El escándalo de Dios
Eduardo de la Serna
Pocas cosas, si algo, más
escandalosas que la cruz. No la cruz en sí misma, que desde los persas se había
vuelto algo frecuente, sino la cruz de Jesús. Y no, tampoco, por ser la de un
inocente; ¡bastante frecuente es que los poderosos quieran “sacarse de encima” a
alguien que molesta sin que eso implique necesariamente crimen alguno. Lo
escandaloso radica en nuestra relación con el crucificado.
La cruz, el crucificado, era – en
el Israel bíblico – una expresión patente de alguien a quien Dios había
maldecido: “¡Maldito el colgado de un madero!” cita Pablo (parcialmente) a Deuteronomio
21,23. Allí se refería a un condenado a muerte (apedreado) de quien, para
reforzar la humillación, su cadáver es expuesto en un árbol, pero eso no debe
extenderse más allá del día. Sin embargo, en los tiempos romanos, en los cuales
la cruz ya era una pena conocida, en textos de Qumrán, se hace referencia a la
muerte “en un árbol” (4QpNah frag. 3-4, I:7-8; 11QTemp 64.7-13). Pablo es coherente
con estos tiempos y así interpreta la muerte de Jesús (Gal 3,13).
Ciertamente, cuando él experimenta
que Dios, en un llamado profético, quiso “revelar en mí a su Hijo” (Gal 1,16), es
obvio que Pablo debió “rearmar toda su estructura”: el que era tenido por “maldecido”
era – ahora – “revelado” como fuente de “bendición”. Pero nada de esto debía
opacar el escándalo; y Pablo lo reitera en más de una ocasión: “¡y muerte de cruz!”
acentúa (Fil 2,8), cruz que es “escándalo” y “necedad” (1 Cor 1,23). Es
interesante – como expresión, precisamente de ese escándalo – que, si excluimos
los Evangelios, el término “cruz” desaparece o es limitado en los escritos
tardíos del Nuevo Testamento: solo 2
veces – en textos kerigmáticos – en Hechos, 2 veces en Colosenses y 1 en
Efesios, sólo 1 vez en Apocalipsis, 2 en Hebreos y definitivamente ausente en
las cartas “Pastorales” y las “Católicas”. Evidentemente, era algo – si se
pudiera – conveniente de disimular en el mundo romano. Siguió siendo un
escándalo.
Pero, es sabido que cuando Constantino abrió el imperio Romano al cristianismo
(y la leyenda presentó a su madre en búsqueda de los signos de la pascua en una
hiperinflación de reliquias) el viejo y temible lema greco-romano: “En este
signo ¡vences!” (in hoc signo vinces) se trasladó a la cruz, y esta, de
ser signo de tortura, de muerte, de violencia, de derrota y martirio, pasó a
ser visto como un signo de triunfo. ¡La cruz fue domesticada!
Pero Jesús fue crucificado, y allí el escándalo. El Dios “omnipotente”, se
revelaba víctima de los poderosos, el Dios de los cielos y Señor de los
ejércitos se hacía patente en lo más bajo de la vergüenza humana, ¡la cruz! Uno
burlado, insultado, maltratado, avergonzado, humillado ¡no puede ser el rostro
supremo del Dios perfecto e inmortal!
Una vez más, el tema está en dónde entendemos que una persona es “grande”, “viva”,
qué entendemos por poder; ¡qué entendemos por triunfo o derrota! Porque el
poder de la violencia y la muerte tiene “mucha prensa”, es muy visible,
estruendoso, provoca miedo y terror, paraliza, es “tremendo y fascinante”. Pero
el poder de la vida es silencioso, casi invisible; como las raíces que crecen;
el poder del amor se revela frágil, impotente ante el odio, y, como el fuego, “calienta
por abajo”. El poder del amor es como las raíces o los cimientos, que no se ven
hasta que llega la tormenta.
Viernes santo es día de derrota. Derrota definitiva de un profeta de
Nazaret, su proyecto y su grupo. Roma exhibe patente, una vez más, su poder y
su triunfo. Pero Dios no se guía con el esquema del márquetin, del rating y el
espectáculo. A mujeres y a pobres Dios les habla de vida, de una vida nueva,
resucitada. Una vida que no opaca el escándalo porque no es “la otra cara de
una tortilla”; una vida que no teme el escándalo porque entiende que Dios habla
otro lenguaje, propone otra vida, porque el amor es, sencillamente, otro mundo,
otra vida… otro Dios.
Imagen del libro ensangentado tomada de https://www.facebook.com/100067122858241/posts/rev-david-limopajareste-libro-el-dios-crucificado-del-te%C3%B3logo-reformado-alem%C3%A1n-j/932467652333988/
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