miércoles, 1 de abril de 2026

Señor de los ejércitos

Señor de los ejércitos

Eduardo de la Serna



Soy testigo de que, en muchas comunidades, entre otras a la que pertenezco, se ha preferido – cuando es posible – reemplazar el adjetivo “Todopoderoso” aplicado a Dios, utilizando, por ejemplo, “misericordioso”. Ciertamente, afirmar hoy, de Dios que es “todo poderoso” requiere una importante aclaración acerca de qué se entiende por “poder”. Por ejemplo, la niña Teresa de Lisieux, cuando define a sus cuatro años qué significa, dice: “pues, que hace todo lo que quiere!” (MsA 10rº).

Recientemente, cuando se ha propuesto que nuestro lenguaje en la Iglesia es más griego que semita, más seguidores en esto de Platón que de Jesús, uno de los ejemplos que se han señalado es, especialmente que luego de Constantino y de Carlomagno, el sentido del poder (particularmente dentro de la historia) tiene una notable diferencia y contraste con el anonadamiento de Jesús y la cruz (González Faus 240-245).

Una pregunta pertinente hoy sería saber qué tan poderoso es Dios; qué decimos al decir que lo es…

Un término hebreo que se encuentra frecuentemente en la Biblia, exclusivamente aplicado a Dios, y que con frecuencia no es traducido – incluso en la Biblia griega – es tzebaôt. Es un plural femenino de tzeba, que refiere a las armas, por eso en ocasiones se traduce “de los ejércitos”.

De las 285 veces que lo encontramos, 251x están en los profetas escritores, 16x en los profetas anteriores, y 15x en los Salmos. En la traducción griega de LXX el término se mantiene literalmente con el hebreo sabaôth 64 veces especialmente en Isaías (53 veces) mientras que 120 veces es traducido por pantokrátôr (todopoderoso; es posible que en esto influya que algunos traductores prefirieron mantenerlo mientras otros optaran por traducirlo).

En el Nuevo Testamento, encontramos 2 veces sabaôth (Rom 9,29 y Sgo 5,4 [las biblias castellanas han optado por traducir estos versículos, incluso aquellas que mantienen “sebaot” en el Antiguo Testamento]) mientras que pantocrátôr se encuentra 9 veces en el Apocalipsis y 1 vez en 2 Cor 6,18 (un texto ciertamente de influencia apocalíptica) por toda aparición en el NT.

No hay consenso entre los estudiosos acerca del origen y sentido del término sebaot, “de los ejércitos”, aplicado a YHWH, aunque algunas viejas propuestas fueron siendo descartadas, “no aparece – por ejemplo en conexión con las guerras de YHWH” (TDOT XII:220). Asimismo, es interesante que el término tiene su origen aparentemente en el Sur ya que no es casi utilizado en el Norte, y – además – está casi ausente en el período del exilio (falta totalmente en Ezequiel, por ejemplo). Es posible remontarnos históricamente a su probable origen en el santuario cananeo de Siló (1 Sam 1,3.11; 4,4), referencia con su mención de los querubines. Más tarde parece centrado en el santuario de Jerusalén quizás con referencia al arca de la alianza. En ese mismo sentido se puede notar que, en Qumrán, se encuentra, en una bendición sacerdotal con mención de los ángeles.

Tú serás como un ángel del rostro en la morada santa para la gloria del Dios de los Ejércitos [...] Tú estarás alrededor sirviendo en el templo del reino, compartiendo el lote con los ángeles de la faz y el consejo de la comunidad [...] (1QSb IV:24-26)

Si nos detenemos en las dos referencias que se encuentran en el NT con la transcripción hebrea sebaôth, el texto de Santiago tiene toda la intención de remitir a textos del AT en los cuales el clamor – el grito del dolor; en este caso el de los obreros por su salario impago– presenta a Dios como garante de la defensa de las víctimas y así mostrar, con el uso de sebaôth, a Dios como juez y defensor con lo que pretende remarcar “la soberanía trascendente y absoluta de Dios que interviene en la historia como juez inapelable” (Fabris 311). El texto de Romanos es, ciertamente, un midrash de Isaías a quien cita explícitamente (1,9) para reforzar esta referencia (Jewett 604).

La literatura apocalíptica, por su parte, se presenta como clara resistencia anti-imperial. Dios es revelado aquí como “todopoderoso” en contraste con el emperador de turno que pretende ser adorado como Dios. “Muriendo a imitación de su maestro ellos (los cristianos) manifiestan la realidad de la victoria de Cristo encarnándolo y verificándolo: solo a Dios dan la gloria reconociéndolo como todopoderoso” (Prigent 375).

Es cierto que la categoría “poder” se aplica con frecuencia a Dios mismo (incluso como nombre divino), tanto en la Biblia como fuera de ella (Qumrán, Filón de Alejandría, Henoc, o los rabinos), especialmente como un modio de Dios mismo de revelarse, de manifestarse a su pueblo, su gloria, no como un poder que se ejerce, por ejemplo, sobre otros pueblos o personas.

Pero, curiosamente, si nos detenemos en el Dios que Jesús revela, el término poder (dynamis) se entiende siempre como poder benéfico (por eso el término se usa también para referir a los milagros, signos del poder del Reino). Ciertamente, si hay algún conflicto en el “poder” que Jesús manifiesta, este es contra los demonios, que ejercen su propio poder de un modo maléfico sobre las personas. Es evidente que el Dios que Jesús revela es padre, e incluso un padre que no ejerce su “poder” castigando a sus hijos (como era de esperar en padres de su tiempo) sino un padre que corre a abrazar compadecido del hijo que vuelve. El Dios amor, el Jesús que se revela en relaciones de igualdad (= amigos) no se parece en nada al “Dios poderoso” que castiga, condena y sentencia definitivamente a la Gehena del fuego.

¡Cuántas cosas se han hecho, hacen y harán en el nombre de Dios!

Y a modo de simple y escandaloso (y ¿herético? ¿idolátrico?) uso del nombre de Dios basta ver el uso de las derechas dizque cristianas (y podría aplicarse a las derechas islámicas y judías también). Las guerras en nombre de Dios (escuchar, ¡soportar!, al presidente… al de EEUU, al de Argentina, al de algunos partidos en Brasil, España, etc.) dan ganas de gritar, ¡ese no es Dios!, ¡Dios no es así!, ¡Dios no quiere eso!, ¡Dios no hace eso!, ¡Dios no está allí! El Dios en el que creemos ciertamente está muy lejos, ¡en las antípodas!, de estos ejércitos. El Dios que es papá y mamá es el Dios del abrazo, del encuentro, del perdón, de la misericordia, de la vida. Dios es todopoderoso en el perdón, todopoderoso en la vida, todopoderoso en el amor, todopoderoso en la esperanza… en ese todopoderoso sí creo. Y, para los que se creen reyes o dioses de hoy (y de ayer… y de mañana) simplemente “Padre, ¡perdónalos, porque no saben lo que hacen!”, “¡no se puede servir a Dios y al dinero!”, “¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya tuvieron su consuelo!”, “El jornal de los obreros, que no pagaron a los que trabajaron en los campos de ustedes, alza el grito; el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor Sebaot”, “Canten al Señor, alaben al Señor, que libró al pobre de la mano de los malvados”. En ese Dios creemos, ese poder buscamos.. ese camino caminamos.

 

Complemento

Fabris R., Lettera di Giacomo (SOC 17), Bologna: EDB 2004

González Faus J. I., “Deshelenizar el cristianismo”, RLT 51 (2000) 233-264

Jewet R., Romans (Hermeneia) Minneapolis: Fortress Press 2007

Prigent P., L’Apocalypse de saint Jean (CNT 2ème XIV), Genève: Labor et Fides 1988

Zobel, tzebaot, en Theological Dictionary of the Old Testament XII, 215-232.

 

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