperio, él se propone reconstruir la ciudad de Jerusalén, con sus murallas y su templo; pero eso no es bien visto por muchos de los que habían quedado en la tierra. Señalemos que los Babilonios destruirán Jerusalén y el templo (año 587 antes de Cristo) y llevan cautivos a su propia tierra a los dirigentes de la élite política y sacerdotal (obviamente, no es un grupo numeroso, pero sí con “peso político”). Unos 50 años después, los persas derrotan a los babilonios y permiten el regreso de aquellos que así lo deseen, pero estos vienen con una serie de nuevos elementos que no son bien mirados por los que habían permanecido en la Tierra Santa; por ejemplo, estos se habían casado y formado familia con mujeres de los pueblos vecinos y los que regresan con Nehemías les mandan disolver los matrimonios y expulsar mujeres e hijos para conformar un matrimonio solo entre judíos. Obviamente esto no era bien mirado por los que se habían quedado y discuten con estos planteos. Es muy probable que Noadías – y algunos más – dijeran que eso no era voluntad de Dios.


Veremos, en este tiempo, que algunos profetas hacen suya la postura de Nehemías y la defienden:


_«Pero ustedes se apartaron del camino, hicieron tropezar a muchos con su doctrina, y pervirtieron la alianza con Leví –dice el Señor Todopoderoso–. Por eso yo los haré despreciables y viles ante todo el pueblo, por no haber seguido mis caminos y por no tratar a todos por igual cuando enseñan a la gente. ¿No tenemos todos un solo padre?, ¿no nos creó un mismo Dios?, ¿por qué uno traiciona a su hermano profanando la alianza de nuestros antepasados? Judá traiciona, en Jerusalén se cometen acciones horribles; Judá ha profanado el santuario que el Señor ama y se ha casado con la hija de un dios extranjero»_ (Malaquías 2,8-11).


Sabemos que Nehemías quiere reconstruir a Israel (aunque según el modo persa) y encuentra oposición en algunos dirigentes y en profetas y profetisas. Tobías y Sanbalat, que son mencionados en el texto, se oponen a la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Neh 2,10.19; 4,1.7; 6,1.2.5.12.14; 13,28), en cambio de Noadías sólo se afirma que es una profetisa, por tanto, alguien que se opondrá a Nehemías, pero no políticamente sino “religiosamente”, “en nombre de Dios”. Hay algo que Nehemías hace, o que pretende hacer, a lo que ella se opone, a lo que Dios se opone, según ella. Ciertamente, para los que regresaban, la recepción no era fácil ya que los residentes se sentían invadidos (¡hacía más de una generación que estaban en esa tierra, habían nacido allí!). Unos y otros hablaban “en nombre de Dios”.


Ahora bien, esta parte de la historia la escriben – como tantas otras – los vencedores, lo que no quita, por lo menos, razonabilidad a quienes pretenden tener otra mirada positiva con los extranjeros (ver lo vemos en los casos de los libros de Rut o de Jonás, por ejemplo) totalmente diferente a la que presenta Nehemías en base a la teología que se fue gestando en el exilio en Babilonia, y que no había sido ni pensada ni aceptada por los campesinos que habían quedado en la tierra. Nehemías, entonces, cuestiona a Noadías, que a su vez lo cuestiona a él. En este texto, ella no es bien mirada, en otros textos se defiende su perspectiva. Por su parte, Jesús y su grupo dirán que ya no hay judío o no judío, no hay esclavo o libre, no hay varón y mujer… todo lo que discrimina o desvaloriza a las personas es visto desde Jesús con otros ojos (ver Gálatas 3,28), de reconocer a todos y todas como verdaderos hermanos y hermanas se trata.


Imagen tomada de https://www.bibliatodo.com/personajes-biblicos/noadias

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