Señor de los ejércitos
Eduardo de la Serna
Soy testigo de que, en muchas
comunidades, entre otras a la que pertenezco, se ha preferido – cuando es posible
– reemplazar el adjetivo “Todopoderoso” aplicado a Dios, utilizando, por
ejemplo, “misericordioso”. Ciertamente, afirmar hoy, de Dios que es “todo
poderoso” requiere una importante aclaración acerca de qué se entiende por “poder”.
Por ejemplo, la niña Teresa de Lisieux, cuando define a sus cuatro años qué
significa, dice: “pues, que hace todo lo que quiere!” (MsA 10rº).
Recientemente, cuando se ha
propuesto que nuestro lenguaje en la Iglesia es más griego que semita, más
seguidores en esto de Platón que de Jesús, uno de los ejemplos que se han
señalado es, especialmente que luego de Constantino y de Carlomagno, el sentido
del poder (particularmente dentro de la historia) tiene una notable diferencia y
contraste con el anonadamiento de Jesús y la cruz (González Faus 240-245).
Una pregunta pertinente hoy sería
saber qué tan poderoso es Dios; qué decimos al decir que lo es…
Un término hebreo que se encuentra
frecuentemente en la Biblia, exclusivamente aplicado a Dios, y que con
frecuencia no es traducido – incluso en la Biblia griega – es tzebaôt.
Es un plural femenino de tzeba, que refiere a las armas, por eso en
ocasiones se traduce “de los ejércitos”.
De las 285 veces que lo encontramos, 251x
están en los profetas escritores, 16x en los profetas anteriores, y 15x en los Salmos.
En la traducción griega de LXX el término se mantiene literalmente con el hebreo sabaôth
64 veces especialmente en Isaías (53 veces) mientras que 120 veces es traducido
por pantokrátôr (todopoderoso; es posible que en esto influya que
algunos traductores prefirieron mantenerlo mientras otros optaran por
traducirlo).
En el Nuevo Testamento, encontramos
2 veces sabaôth (Rom 9,29 y Sgo 5,4 [las biblias castellanas han optado
por traducir estos versículos, incluso aquellas que mantienen “sebaot”
en el Antiguo Testamento]) mientras que pantocrátôr se encuentra 9 veces
en el Apocalipsis y 1 vez en 2 Cor 6,18 (un texto ciertamente de influencia
apocalíptica) por toda aparición en el NT.
No hay consenso entre los
estudiosos acerca del origen y sentido del término sebaot, “de los
ejércitos”, aplicado a YHWH, aunque algunas viejas propuestas fueron siendo
descartadas, “no aparece – por ejemplo – en conexión con las guerras de YHWH” (TDOT XII:220). Asimismo, es interesante
que el término tiene su origen aparentemente en el Sur ya que no es casi
utilizado en el Norte, y – además – está casi ausente en el período del exilio
(falta totalmente en Ezequiel, por ejemplo). Es posible remontarnos
históricamente a su probable origen en el santuario cananeo de Siló (1 Sam 1,3.11; 4,4), referencia con su
mención de los querubines. Más tarde parece centrado en el santuario de Jerusalén
quizás con referencia al arca de la alianza. En ese mismo sentido se puede
notar que, en Qumrán, se encuentra, en una bendición sacerdotal con mención de los
ángeles.
Tú serás como
un ángel del rostro en la morada santa para la gloria del Dios de los Ejércitos
[...] Tú estarás alrededor sirviendo en el templo del reino, compartiendo el
lote con los ángeles de la faz y el consejo de la comunidad [...] (1QSb
IV:24-26)
Si nos detenemos en las dos
referencias que se encuentran en el NT con la transcripción hebrea sebaôth,
el texto de Santiago tiene toda la intención de remitir a textos del AT en los cuales
el clamor – el grito del dolor; en este caso el de los obreros por su salario
impago– presenta a Dios como garante de la defensa de las víctimas y así
mostrar, con el uso de sebaôth, a Dios como juez y defensor con lo que pretende
remarcar “la soberanía trascendente y absoluta de Dios que interviene en la historia
como juez inapelable” (Fabris 311). El texto de Romanos es, ciertamente, un midrash
de Isaías a quien cita explícitamente (1,9) para reforzar esta referencia (Jewett
604).
La literatura apocalíptica, por
su parte, se presenta como clara resistencia anti-imperial. Dios es revelado
aquí como “todopoderoso” en contraste con el emperador de turno que pretende
ser adorado como Dios. “Muriendo a imitación de su maestro ellos (los
cristianos) manifiestan la realidad de la victoria de Cristo encarnándolo y
verificándolo: solo a Dios dan la gloria reconociéndolo como todopoderoso” (Prigent
375).
Es cierto que la categoría “poder”
se aplica con frecuencia a Dios mismo (incluso como nombre divino), tanto en la
Biblia como fuera de ella (Qumrán, Filón de Alejandría, Henoc, o los rabinos), especialmente
como un modio de Dios mismo de revelarse, de manifestarse a su pueblo, su
gloria, no como un poder que se ejerce, por ejemplo, sobre otros pueblos o
personas.
Pero, curiosamente, si nos
detenemos en el Dios que Jesús revela, el término poder (dynamis) se
entiende siempre como poder benéfico (por eso el término se usa también para referir
a los milagros, signos del poder del Reino). Ciertamente, si hay algún conflicto
en el “poder” que Jesús manifiesta, este es contra los demonios, que ejercen su
propio poder de un modo maléfico sobre las personas. Es evidente que el Dios
que Jesús revela es padre, e incluso un padre que no ejerce su “poder” castigando
a sus hijos (como era de esperar en padres de su tiempo) sino un padre que
corre a abrazar compadecido del hijo que vuelve. El Dios amor, el Jesús que se
revela en relaciones de igualdad (= amigos) no se parece en nada al “Dios
poderoso” que castiga, condena y sentencia definitivamente a la Gehena del fuego.
¡Cuántas cosas se han hecho,
hacen y harán en el nombre de Dios!
Y a modo de simple y escandaloso
(y ¿herético? ¿idolátrico?) uso del nombre de Dios basta ver el uso de las
derechas dizque cristianas (y podría aplicarse a las derechas islámicas y
judías también). Las guerras en nombre de Dios (escuchar, ¡soportar!, al
presidente… al de EEUU, al de Argentina, al de algunos partidos en Brasil,
España, etc.) dan ganas de gritar, ¡ese no es Dios!, ¡Dios no es así!, ¡Dios no
quiere eso!, ¡Dios no hace eso!, ¡Dios no está allí! El Dios en el que creemos
ciertamente está muy lejos, ¡en las antípodas!, de estos ejércitos. El Dios que
es papá y mamá es el Dios del abrazo, del encuentro, del perdón, de la
misericordia, de la vida. Dios es todopoderoso en el perdón, todopoderoso en la
vida, todopoderoso en el amor, todopoderoso en la esperanza… en ese
todopoderoso sí creo. Y, para los que se creen reyes o dioses de hoy (y de ayer…
y de mañana) simplemente “Padre, ¡perdónalos, porque no saben lo que hacen!”, “¡no
se puede servir a Dios y al dinero!”, “¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya
tuvieron su consuelo!”, “El jornal de los obreros, que no pagaron a los que
trabajaron en los campos de ustedes, alza el grito; el clamor de los
cosechadores ha llegado a los oídos del Señor Sebaot”, “Canten al Señor, alaben
al Señor, que libró al pobre de la mano de los malvados”. En ese Dios creemos,
ese poder buscamos.. ese camino caminamos.
Complemento
Fabris R., Lettera di Giacomo
(SOC 17), Bologna: EDB 2004
González Faus J. I., “Deshelenizar
el cristianismo”, RLT 51 (2000) 233-264
Jewet R., Romans (Hermeneia)
Minneapolis: Fortress Press 2007
Prigent P., L’Apocalypse de saint
Jean (CNT 2ème XIV), Genève: Labor et Fides 1988
Zobel, tzebaot, en Theological
Dictionary of the Old Testament XII, 215-232.
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