Hace ya tiempo, escribimos sobre “Herodes, hijo de
Herodes”. Es bueno, ahora hablar sobre “Herodes, el padre de Herodes”.
Decíamos que era frecuente que al comenzar una
“dinastía”, todos sus descendientes llevaran el “nombre del padre”, como es el
caso de los “césares”, que gobiernan como “hijos de (Julio) César”. Veamos
algunos datos de la historia antes de ver qué nos dicen los textos bíblicos
sobre Herodes.
Sabemos que todo el mundo y el ambiente bíblico de
tiempos de Jesús estaba gobernado por el Imperio romano al cual todos debían de
una u otra manera rendir pleitesía. Pero Roma no solía ocuparse del gobierno de
los territorios conquistados, sino que ponía, con mucha frecuencia, a alguien
del lugar que le resultara confiable y rindiera cuentas. Sólo en provincias
importantes tenía un gobierno del que ella misma se hacía responsable; o en
lugares donde no encontrara alguien creíble o donde el ambiente fuera tumultuoso.
Veamos, sencillamente dos ejemplos que encontramos en la Biblia de estos
gobernantes: por ejemplo, en la importante ciudad de Corinto, capital de Acaya,
hay un procónsul, cargo que duraba un año (ver
Hch 18,12) y en la región de Judea, Roma depone al inepto hijo de Herodes,
Arquelao, y entonces envía un gobernante, al que se suele llamar
“procurador”, o gobernador, como será el caso de Pilato (Mt 27,2) o Félix (Hch
23,24). Ahora bien, en algunos casos, no habituales, cuando la confianza de
Roma en un sujeto era grande, podía nombrarlo “rey”, es el caso de Herodes.
Pero, y esto debe tenerse en cuenta, era un nombramiento que Roma daba, y, por
tanto, podía quitárselo, si le convenía, y, además, no era hereditario; los
hijos de Herodes, Arquelao y Antipas, buscaron ser nombrados reyes, y – aunque
a veces los textos los llaman “rey” – propiamente nunca lo fueron, aunque lo
pretendieran insistentemente.
Cuando en Roma gobernaba un
Triunvirato, después de la muerte de Julio César, a Herodes se le concede
(¿sobornos mediante?) el título de rey. Llega, originalmente al poder por su
matrimonio con Mariamme (de la dinastía asmonea), y será nombrado, primero
tetrarca (que gobierna cuatro ciudades) y, finalmente, cerca del año 40 antes
de Cristo, es nombrado rey. Aunque fue educado como judío, en realidad era
árabe, y no gozaba de la simpatía del pueblo. Después de unos primeros años
complicados, se impuso de una manera férrea en el gobierno; fue particularmente
sanguinario, y cuando veía dificultades no tenía ningún prurito en asesinar,
cosa que hizo con varios miembros de su propia familia cuando veía peligrar o
puesto en duda su poderío. Una característica notable de su gobierno fueron las
importantísimas construcciones que llevó a cabo, desde edificación de ciudades
al Templo de Jerusalén. Este era pequeño (se había hecho un “segundo templo” a
la vuelta del exilio en Babilonia) y él decidió darle gran esplendor (se puede
recordar que, en el evangelio de Juan, le dicen a Jesús que el templo se
edificó en 46 años (Jn 2,20; en realidad, todavía no estaba terminado en este
tiempo y lo continuaron sus descendientes). Ciertamente, por ser un rey
dependiente de Roma, debería congraciarse con sus jefes, de allí los nombres de
ciudades como Tiberias, Cesarea (Hch 8,40), etc.
Como sus sucesores llevan
también el título de “Herodes”, para reconocerlo debemos mirar la cronología.
El rey Herodes, apodado “el Grande”, muere pocos años después del nacimiento de
Jesús, por lo que no es a él a quien se hace referencia en los Evangelios, sino
a su hijo. Sólo sabemos que el Bautista nace en “los días de Herodes, rey de
Judea” (Lc 1,5) y que, unos magos, que ven los signos en el cielo del
nacimiento de un “rey”, van a la corte de Herodes (Mt 2,1). Esto sirve para
ubicarnos en el tiempo, pero, Mateo añade un elemento más.
Así como en el nacimiento de
Moisés, el rey de Egipto, temiendo que peligrase su autoridad, manda matar a
todos los varones (Ex 1,22), pero uno se salva (y salvará a su pueblo, Ex 2,3),
ahora, del mismo modo, Herodes manda matar a todos los niños varones (Mt 2,16),
pero uno se salva (¡en Egipto!; Mt 2,13) y será el salvador, Jesús. Mateo, aprovechando
la fama de sanguinario de Herodes, a la que hicimos referencia, nos recrea la
escena de Moisés para que cualquier lector de la Biblia sepa que, así como fue
entonces, también ahora, una suerte de “nuevo Moisés” es enviado por Dios, y es
salvado de las garras de un “nuevo faraón”. En la historia de oprimidos y
opresores, de autoritarios y víctimas, la Biblia siempre deja claro de parte de
quiénes está Dios.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Herodes_I_el_Grande
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.