A 50 años con muerte y esperanza
Cesen de obrar mal, aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, protejan a la viuda. Entonces, vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, se volverán blancos como nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. (Isaías 1,16-18)
Para los cristianos, el tiempo
previo a la Pascua, la Cuaresma, es tiempo de reflexión, de memoria y
autocrítica, de revisión y compromiso militante con la vida. Vida que a Jesús
le fue arrebatada, y vida que Dios le devuelve plena en la resurrección.
Para los argentinos, además, es
tiempo de pensar, revisar y militar la vida haciendo memoria que hace 50 años
se produjo un golpe de estado cívico militar con bendición eclesiástica, el más
cruel que hemos conocido y que dio origen a una dictadura cruel y genocida.
Hacer memoria no se trata,
simplemente de evitar un Alzheimer social, sino mirar bien de frente los
horrores, los delitos, los crímenes y complicidades porque sabemos que se trata
de algo perverso que disuelve de raíz los cimientos de la patria, se trata, en
cristiano, de pecado. Y, ciertamente, pecado mortal, porque los muertos nos
reclaman palabras y acciones. Palabras y acciones ¡hoy! Porque la memoria es
viva y es activa.
Cuando ayer (y hoy) dijimos
¡nunca más!, no se trató de cerrar una etapa, sino de comenzarla. Nunca más al
terrorismo de Estado o la violencia genocida que persisten en volver; nunca más
a la imposición de modelos económicos, políticos, culturales que excluyan a los
más débiles y pobres e impongan el poder de unos pocos sobre las mayorías y lo
siguen haciendo; nunca más a la violencia al que piensa distinto y a una
Iglesia cómplice de los poderosos. Porque militamos en favor de una patria para
todos y todas y de una democracia participativa, en favor de una Iglesia de los
pobres, iluminada por el ejemplo de las martiresas y los mártires de nuestra
tierra, en favor de la justicia social, la vida para todas y todos, y una
justicia que sea sencillamente “justa”.
Pero sabemos que, hace 50 años un
grupo de poderosos impulsó un golpe que fue orquestado por las fuerzas armadas,
y que cuando por su propia ineptitud, corrupción y mentira el modelo se
deshizo, los poderosos se invisibilizaron dejando que fueran condenados los
brazos armados, y no las cabezas impulsoras. Y, precisamente por eso, sabemos
que esos mismos poderosos se resisten ayer y hoy a reconocer que su modelo es sólo
eficaz para unos pocos y cruel con la mayoría. Y volvieron y siguen volviendo,
negando el pasado, ocultando la muerte y travistiendo la justicia.
La memoria de los y las mártires,
cristianos o no, nos impulsa e ilumina, nos fortalece y nos guía. Es otra la
patria que pretendemos, es otra la mirada a las y los otros, obturada por el
individualismo feroz. Es otro el mundo que soñamos e imaginamos posible.
Sabemos, dolorosamente, que hay decenas de sujetos del ambiente político que
han traicionado el voto que los puso en un lugar de decisiones, y esperamos que,
en adelante, los pueblos ejerzan la memoria.
Por eso queremos repetir, como
curas y cristianos: la justicia social es un valor fundamental para ser una
patria de hermanas y hermanos. El trabajo digno, justo y bien remunerado es la
base de la humanidad. La lealtad al pueblo de los pobres es el punto de partida
de una sociedad en la que podamos convivir con la diferencia y poniendo a los
pobres en el centro. La sangre que tantas hermanas y hermanos derramaron en
nuestro suelo, sea siembra de una patria gestada con dolor, pero creciente en
la esperanza y floreciente en vida y justicia, en verdad y en paz, en
solidaridad y la libertad verdadera, que sólo puede vivirse en comunidad. Por
eso rechazamos la esclavizante reforma laboral, la baja de edad de punibilidad,
la reforma a la ley de glaciares, y los insultos que profiere el presidente a
toda aquella persona que piensa distinto. Con tantos papas repetimos, ¡no a la
guerra!; ¡no a unas "relaciones carnales” con los poderosos que oprimen y
matan! Insistimos, ¡otro mundo es posible! Y no es por este camino. Reclamamos
memoria, verdad y justicia, y ¡fueron 30.000!
Curas
en opción por las y los pobres
24 de marzo 2026

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