jueves, 30 de abril de 2026

Herodes, el Grande

Herodes, el Grande

 Eduardo de la Serna



Hace ya tiempo, escribimos sobre “Herodes, hijo de Herodes”. Es bueno, ahora hablar sobre “Herodes, el padre de Herodes”.

Decíamos que era frecuente que al comenzar una “dinastía”, todos sus descendientes llevaran el “nombre del padre”, como es el caso de los “césares”, que gobiernan como “hijos de (Julio) César”. Veamos algunos datos de la historia antes de ver qué nos dicen los textos bíblicos sobre Herodes.

Sabemos que todo el mundo y el ambiente bíblico de tiempos de Jesús estaba gobernado por el Imperio romano al cual todos debían de una u otra manera rendir pleitesía. Pero Roma no solía ocuparse del gobierno de los territorios conquistados, sino que ponía, con mucha frecuencia, a alguien del lugar que le resultara confiable y rindiera cuentas. Sólo en provincias importantes tenía un gobierno del que ella misma se hacía responsable; o en lugares donde no encontrara alguien creíble o donde el ambiente fuera tumultuoso. Veamos, sencillamente dos ejemplos que encontramos en la Biblia de estos gobernantes: por ejemplo, en la importante ciudad de Corinto, capital de Acaya, hay un procónsul, cargo que duraba un año (ver Hch 18,12) y en la región de Judea, Roma depone al inepto hijo de Herodes, Arquelao, y entonces envía un gobernante, al que se suele llamar “procurador”, o gobernador, como será el caso de Pilato (Mt 27,2) o Félix (Hch 23,24). Ahora bien, en algunos casos, no habituales, cuando la confianza de Roma en un sujeto era grande, podía nombrarlo “rey”, es el caso de Herodes. Pero, y esto debe tenerse en cuenta, era un nombramiento que Roma daba, y, por tanto, podía quitárselo, si le convenía, y, además, no era hereditario; los hijos de Herodes, Arquelao y Antipas, buscaron ser nombrados reyes, y – aunque a veces los textos los llaman “rey” –  propiamente nunca lo fueron, aunque lo pretendieran insistentemente.

Cuando en Roma gobernaba un Triunvirato, después de la muerte de Julio César, a Herodes se le concede (¿sobornos mediante?) el título de rey. Llega, originalmente al poder por su matrimonio con Mariamme (de la dinastía asmonea), y será nombrado, primero tetrarca (que gobierna cuatro ciudades) y, finalmente, cerca del año 40 antes de Cristo, es nombrado rey. Aunque fue educado como judío, en realidad era árabe, y no gozaba de la simpatía del pueblo. Después de unos primeros años complicados, se impuso de una manera férrea en el gobierno; fue particularmente sanguinario, y cuando veía dificultades no tenía ningún prurito en asesinar, cosa que hizo con varios miembros de su propia familia cuando veía peligrar o puesto en duda su poderío. Una característica notable de su gobierno fueron las importantísimas construcciones que llevó a cabo, desde edificación de ciudades al Templo de Jerusalén. Este era pequeño (se había hecho un “segundo templo” a la vuelta del exilio en Babilonia) y él decidió darle gran esplendor (se puede recordar que, en el evangelio de Juan, le dicen a Jesús que el templo se edificó en 46 años (Jn 2,20; en realidad, todavía no estaba terminado en este tiempo y lo continuaron sus descendientes). Ciertamente, por ser un rey dependiente de Roma, debería congraciarse con sus jefes, de allí los nombres de ciudades como Tiberias, Cesarea (Hch 8,40), etc.

Como sus sucesores llevan también el título de “Herodes”, para reconocerlo debemos mirar la cronología. El rey Herodes, apodado “el Grande”, muere pocos años después del nacimiento de Jesús, por lo que no es a él a quien se hace referencia en los Evangelios, sino a su hijo. Sólo sabemos que el Bautista nace en “los días de Herodes, rey de Judea” (Lc 1,5) y que, unos magos, que ven los signos en el cielo del nacimiento de un “rey”, van a la corte de Herodes (Mt 2,1). Esto sirve para ubicarnos en el tiempo, pero, Mateo añade un elemento más.

Así como en el nacimiento de Moisés, el rey de Egipto, temiendo que peligrase su autoridad, manda matar a todos los varones (Ex 1,22), pero uno se salva (y salvará a su pueblo, Ex 2,3), ahora, del mismo modo, Herodes manda matar a todos los niños varones (Mt 2,16), pero uno se salva (¡en Egipto!; Mt 2,13) y será el salvador, Jesús. Mateo, aprovechando la fama de sanguinario de Herodes, a la que hicimos referencia, nos recrea la escena de Moisés para que cualquier lector de la Biblia sepa que, así como fue entonces, también ahora, una suerte de “nuevo Moisés” es enviado por Dios, y es salvado de las garras de un “nuevo faraón”. En la historia de oprimidos y opresores, de autoritarios y víctimas, la Biblia siempre deja claro de parte de quiénes está Dios.


Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Herodes_I_el_Grande

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