Jorge Novak, santo
Eduardo de la Serna
La curia romana, siempre atenta a
hacer todo lo contrario a lo que se espera y desea de ella, acaba de confirmar
que la causa de beatificación de Jorge Novak ha quedado anulada. La razón es
que no hizo – dicen – todo lo que debiera en el caso del comportamiento de un
presbítero de la diócesis.
Antes de avanzar quisiera decir
algo sobre eso:
- 1. Como hombre de Dios que era, Jorge Novak le creyó al cura que decía que no era verdad aquello de lo que lo acusaban; no podía entender que un cura mintiera (porque él no lo hacía ni lo haría).
- 2. Cuando los testimonios y pruebas fueron abrumadores sobre el obrar del cura, Novak dijo que se había equivocado, le había creído y dijo que debía renunciar a la conducción de la diócesis (algo a lo que los curas que estábamos con él en ese momento lo desalentamos).
En lo personal no tengo dudas de
que el cese de la causa tiene que ver con el tiempo eclesial que vivimos, es
decir, el fallecimiento de Francisco y un nuevo pontificado tibio y mediocre.
No importa que hubiera no uno, sino muchos casos semejantes para la
canonización del obispo de Cracovia Karol Wojtyla y luego papa Juan Pablo II.
El solo caso de su apoyo a Marcial Maciél, el depredador y fundador de los
Legionarios de Cristo es harto evidente. Es decir, es evidencia de la doble vara
con la que se guía la curia romana cuando de canonizaciones se trata.
Ya fuimos testigos de que Roma “cajoneó”
el proceso de beatificación – canonización de monseñor Romero. Un santo obispo
molesto para la doble vara eclesial. Recién cuando afirmaron que Romero era del
Opus Dei y no estaba con la Teología de la Liberación (sic, irónico sic) se
desempolvó el proceso y se llegó a buen término.
El 13 de octubre de 2025 se
informó de la revocación del nihil obstat (nada obsta) con la continuidad del proceso
de beatificación de Jorge Novak. Hoy decenas de voces en distintos medios
celebran a San Jorge Novak, canonizado por el pueblo de Dios, el mismo que es
infalible “in credendo” (en lo que cree). Roma podrá decir lo que quiera
(son tan buenos que nos permiten seguir llamándolo “Siervo de Dios”, ¡tanta
ternura!) el pueblo también habla. Y quienes queremos escuchar lo que el
Espíritu de Dios dice a las Iglesias lo reconocemos. Lo celebramos. Lo festejamos.
San Jorge, ¡ruega por nosotros! (y por la Iglesia).
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