martes, 21 de enero de 2020

Comentario domingo 3A

El escenario está preparado para que el reino irrumpa en la historia
DOMINGO TERCERO - "A"

Eduardo de la Serna

 


Lectura del libro del profeta Isaías     8, 23b-9, 3

Resumen: en claro contraste con los momentos de opresión que han vivido los judíos por parte de los asirios, el profeta destaca la alegría plena que tendrá su origen en el fin de la opresión, el fin de la guerra y el nacimiento (o coronación) de un rey que establecerá la siempre esperada justicia y el derecho.

Un gran canto comienza en Isaías. Es un canto de acción de gracias al comienzo (8,23b-9,4) para pasar luego a cantar el nacimiento del príncipe que traerá la paz y la justicia. Yahvé aparece como el que ha conducido los momentos de sufrimiento a los que el rey asirio ha sometido a su pueblo, pero ahora avanza –siempre conducido por Yahvé- un cambio de situación. No es evidente si por “camino del mar”, “del otro lado del Jordán” y “región de los Gentiles” se refiere a la misma región o a tres zonas diferentes, pero lo cierto es que desde el norte de Israel viene la novedad. El contraste está presentado entre un andar “a oscuras” (cf. 22.23) y ver una “gran luz”. El verso siguiente, explicitando esta “luz” irrumpe con la imagen de la alegría (¡5 veces en el párrafo!), la comparación visible es la alegría del campesino por la cosecha, o la del botín al haber vencido una guerra.

La razón de la alegría son tres motivos comenzado cada uno por kî (= porque): el fin de la opresión (v.3), el fin de la guerra (v.4) y el nacimiento de un rey de paz (v.5). El motivo de la alegría tiene que ver precisamente con la desaparición del yugo asirio (Jue 7,15-25), pero también alude a los opresores internos que oprimen a los pobres del pueblo. La imagen es la de la bota opresora y el manto lleno de sangre los cuales serán quemados (cf. Jos 7,21-23). Acabada la opresión y acabada la guerra, la razón de la alegría es obvia. Pero falta un paso (omitido en la liturgia) que es el nacimiento de alguien que se ocupará de que se instauren el “derecho y la justicia” (mispat,we tsedaqa, v.6), los mismos oprimidos cantan y celebran su nacimiento (“nos ha nacido”). En el contexto de Isaías es probable que se refiera al nacimiento del rey Ezequías (cf. Is 7,14, el Emmanuel, o quizás, un siglo más tarde, al rey Josías). De todos modos, esta parte está omitida por la liturgia. Sin embargo es importante notar que el centro de esta alegría, y de toda la escena, no está puesto en el niño, sino en Dios.



Lectura de la primera carta de san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 10-14. 16-17

Resumen: Pablo se ha enterado por información oral que en la comunidad de Corinto se han dividido en “partidos” a causa del entusiasmo que algunos predicadores causan en los miembros de la comunidad. Pablo los remite a las causas mismas de la unidad: la cruz y el bautismo invitándolos a tomar en serio estos elementos.


A diferencia de lo que hace en otras cartas, Pablo comienza con una “exhortación” (v.10). El objetivo es frecuente en la carta: evitar las “divisiones” (sjísmata, que como se sabe es frecuente en toda la carta) para lo cual pretende que todos tengas “un único hablar”. Así serán y tendrán una misma “mente” (nous).

Pablo se manifiesta sumamente preocupado por esta división (y lo veremos en muchas partes de la carta); tan preocupado está que no duda en mencionar la fuente de la información: “los de Cloe” (nombre femenino). Debe ser conocida en la comunidad, aunque no sepamos si se trata de trabajadores o familiares de ella, si es de Corinto o de Éfeso (donde está Pablo). Ellos cuentan las “discordias” (éris) de la comunidad.

La división viene dada porque “cada uno de ustedes” anda diciendo por su parte “yo soy de…” La comunidad se ha practurado en “partidos”. Y se los menciona expresamente: yo de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas y yo de Cristo.

1.    Hechos de los Apóstoles nos informa sobre Apolo. Pablo vuelve a mencionarlo al final de la carta, en 16,12. Lucas nos dice que era un “judío elocuente, versado en las Escrituras” (Hch 18,24). Priscila y Aquila completan su conocimiento. A continuación, viajó desde Éfeso a Corinto (Hch 18,24-28). Esto invita a pensar que la élite de la comunidad haya quedado fascinada por su predicación.
2.    Cefas es el nombre arameo de Pedro (salvo en Ga 2,7-8 Pablo siempre lo llama por su nombre semita). Sabemos que era el responsable de la predicación a los judíos (no es evidente si se trata de las personas judías o los territorios mayoritariamente judíos; Ga 2,9).Por eso es imaginable que su grupo fuera el grupo de origen semita de la comunidad.
3.    El grupo de Cristo causa dificultades. Algunos niegan su existencia. Es posible que se trate de aquellos que rechazan “las mediaciones”, en este caso la de los apóstoles para el anuncio del Evangelio (en esta carta se ve en otras ocasiones que hay quienes rechazan otras mediaciones).

Lo cierto es que se han formado cuatro grupos y eso para Pablo es intolerable.

La cruz de Cristo nos reconcilia a “todos” con Dios, y “todos” estamos con-crucificados juntamente con él (Ga 2,19); el “bautismo” nos incorpora en Cristo a “todos”. La obra de Cristo en nosotros no da sentido a estas divisiones: El bautismo (nos “sumerge” en Cristo y por lo tanto es causa de unidad) nos da un nombre nuevo, nombre que se “invoca” (1,2), nombre en el que nos “exhorta” (1,10). Los corintios se reúnen “en el nombre” de Jesús (5,4) que nos “justifica” (6,11). La fe, que es fruto de la predicación, remite a este “nombre” (Rom 1,5), que muestra a Dios mismo (Rom 2,24; 9,17) por lo que quien “invoque el nombre del Señor se salvará” (Rom 10,13).

Pablo –lo dice expresamente- bautiza muy poco. Y así, al hacer referencia al bautismo, nadie puede invocar su “nombre” (vv.14.16) porque su ministerio es el de la evangelización” (v.17). Está llamado a anunciar “buenas noticias” en las comunidades.

Una nota sobre los partidos: algunos han tenido en cuenta que posiblemente la causa de la división fuera causada por los encandilados por la predicación de Apolo, y el contraste con la de predicación de Pablo que parece no haber sobresalido en ello (cf. 2 Cor 10,10; ver 1 Cor 2,1.4). Esta actitud parece haber motivado que otros destacaran las cualidades o preferencias por otros (o por ninguno). Sin embargo, es importante señalar que Pablo no critica a uno u a otro partido, ni tampoco defiende al suyo; a Pablo le resulta intolerable que en la comunidad haya partidos.

Una nota sobre el Evangelio: la palabra “evangelio”, en griego, comunicar “buenas noticias” es un término que tiene una cierta presencia en la Biblia griega (cf. Is 52,7) pero también es muy frecuente en el ambiente imperial romano. Se utiliza para celebrar el nacimiento, la madurez o la coronación del emperador, o sus triunfos militares. Pablo lo utiliza (como lo hace con otros términos) sin dudas en ambos sentidos, y en este último es fuertemente contracultural, más aún cuando lo hace ligado a la “cruz”, otro aspecto claramente romano. Pablo anuncia que la “buena noticia” no viene dada por un triunfo militar ni es celebrada en el culto imperial sino que un crucificado (por los romanos) es el origen de esta buena noticia que él predica.


Para concluir esta parte, Pablo destaca que no predica con “palabras sabias” para no “aniquilar” o “vaciar” (transformar en nada, kenôthê [de donde proviene kênosis]) la cruz de Cristo. La característica paradojal de la cruz es el contraste de la nada más absoluta de una persona, pero que en ella se comunica a la humanidad la plenitud del poder divino de vida. La elocuencia (¿de Apolo?), las apariencias de sabiduría corren el riesgo de entusiasmarse con el predicador y hacer “desaparecer” la fuerza infinita que se transparenta de la nada de la cruz.



+ Evangelio según san Mateo    4, 12-23

Resumen: Mateo presenta el ministerio de Jesús ubicándolo geográficamente, llamando junto a sí a los primeros discípulos y en un breve sumario mostrando su predicación del reino de los cielos. Sigue a Marcos con interesantes añadidos. El terreno para empezar su ministerio está preparado.


Jesús está comenzando lo que llamamos su “vida pública”, su ministerio y Mateo señala tres elementos: el traslado de Jesús a Galilea, un sumario de su predicación y el llamado de los dos primeros pares de hermanos. Los tres elementos están tomados de Marcos, aunque –especialmente en el primero- Mateo añade elementos propios.

Jesús se encontraba en la región del Jordán, pero ante la captura de Juan por parte de Herodes Antipas, Jesús se muda hacia el norte (vv.12-16). A una región muy cercana a la frontera. Se trata de una huida a la región fronteriza para escapar si el peligro acecha. Se muda a Cafarnaúm, una muy pequeña ciudad del lago de Galilea (para darnos una idea, mientras Nazaret parece haber tenido unos 400 habitantes, ahora Jesús se traslada a una “ciudad” que tenía entre 600 y 1500 habitantes por lo que la arqueología nos muestra).

Como es habitual en Mateo, este movimiento de Jesús es justificado con un “cumplimiento” de lo dicho por el profeta. Con algunas diferencias que son interesantes de ver:


Isaías 8,23-9,1
Mateo 4,15-17
Como el tiempo primero ultrajó a la
tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, 
así el postrero honró el
camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los Gentiles.

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí,


camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles!
El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras de muerte, una luz brilló sobre ellos.
El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido.


El texto tomado por Mateo del A.T. sigue la Biblia griega (la Biblia hebrea dice “región de los gentiles” mientras LXX afirma “Galilea de los gentiles”) y acota que las sombras son “de muerte”. La salvación que en Isaías empezaba desde el norte (ver comentario a la primera lectura) es comenzada ahora que se “cumple” el oráculo del profeta, por la presencia de Jesús en la región. Omitiendo el marco político de Isaías, Mateo señala que quién llena de luz las regiones del norte es la actividad de Jesús.

Una nota sobre el “cumplimiento” del Antiguo Testamento: Particularmente en Mateo,pero también en otros escritore del N.T. se insiste en el “cumplimiento de las Escrituras / los oráculos” de los profetas. Sería falso entender que Dios ha pensado y planeado la historia dejando “tiempos vacíos” esperando que se llenen en el futuro. Eso significaría que la historia está “digitada” por Dios, “planeada”. Y sería sumamente difícil, entonces, explicar el mal en el mundo y la historia. Los profetas hablaron a su tiempo, y esperaban que sus palabras se concretaran en su presente o en un futuro inmediato. Sin embargo, pasado el tiempo, muchos judíos y cristianos vieron o interpretaron que esos dichos volvieron a realizarse de una o de otra manera. Como si se “llenaran” de nuevo contenido (“llenar” y “cumplir” es el mismo verbo). De ese modo, el cumplimiento de las escrituras ha de entenderse como una “re-lectura” y no como una “predestinación” de futuro.

El mensaje de Jesús (v.17) es el mismo que en 3,2 había pronunciado Juan, el Bautista (ver Mt 10,7). La diferencia vendrá dada por qué entiende cada uno que es este “Reino de los cielos” que se avecina. Todo el Evangelio se dedicará a mostrarlo. Ciertamente el reino predicado por Juan es un reino de castigo y fuego muy distinto del predicado por Jesús. De allí que Juan se pregunte si Jesús es “el que ha de venir”. De paso es importante notar que debido a sus destinatarios provenientes del judaísmo, Mateo prefiere señalar que el reino es “de los cielos” y no “de Dios”. Lo usa como sinónimo (ver 21,25 donde es evidente que “cielos” alude a Dios) y no debe entenderse que Jesús se refiere al “cielo” como lo entendemos contemporáneamente, la morada de Dios.

El llamado de los dos pares de hermanos (vv.18-22) está tomado de Marcos y salvo pequeños detalles es idéntico. Son relatos construidos de un modo semejante: El primero mencionado es Simón, de quien se aclara que es el llamado “Pedro”, cambio de nombre que se realizará en 16,18, pero se lo menciona desde el comienzo por la importancia que ocupa en la comunidad y en este Evangelio. La primera comunidad empieza a gestarse.

Recorrer, enseñar, predicar y sanar pasan a ser en el sumario conclusivo una suerte de síntesis del ministerio de Jesús (v.23).


 Foto personal

viernes, 17 de enero de 2020

Los dos papas


Los dos papas


Eduardo de la Serna



"Demos un paso más. De la iglesia de hoy saldrá también esta vez una iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad. Se habrá de presentar a sí misma, de forma mucho más acentuada que hasta ahora, como comunidad voluntaria, a la que sólo se llega por una decisión libre. Como comunidad pequeña, habrá de necesitar de modo mucho más acentuado la iniciativa de sus miembros particulares. Conocerá también, sin duda, formas ministeriales nuevas y consagrará sacerdotes a cristianos probados que permanezcan en su profesión: en muchas comunidades pequeñas, por ejemplo en los grupos sociales homogéneos, la pastoral normal se realizará de esta forma. Junto a esto, el sacerdote plenamente dedicado al ministerio como hasta ahora, seguirá siendo indispensable. Pero en todos estos cambios que se pueden conjeturar, la iglesia habrá de encontrar de nuevo y con toda decisión lo que es esencial suyo, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la asistencia del Espíritu que perdura hasta el fin de los tiempos. Volverá a encontrar su auténtico núcleo en la fe y en la plegaria y volverá a experimentar los sacramentos como culto divino, no como problema de estructuración litúrgica". [J. Ratzinger, Fe y futuro, ed. Sígueme, Salamanca 1973 (original alemán: Glaube und Zukunft, Kösel Verlag, München 1970) pág.9.].

No es mi intención comentar la publicitada película que lleva el título de esta nota. Lo han hecho muchos otros. Sólo diré que en general no me gustó, me pareció caricaturesca, o estereotipada. Pero no es el tema.

Lo cierto es que hoy “hay dos papas”, pareciera. Uno en ejercicio, y otro emérito. Como sucede en muchas diócesis, también en la de Roma, hay un obispo emérito. Y es absolutamente comprensible que a algunos (¿muchos?) les agrade más uno que otro. Pero fuera de esto, es evidente que strictu sensu, “el Papa” es uno, no el emérito. Él “fue” Papa, lo que es diferente. Nos guste más, o no, uno o el otro… o ninguno.

Las diócesis que tienen un obispo emérito lo saben bien. Cada tanto éste hace su “aparición”, y muchos se acercan a él. La convivencia entre el emérito y el titular puede ser constructiva o no, según ambos. O según los modos de ejercicio de la pastoral. Lo mismo pasa en miles de parroquias cuando hay un cambio de párroco y los modos pastorales son (muy) diferentes. “Antes” y “ahora” con frecuencia contrastan. Pero no necesariamente el contraste ha de ser conflictivo. Como sabemos bien, nunca faltan los “más papistas que el Papa”, literalmente hablando. El problema es que en este caso, no se trata de un párroco, ni tampoco de un “simple” obispo, sino del de Roma, el Papa. Es decir, de poder hablamos.

Cuando renunció el papa Benito XVI (renuncia que muchos celebramos) afirmó que se retiraría para la lectura y la oración. De hecho, vive en un monasterio de clausura dentro de los muros vaticanos y son contadas las veces que se lo ve en público; incluso afirman algunos que su salud está notablemente deteriorada. Muchos de los que no lo hemos amado como Papa solemos reconocerle una gran honestidad intelectual. Se dice que luego de haber sido un teólogo de excelencia, especialmente a partir de todo lo generado luego del “mayo francés”, empezó a estar invadido por el miedo. Y el miedo no elimina la profundidad pero acota la creatividad. Por eso fue ya desde el pontificado autoritario de Juan Pablo II una de las espadas del rigor papal y vaticano. No hace falta detenernos en la cantidad de teólogos que fueron censurados o sancionados durante este período de ambos papas.

Antes de seguir, me quiero detener en una expresión que considero importante como revelación de esa honestidad intelectual de Joseph Ratzinger. Durante su papado escribió un libro: Jesús de Nazaret (3 tomos). Y, expresamente lo dice, quiere dejar claro que escribe como teólogo Ratzinger y no como papa, es decir, no pretende una recepción como la que se supone se espera de un texto papal, es decir, Magisterial. Pretende, sí, que sea recibido como se espera de cualquier escrito teológico, una recepción y crítica constructiva. El libro, en su tapa, solía aparecer como escrito por Benedicto XVI (como los textos escritos por el cardenal Luciani [“Ilustrisimos”] figuraron como de Juan Pablo I) por una cuestión de márquetin editorial, pero de ninguna manera debía entenderse como obra de ninguno de ambos papas. Benito supo dejar claro que una es su opinión como teólogo, y otra su escrito “magisterial”.

En este sentido, llamó la atención un texto del ya obispo emérito de Roma, Joseph Ratzinger, dando su opinión sobre los abusos sexuales por parte del clero, que apareciera como firmada por “Benito XVI”. Luego de muchos esfuerzos no he podido saber si la firma es suya o es algo “editorial”. Figura, sí, en los textos que se han hecho públicos. Pero, es evidente que, los “nombres” de los papas son nombres solamente adoptados (monárquicamente) durante el ejercicio de su papado. Como no estamos habituados a un papa renunciante, esto es algo obvio. Era la muerte la que ponía fin al pontificado, no la renuncia. Pero es sensato afirmar que Benito XVI ya no existe, ¡existió! (y, en lo personal, creo que demostró palmariamente que ser un gran teólogo no implica necesariamente que sea un gran papa. No lo fue). El que existe es Joseph Ratzinger.

Algunos pensamos que lo que más nos hace querer al papa Francisco son sus enemigos. Mirar a los cardenales Sodano, Sarah, Burke, Müller y otros por el estilo, nos invita a seguir apostando por Francisco, al menos por aquello del mal menor. Y ahora, el cardenal Sarah publica un libro sobre el sacerdocio. Por lo que parece, consultó algunos apuntes recientes que el teólogo Ratzinger tenía sobre el tema, y los incorporó en el texto. Hasta ahí todo “legal”. Hasta podría ser una “trampita” editorial incluir a Benito XVI como coautor ya que asegura más ventas que un libro sólo de Sarah. Después se pueden discutir algunas de las ideas vertidas, al menos según han trascendido, especialmente con respecto a la ordenación de varones casados para la región de la Amazonía. Según parece, dice Sarah (y diría también Benito XVI) que el celibato es sustancial al sacerdocio, no hay verdadero sacerdocio sin él, lo que dejaría sin explicar unas cuántas cosas, por ejemplo, ¿cómo subsistió la Iglesia sin verdaderos sacerdotes tantos siglos hasta que el celibato se constituyó en normativo? No pretendo responder a semejante sandez, simplemente me llama la atención el intento de la utilización de Benito XVI para contrastar el juego de opuestos entre un papa ortodoxo y otro casi herético. [Me hizo acordar al intento por parte de muchos obispos mexicanos de que la visita de Francisco fuera un fracaso de convocatoria para contrarrestarlas con las de Juan Pablo II] ¡Papas eran los de antes! Y ciertamente la figura de Benito XVI es ideal para el contraste, esté o no de acuerdo Ratzinger con su utilización. Quisiera creer que su nombre es usado por muchos de los enemigos de Francisco sin su autorización, aunque no me atrevo a afirmarlo. Quisiera creer que es una bandera que Ratzinger no está de acuerdo en levantar. Claro que es una bandera izada a causa de lo que fue su pontificado (y el de Juan Pablo II, que no les sirve porque está muerto, aunque lo de “santo subito” y el absurdo intento del episcopado polaco de que sea declarado co-patrono de Europa y doctor de la Iglesia provoquen risas y espanto).

Para ser precisos, no hay “dos papas”, porque Benito no lo es; ¡ya no! Pero lo que sí hay es un grupo de cardenales, obispos, curas, periodistas, políticos, empresarios y demás que ven con horror cualquier intento de cambio por minúsculo que este sea. Y Francisco es, para ellos, el abanderado de los cambios terribles que llevan a la Iglesia a su perdición y – quizás – hasta su desaparición. Insisto: de poder se trata. Sarah podrá vender su libro, y muchos hasta lo aplaudirán (editoriales conservadoras ya han asegurado su traducción a otras lenguas); otros no tenemos el más mínimo interés en leerlo. Pero la Iglesia está ante un buen momento de ser fiel a lo que el Espíritu le dice en este tiempo; puede abrirse a la novedad siempre desafiante del Espíritu o pretender seguir encerrada en los palacios del miedo. Mirando muchos desafíos que tiene la Iglesia hoy en la historia, el mundo, la vida, los sueños y mirando la triste desambiguación, mirando una institución que parece mirar llena de miedo, por las hendijas, un mundo que la aterroriza, encerrada y atrincherada en palacios y fortalezas, no tengo duda ninguna de qué lado quiero estar de esta grieta. Del de la esperanza.


Foto tomada de https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/Sarah-Ratzinger-preocuparse-Iglesia-cambiando_7_2195850404.html


martes, 14 de enero de 2020

Comentario domingo 2A

Jesús camina a nuestro lado y estamos invitados a reconocerlo, y a seguirlo

DOMINGO SEGUNDO - "A"

                                                                                            
Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     49, 3-6

Resumen: Un personaje desconocido que se define como “siervo” de Yahvé, y por momentos se identifica con Israel, y en otros en relación a este, aparece como luz de los demás. El grupo que vuelve del exilio se muestra ante los judíos e israelitas dispersos por toda la diáspora como una lámpara que señala los caminos de liberación.

Se habla con frecuencia de los cuatro (o quizás más) cantos del Siervo sufriente de Yahvé que se encuentran en el llamado Segundo Isaías. El texto litúrgico forma parte del segundo de estos “cantos”. Un personaje desconocido se dirige a los lejanos (“islas” y “pueblos lejanos”; es posible que con estas imágenes se refiera a los judíos dispersos por el mundo, por exilio o por cautiverio. Ya hemos conocido algunas de estas ideas en las páginas anteriores de Isaías (“llamar”, “recordar el nombre”, cf. 42,6: 45,3.4; 48,12).

La imagen de la protección divina sobre el personaje se ve en una serie de metáforas: espada, saeta, carcaj, sombra de su mano y recurriendo a elementos que caracterizan por una parte a los profetas (la boca, la palabra, el llamado “desde el seno materno”, que relee en primera persona el texto de Jer 1,5). El siervo es expresamente señalado como “Israel” (cf. 43,1.21; 44,2.21.24; 45,11). Sin embargo, tiene a su vez elementos personales (por ejemplo en relación con el mismo pueblo de Israel, v.5) lo cual invita a pensarlo diferente. Quizás un pequeño grupo (¿los deportados que regresan?, ¿un “resto”?, ¿los exiliados?) se presente a semejanza del gran profeta. La alusión en más de una ocasión a “Jacob” y a “Israel” (v.5.6) y también a otros grupos: “las gentes” (vv.6.7), los “confines de la tierra” (v.6), y a los adversarios de Israel (dominadores, reyes y príncipes, v.7). Sin embargo, el contrasto viene dado en que, para estos, Israel es “despreciado”, “abominado”, “esclavo”, mientras que es “valioso a los ojos de Yahvé y mi Dios ha sido mi fuerza” (v.5). Esta actitud violenta y de rechazo es lo que caracteriza el sufrimiento del siervo que se irá acentuando en los restantes cantos; pero este sufrimiento no quedará sin producir un efecto: será rescatado, se pondrán de pie los reyes y se postrarán los príncipes a causa de haber sido “elegido” por Dios, que es leal (v.7). El siervo tiene una misión liberadora que produce su efecto en Israel. Encontramos elementos reales, elementos proféticos y de ese modo el siervo será “luz de las naciones”. El grupo liberado del cautiverio en Babilonia que regresa a su tierra entre sufrimientos tiene una misión clara para los demás miembros del pueblo de Judá y de Israel para ser luz y hacer volver.



Primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto     1, 1-3

Resumen: con un esquema habitual Pablo da comienzo a la carta a los Corintios. Para ello saluda ecuménicamente a los miembros de la comunidad y los reconoce como miembros del pueblo de Dios.


Las cartas de Pablo suelen tener todas un esquema semejante (puede verse esquemáticamente lo que ya hemos señalado al presentar Romanos 1 en http://blogeduopp.blogspot.com.ar/2013/12/comentario-adv4a.html). Digamos brevemente que este viene presentado como:

1.     Remitente/s
2.     Destinatario/s
3.     Saludo de “gracia y paz”
4.     Una acción de gracias (sólo omitida en Gálatas, precisamente a causa del enojo que Pablo tiene con los destinatarios) que concluye el saludo y a su vez inicia el corazón de la carta.

A continuación, encontramos lo que puede llamarse el “cuerpo” de la carta. Lo que hoy presenta la liturgia es, precisamente, los tres primeros elementos de este esquema. Pero aprovechemos esta ocasión para destacar algunos elementos.

La carta nos muestra como co-remitente de Pablo a un tal Sóstenes, a quien desconocemos. Se trata de un miembro pleno de la comunidad puesto que lo llama “hermano”. En Hch 18,17 se menciona otro personaje con el mismo nombre, el jefe de la sinagoga. Nada invita a pensar que se trate de la misma persona.

Pablo nos dice que es “llamado a ser apóstol” (cf. 9,1-2). “Apóstol”, para Pablo es alguien que se ha beneficiado con una aparición del resucitado y en consecuencia tiene la responsabilidad de anunciarlo vivo (para Pablo los “apóstoles”, entonces, no son [solamente] los Doce).

El término “Iglesia” (ekklêsía) en la Biblia griega, lo encontramos con cierta frecuencia se utiliza para traducir el hebreo qahal (= asamblea; cf. Dt 4,10; 9,10; 18,16…), se trata, por tanto, del pueblo de Dios reunido. Pero, a su vez, es usado en el ambiente greco-romano para indicar a los “ciudadanos” que se reúnen y toman decisiones para el funcionamiento de la ciudad (las asambleas ciudadanas son importantes en la “demos”); son súbditos del Emperador, le deben fidelidad, pero son a su vez importantes en la ciudad. En este segundo caso (recordar que los lectores de Pablo son “griegos”), Pablo utiliza el término de un modo contra-cultural para señalar que hay otra ciudadanía, que no se trata de elites ciudadanas sino de los “llamados” por Cristo en el bautismo.

Ahora bien: lo que señala de esta asamblea son dos características: en primer lugar, que han sido “hechos santos” a partir de algún momento (por lo tanto, es evidente que “antes” no lo eran; cf. 6,9-11). El paralelo invita a pensar en el bautismo. Esta separación (recordar que “santo” indica algo o alguien “separado” para Dios) invita a los corintios a descubrir que deben llevar una vida diferente a la que se vive en Corinto. Son miembros de Cristo, y no clientes del César (una “asamblea/ekklêsía” distinta). El segundo elemento toma lo dicho y lo resalta: “llamados a ser santos” (cf. 1,26) y ser –por lo tanto- miembros de la Iglesia (v.9) en una comunión (koinônía); Israel es un pueblo que está llamado a ser santo (Ex 23,22; Num 16,3; Jl 2,16; 2 Cr 30,17; Sal 88,6 y el tema es frecuente en Qumrán).

Concluyendo el saludo inicial, Pablo otorga, y a su vez desea, la “gracia y la paz”. El saludo propio del ambiente hebreo es “Salom” (que puede traducirse, de un modo no preciso, por “paz”, en griego eirênê). Los griegos, en cambio, se comunican la “alegría” (jaire; cf. Lc 1,28). Es interesante notar que (al igual que en castellano) la alegría y la gracia son palabras semejantes (por ejemplo, en castellano fuera del campo teológico, se asemejan algo que nos “causa gracia” y algo que nos da “alegría”); en griego son jaire [alegría] y jaris [gracia]. Con el saludo de “gracia y paz” Pablo parece abrir todas sus cartas de un modo ecuménico empezando así el mensaje a todos los miembros (judíos y griegos) de la comunidad. 

Así, Pablo nos prepara para dar comienzo a la carta.



+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     1, 29-34

Resumen: Juan el Bautista da testimonio de Jesús a sus discípulos y así también a nosotros para que reconozcamos quién es este Jesús que camina en nuestra historia. Una serie de títulos e imágenes con fuerte tradición judía empieza a presentarse, cosa que continuará a lo largo del Evangelio para profundizar en la revelación de Jesús en el Cuarto Evangelio.

Después del prólogo poético, el Evangelio de Juan comienza su evangelio con un “prólogo histórico”. Así como el prólogo poético comienza con las mismas palabras del libro del Génesis (“en el principio”), el prólogo histórico presenta una primera “semana” narrativa en la que “todo” comienza: 

Primer día (v.19)
Segundo día (v.29)
Tercer día (v.35)
Cuarto día (v.43)
Séptimo día (“tres días después”, 2,1)

Como se ve, el texto litúrgico de hoy está formado por el “segundo día”. El primer día presenta a Juan el Bautista, el segundo, Juan habla de Jesús, el tercero Juan envía a sus discípulos tras Jesús y en el cuarto (Juan ya ha desaparecido) Jesús empieza a reunir discípulos junto a él. Estos discípulos, con Jesús y su madre son testigos del primer signo en Caná el día séptimo.

Juan Bautista, que no hablaba de sí mismo (vv.20-21), se vuelve presto para hablar (dar testimonio) de Jesús; lo cual demuestra que el acento de la misión del Bautista es el testimonio. Por medio de una serie de títulos se empieza a desarrollar una cristología: Cordero de Dios (29), preexistente (30), portador del Espíritu (32-34). 

La fórmula es común a Jn: un mensajero de Dios ve a una persona y dice: "¡Miren!"; a esto sigue una descripción que revela el misterio que esconde esta persona (1,35-37; 1,47-51; 19,24-27); tiene sus raíces en el AT (cfr. 1 Sam 9,17).

         Ve... venir: Mirando los Evangelios sinópticos se piensa en Jesús que viene a bautizarse; la construcción deja suponer que esto ya se ha realizado pero en Juan no se lo menciona (propiamente hablando, no hay bautismo de Jesús en el Evangelio de Juan). Jesús viene hacia Juan Bautista cumpliendo lo dicho en Is 40,10, viene para el sí de Dios. Nada nos dice de dónde viene ni a dónde va.

           El Cordero al que se hace referencia sin dudas tiene sentido mesiánico; no es improbable que provenga de la liturgia de la comunidad joánica: es a partir de esto que Andrés declara a Simón: "encontramos al Mesías" (1,41); pero ¿por qué "Cordero"?; no es evidente a qué tipo de “cordero” se refiere; hay diferentes opiniones (todas con elementos interesantes, pero ninguna totalmente satisfactoria):

1.- En la apocalíptica judía el cordero victorioso aniquilará el mal, los lobos... Es la paradoja de la debilidad que -con Dios- triunfa sobre el mal (TesJos 19,8; Ap 6,10; 7,17; 17,14. 

"Las ovejas eran todas blancas, y su lana espesa y pura. Todos los que habían perecido y habían sido dispersados... El dueño de las ovejas se alegró muchísimo pues todos eran buenos y habían vuelto a su casa. Vi que depusieron la espada que había sido entregada a las ovejas... Vi que se trasmutaban las especies y se convertían todas en toros blancos..." (Henoc 90,38)
  
Quizá Juan Bautista saludó a Jesús como el cordero de la expectativa apocalíptica, suscitado para destruir el mal (Ap 17,14). 

2.- Como Siervo doliente (Is 53,7). El Siervo aparece en 4 cantos del Segundo Isaías. La relación con otros justos del AT que sufren es normal que fuera hecha en el cristianismo primitivo. Es probable que el evangelista lo interpretara así. En vv. 32-34 hay dos temas que pueden referir al Siervo: el Espíritu que reposa sobre él y Jesús como Elegido: Is 42,1 (cfr. 61,1); la supresión del pecado es característica de los tiempos mesiánicos; Jesús hace triunfar la justicia y el derecho en una ansiada victoria escatológica.

3.- Como Cordero pascual. Mientras el Siervo es una figura, el Cordero pascual es real; el simbolismo pascual es frecuente en Jn (19,14; la referencia y la cita de Jn 19,36 es de Ex 12,46; Num 9,12 pero también Sal 34,21 que refiere al justo que sufre, cfr. 8,29; 16,32 y Zac 12,10); en el Apocalipsis (que es de la escuela joánica) junto al Cordero aparece el tema pascual (en 5,6 es degollado; 15,3 el canto de Moisés es el del Cordero; 7,17 y 22,1 es fuente de agua viva; 5,9 su sangre es de rescate). Pero el cordero pascual no era un sacrificio. Pero si los cristianos ven a Jesús como Cordero, sí vale decir que este Cordero los quita. De todos modos, empezaba a unirse a este tema: es sacrificado por sacerdotes, y se daba importancia a su sangre... Cuando los cristianos compararon a Jesús con este cordero pascual, no dudaron en usar lenguaje de sacrificio (1 Cor 5,7). En 1 Pe 1,18-19 se dice que los cristianos fueron rescatados por una sangre como de cordero sin mancha.

No se ve motivo para negar que quiera hacer ambas alusiones. Ambas son coherentes con la cristología de Juan (¿y de 1 Pe? cfr. 2,22-25= Is 53,5-12). No es imposible que a esto se unan ecos de Juan Bautista referidos al cordero apocalíptico. 

4.- Puede, igualmente, referir a los sacrificios de Israel, de comunión, de reconciliación... al sacrificio cotidiano en el Templo (Salmos de Salomón 8,28). En el tiempo de la esperanza, Israel debe renovar cotidianamente su lugar existencial frente a Yahvé. La promesa es realidad con la presencia del Mesías, el pecado fue redimido (Is 40,2), con Jesús, por tanto, Dios otorga la plenitud del perdón a Israel y al mundo. Jesús no es una nueva víctima, es por quien Dios interviene reconciliando al mundo. La esperanza de Israel, ¿no llega a su fin? 

5.- Otras opiniones: uso de Jer 11,19 (¿diferente de Is 53?); cordero del sacrificio (Ex 29,38-46) o del pecado (Lev 4,32) [explicaría por qué quita el pecado del mundo; pero eran más frecuentes el toro o el macho cabrío]; otros lo refieren al chivo expiatorio (Lv 16,7ss); la referencia a Moisés como cordero (Targum de Jerusalén) y la referencia a Isaac: "Dios proveerá el cordero" 22,8 son importantes si tenemos en cuenta los paralelos Jesús/Moisés y Jesús/Isaac (cfr. 3,16 y Gn 22,2; 19,17 y Gn 22,6. De todos modos, algo nuevo ha comenzado entre Dios y los hombres, una nueva economía de salvación.

Pero este cordero es “de Dios”: ¿calcada de Siervo de Yahvé o cordero pascual dado por Dios? 

       Y el cordero quita (presente; ¿con valor de futuro?). En LXX, airein relacionado al pecado equivale a afiénai, perdonar (cfr. Ex 28,38; 34,7; Nu 14,18; 1 Sam 15,25; Sal 32,5; 85,3; Mi 7,18). Pero, ¿quién quita? ¿el Cordero-de-Dios o Dios? Puede ser “de” en sentido de “dado por”, es el Cordero que Dios da para quitar el pecado. 

        El pecado está en singular (cfr. 1 Jn 3,5 en plural; 1 Sam 15,25; 25,28 LXX) refiere a la condición pecaminosa. En 1 Jn 1,7; 2,2; 4,10; 5,6 debemos pensar que se trata de una muerte expiatoria vicaria. No es el pecado en el mundo sino del mundo, por lo que debemos pensar en la cruz. Parece referir a la desaparición del pecado al final de los tiempos: cfr. Ez 36,25-28; 37,23-28; Za 13,2; Is 11,9; 1QS 4,20-21; ApBar 63,1-4; 1 Jn 3,5. Pero Juan Bautista no habla de los pecados de los seres humanos sino del pecado del mundo. Su misión es vencer el imperio del pecado. La hamartía (pecado) alcanza su profundidad escatológica en la anomía (1 Jn 3,4), el mundo separado de Dios. Refiere a un sacrificio (cordero) nuevo y superior a todo (es común en Jn que todas las instituciones de "los judíos" sean superadas en Jesús: 2,19; 4,21; 5,17.39.47; 6,4; 10,1; 13,34).

        Juan dice que “detrás de mí”: ¿es espacial? En ese caso se refiere al discipulado; para los rabinos es propio del discípulo que el discípulo vaya detrás (Mc 1,17.20; 8,34; Lc 14,27)] ¿o es temporal?; el paralelo con v.27 parece referir al tiempo. ¿Y el "delante"? puede referir a superioridad, o a que Jesús pasa a ser Maestro; el que -en cuanto Palabra- puede decir la voluntad de Dios. El motivo es su dignidad que está más allá de todo lo concebible.

      "Existir antes" alude a la preexistencia (cf. 1,1) Palabra preexistente que aporta la plena revelación de Dios.

La preexistencia (cfr. 8,58; 17,5). El texto tiene paralelos en la tradición sinóptica y, por tanto, encaja con la tradición de Juan Bautista. El problema radica en la tercera expresión: "existía antes que yo". Puede partir de una polémica con los seguidores de Juan Bautista: Juan Bautista vino primero y eso indicaría mayor rango (cfr. Gn 48,20). El Bautismo de Juan Bautista no se asocia al perdón de los pecados (como sí en Mc 1,4) sino en revelar al que va a venir. Los judíos hablan de 7 (o 6, según las tradiciones) cosas que existen desde antes de la creación: la Torah, la penitencia, el Gan-Edén, el gehinnom (la Gehena), el trono de gloria, el Templo y el nombre del Mesías. Es una preexistencia en la mente de Dios, no "real". En la apocalíptica, el Hijo de hombre aparece como preexistente (Hen 39,7s; 52,9; 62,7; cfr. 4Esd 13,26. 52ss)

"Antes de que se creara el sol y las constelaciones, antes de que se hicieran los astros del cielo, su nombre fue invocado ante el Señor de los espíritus... Por eso fue elegido y escogido junto a él antes de crearse el mundo y por la eternidad" (Hen 48,3.6;). 

Juan bautiza “con agua”; descubriendo quien es Jesús, Juan Bautista descubre más plenamente su propia misión. El espíritu señala a Jesús y, asimismo, hace posible el nuevo bautismo.

       “He visto” (en tiempo perfecto: perdura en sus efectos); implica que el Espíritu permanece todavía. El doble "he visto" refleja la profecía (Is 40,5). Supone la acción del bautismo sin mencionarla. Hay una evolución desde Mc, a Lc, que la menciona tangencialmente y Mt que trata de explicar el por qué. Hay, de todos modos vestigios de la tradición: la paloma, el Espíritu, el reconocimiento de Jesús como Hijo... Juan Bautista no lo conocía (v.31a) pero puede manifestarlo porque "ha visto".

           La referencia a la paloma que se posa sobre él alude al descenso del Espíritu. 

"...el Señor levantará un nuevo sacerdote sobre quien las palabras del Señor serán reveladas. Efectuará sobre la tierra el juicio de la verdad muchos días. Su estrella se levantará en los cielos como un rey ...los ángeles de la gloria de la presencia del Señor lo llenarán de gozo. Los cielos se abrirán y del templo de la gloria descenderá sobre él santificación... El espíritu de entendimiento y santificación permanecerá sobre él en el agua..." (Testamento de Leví 18,2-11) 
cumpliendo así el anuncio de Is 11,2; 61,1; Jesús no lo recibe para cada caso (como es el caso de los jueces) sino de una vez para siempre. El testimonio, que será tan importante en Juan, llega a través de Juan Bautista (en 5,33-35 se lo nombrará entre los que testimonian a favor de Jesús. La teofanía (descenso del Espíritu, voz del cielo) es más sencilla que en los Sinópticos. Pero, de todos modos, es coincidente que el descenso del Espíritu lo señala como instrumento singular de Dios (Is 11,2)

"Luego de esto, se levantará una estrella de Jacob en Paz; un hombre surgirá como Sol de justicia de mi posteridad, caminando con los hijos de los hombres en dulzura y justicia, y en él no se encontrará pecado. Los cielos se abrirán sobre él depositando el espíritu como bendición del Padre Santo. El pondrá el espíritu de gracia en ustedes, y ustedes serán hijos en verdad y caminarán en el primero y el último de sus decretos" (Testamento de Judá 24,1-3).
  
           “Bautizará con Espíritu Santo”, no coincide con los Sinópticos: Mt y Lc hablan de "con Espíritu Santo y fuego" (cfr. Is 4,4: fuego como purificación destructiva). El espíritu es considerado purificador (Is 32,15-18; 44,3-5; Ez 36,25-27; Jub 1,23; 4 Esd 6,26; TestJud 24,3; 1QS 4,20s). Juan Bautista comprende que su actividad prefigura el verdadero bautismo. El suyo es un acto de conversión y renacimiento en las simbólicas aguas del Jordán; Juan Bautista está anticipando la afirmación de que para entrar al Reino hace falta renacer del agua y el Espíritu. Y es Jesús mismo quien es la fuente del Espíritu para los creyentes; sobre él permanece, él lo da (3,5.34; 7,38-39; 14,16; 20,22). Pero Juan va a referir a un nacimiento (3,5), el bautismo que eleva a la condición de hijos de Dios (1,12). Sólo el que viene de lo alto (3,31) puede hacer nacer de lo alto (3,6-8). El Mesías aportará el don por antonomasia, el Espíritu (3,34; 6,63; 7,37-39).

         “He visto...” es “he dado testimonio” (el tiempo es perfecto y por tanto la acción persiste); su testimonio, valedero para siempre, es estable, se basa en el ver.

Algunos manuscritos leen “elegido” y muchos otros dicen “hijo”. Resultaría extraño que cambiaran "Hijo" por "Elegido", mientras que lo contrario es probable (cambiado en la discusión contra los adopcionitas). 

Un texto de Qumrán refiere "elegido" a un personaje providencial: 

"todos sus cálculos sobre él fracasarán, aunque la oposición de todos los vivientes será grande. ... sus proyectos, porque él es el elegido de Dios. Su nacimiento y el soplo de su aliento sus proyectos existirán por siempre" [4QMess aram (4Q534) o 4QNoé I,10].

Aunque Dios eligió a muchos, la referencia a Is 42,1 recuerda la relación bautismo-Siervo (cfr. 1 Hen 49,2; 50,5). 

"En aquel día, mi Elegido se sentará en el trono de gloria..." (1 Hen 45,3)

La referencia es al Siervo, sobre quien reposa el Espíritu.

Relacionándolo con el Prólogo y la conclusión se atribuye a Juan Bautista la plenitud de inteligencia del misterio. La frecuencia del verbo "ver" invita a releer: a los ojos de Juan Bautista el Espíritu permanece en Jesús quien, dada la palabra de Dios, bautiza en Espíritu. El testigo concluye: es Hijo de Dios; rey de Israel, delegado de Yahvé, manifestado en términos de filiación (Sal 2,7). Juan Bautista continúa hablando el lenguaje del AT. Juan Bautista puede no haber pasado la perspectiva accesible a sus oyentes, pero Juan Evangelista incluye toda otra perspectiva La referencia a la "voz", a pesar de su paralelo sinóptico, tiene una diferencia: no es, aquí, una voz del cielo, sino la de un hombre; es un acontecimiento revelador, el testigo, de no saber pasa a anunciar la palabra divina. La fe lo transforma en la más íntimo de su ser.


Foto tomada de www.antenamisionera.org

martes, 7 de enero de 2020

El negro, el blanco… los (pocos) grises… ¡y Susana!


El negro, el blanco… los (pocos) grises… ¡y Susana!


Eduardo de la Serna



En nuestra frecuente incapacidad de análisis, o en las simplificaciones que nos son habituales, nos movemos entre extremos: bien y mal, blanco y negro, vida y muerte y otros tantos. Dejemos claro – de entrada – que es habitual, y no necesariamente negativo,  hablar de este modo. En la Biblia, por ejemplo, es frecuente hablar entre “las dos puntas”. A eso se lo suele llamar “merismo”, es decir, el modo poético-retórico que pretende abarcar el todo mencionando dos puntas (por ejemplo: “los cielos y la tierra”, es decir, todo el universo, también “los mares”). La literatura apocalíptica, asimismo, suele moverse entre puntas, pero en este caso por motivaciones socio-políticas, no quedan otras variantes: “si no hacés esto, ¡te mato!”, no hay tercera posición (aunque queda la trampa, que es simular que lo hago, pero no; pero contra esto la apocalíptica es durísima, porque, aunque no se haga, el ejemplo que se da a los demás es negativo).

Pero, fuera de estos terrenos, moverse entre extremos de blancos y negros se vuelve por lo menos simplista. Y ese simplismo puede ser peligroso. Una foto en blanco y negro no es un esténcil. Hay luces y sombras, grises y más grises… Hace mucho me contaron una anécdota que es ilustrativa: un profesor de arte fue con los alumnos a un parque. Y les dijo: “pinten… pero miren bien: ¿de qué color son los árboles?” “Verdes” le respondieron les alumnes al unísono. “Bien, ¿cuántos verdes ven?” Esa era la cosa: no es “verde” sino “verdes”, cientos de verdes… Desde que la conocí, me resultó maravillosa una pintura de Botero, una naturaleza muerta solo de naranjas. Y el fondo, también naranja. Decenas de colores naranjas.

En nuestra sociedad, por ejemplo, podemos mirar los extremos del colectivismo total y el individualismo absoluto. En el primero, el individuo sólo cabe en función de un todo, es una suerte de engranaje. Solo eso. En el segundo, el todo no importa sino en función de mí, si “me” aporta o perjudica. Pero en nuestras sociedades, los modos de vivirla, los modos de relacionarnos con les otres, esas actitudes son fundamentales. Y, como los grises, o los naranjas, hay miles. Tantos como habitantes, seguramente. Los hay quienes propugnan el individualismo más absoluto: que cada quién viva y sea responsable de su vida y de su suerte. No hay que pagar impuestos, todo según los propios méritos. Y si para hacerlo, tengo cuentas en el extranjero, en Panamá, por caso, o escondo un automóvil comprado como si fuera discapacitado/a para evadir impuestos, eso habla de una discapacidad humana, pero no es el tema. La solidaridad es mala palabra, el otro solo cuenta si “me” beneficia (mi amor) o perjudica (al que mata hay que matarlo, o revolearle un cenicero por la cabeza). Y también los hay para quienes solo cuenta el todo, y lo personal desaparece. O se mata (o manda a Siberia). Pero entre ambos, no hay, exactamente hablando, una “tercera posición” sino que hay cientos de terceras posiciones, como los verdes o los naranjas. Esto se manifiesta políticamente en las opciones electorales, y solamente en la segunda vuelta quedan “dos opciones”.

Entre el “yo” y el “otro” hay muchas combinaciones, muchos encuentros y desencuentros. Hay vida.

Los cristianos (católicos y evangélicos… siempre los no-fundamentalistas, claro) estamos invitados a mirar desde un horizonte que, más que colectivo (aunque lo sea) es bueno llamar “comunitario”. De comunidades se trata (es interesante notar que en la única carta personal a alguien que Pablo dirige, a Filemón, esta carta es, a su vez, comunitaria: “a toda la iglesia de tu casa”). El Evangelio es buena noticia a un Pueblo, a una comunidad. Y como garantía de que sea “para todos”, empieza desde abajo. Sólo cuando “los últimos”, las víctimas, los pobres, los des-preciados son valorados, tenidos en cuenta, asumidos como hermanes, sólo ahí hay “Evangelio – Buena Noticia”. Y esto debería ser “el lugar” desde el que miramos la vida, la sociedad, el mundo… y los impuestos. Algo que no pueden entender los Camachos, las Jeanines… ni las Susanas. En una comunidad, todos cuentan (contamos), porque todos somos vida en ella. Aportan y aportamos, alegría y sueños, bailes y llantos, cultura y bienes. El yo y el tú se celebran en un nosotros. Un nosotros en el que nadie desaparece, sino que todos compartimos, donde cada quién brilla por su vida y que encuentra en los demás a quienes potencian sus capacidades y fortalecen las carencias. A lo mejor por eso alguien habló de “comunidad organizada”.


Foto tomada de https://erasmusccp.wordpress.com/2012/05/25/fernando-botero-y-la-naturaleza-muerta/