Isaías, un profeta con mayúscula
Si miramos en nuestras biblias
los libros de los profetas, veremos que el primero en la lista es Isaías, que, por
otro lado, es el más largo de todos (tiene 66 capítulos); pero, además, se
habla de él en algunos libros considerados históricos (2 Reyes 19-20 y 2
Crónicas 26,22; 32,20.32), se lo menciona en el Eclesiástico (48,20-22), y es
el profeta más citado en el Nuevo Testamento, sea en los cuatro Evangelios y
Hechos de los apóstoles, como también en la carta de san Pablo a los Romanos.
Señalemos, para ser precisos,
que fue tan importante que, detrás de él quedó una escuela… grupos de personas
que se remitían a él y, a veces, escribían en su nombre como una manera de
decir “si hoy viviera Isaías nos diría esto”. Por eso, cuando hablamos del
profeta y su predicación tenemos que distinguir lo propio de lo que dicen sus
discípulos; sobre todo, porque los tiempos son distintos y, por lo tanto, serán
distintas las propuestas, las críticas o las predicaciones que se hagan “en
nombre de Isaías”. Además, evidentemente, hay que tener en cuenta que los
profetas predicaban y otros, contemporáneamente en ocasiones, o, habitualmente
más tarde, ponían lo dicho por escrito.
Si miramos lo que nos dice el
relato inaugural, veremos que predicó “en tiempos de Ozías, de Jotán, de
Acaz y de Ezequías, reyes de Judá” (Is 1,1; es bueno notar que muchas veces
en el versículo inaugural de los libros de los diferentes profetas se nos dice
en qué período histórico predicó cada uno). En este caso (las fechas son estimativas) se
trata de: Ozías (781-744 a.C.), Jotán (744-742 a.C.), Acaz (742-727 a.C.) y
Ezequías (727-698 a.C.), reyes de Judá, es decir, del Sur. Como vemos, el
período de predicación de Isaías es de casi 50 años (aunque empieza a hacerlo
cuando muere Ozías (ver Is 6,1). Los discípulos, por su parte, predicarán en
tiempos más tardíos (por ejemplo, durante el exilio en Babilonia o al regresar,
entre los años 545 y 515 a.C., aproximadamente; cosa que encontramos en el
actual libro de Isaías en los capítulos 40 a 66.
Como los profetas procuran
hablar de parte de Dios a los tiempos en que viven, es importante conocer qué
pasaba en cada uno de ellos ya que allí éste dirá que “esto sí” o “esto no” es fiel
al proyecto de Dios para su pueblo. Isaías – como dijimos – parece ser alguien
importante, por eso puede tener fácil acceso al rey y al palacio (ver, por
ejemplo 7,4.10; 22,15).
Durante el período del rey
Jotán, Isaías critica las expresiones religiosas que son formales, pero no van
acompañadas por una vida coherente con la voluntad de Dios. Muchos creen que lo
que le agrada a Dios es el culto, las oraciones, los ayunos… pero el profeta
les dice que “primero” deben vivir como Dios propone, y después sí, participar
en el culto (ver 1,10-20; 29,13-14); vivir conforme con la voluntad de Dios es lo más importante.
Durante el período del rey
Ajaz, el clima internacional es muy preocupante: el terrible ejército asirio
avanza y domina todo, extermina, arrasa, destruye. Algunos proponen una alianza
para enfrentarlos (e incluso quieren derrocar al rey de Judá - es decir del Sur - para poner uno
amigable), e Isaías le dice a Ajaz con toda vehemencia que “no tema”, que confíe en
Dios; que no vaya a buscar ayuda con los asirios ni tampoco se una a los que lo
quieren enfrentar (ver 7,16-17; 8,4).
Durante el período de
Ezequías, Isaías encuentra un rey que pretende ser fiel a Dios, por lo que lo
apoya y acompaña (9,1-6), incluso en su resistencia contra el ejército
extranjero (10,20-23; 14,24-27).
Como se ve (lo que acá
señalamos son simplemente ejemplos), en cada período histórico la palabra del
profeta tiene matices y acentos diferentes. Obviamente, en Isaías y en los
demás profetas, de ayer y de hoy, cada uno con sus características, sus
propuestas, sus críticas o acentos, y en los momentos diversos, pretenden siempre
señalar lo importante: ¡la búsqueda de que se realice la voluntad de Dios en
los tiempos concretos que vivimos!
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