jueves, 12 de marzo de 2026

Josué y Zorobabel

Josué y Zorobabel

Eduardo de la Serna



En el siglo VI antes de Cristo el pueblo de Israel pasó por una serie de momentos críticos muy importantes. Como todos los momentos de crisis, este también fue ocasión de que muchos se derrumbaran, pero a su vez de que otros edificaran creativamente caminos nuevos.

El poderoso ejército babilónico invadió Jerusalén y, finalmente, la destruyó por completo. Algunos pudieron huir a Egipto, pero los sectores más influyentes de la comunidad fueron llevados cautivos a Babilonia, mientras los pobres quedaron en la tierra. En Babilonia, además, hubo un choque de culturas; los judíos aprendieron mucho en el cautiverio, y – además – gestaron espacios y textos de resistencia. Es de destacar que una de las cosas que fueron más preocupantes fue que ya no había rey en Israel (y nunca más lo habría); pero en el destierro había sacerdotes, aunque no había templo.

Después de un tiempo (50 años), los babilonios son derrotados por los persas y estos permiten a todos los cautivos el regreso a sus tierras de origen; retorno que muchos emprenden con la intencionalidad de volver a sus casas, y, por cierto, llevaban consigo mucho de lo que habían aprendido.

Ahora había que reconstruir la nación, lo que no fue fácil, por supuesto (Esdras 3,2). Esto incluyó además de reconstruir la ciudad, volver a edificar el templo que estaba en ruinas (Esd 4,2.3; 5,2; Ageo 1,12-14). Es en este momento en que surgirán una serie de personajes muy importantes: Esdras, Nehemías, los profetas Ageo y Zacarías y también Josué y Zorobabel.

Los que regresaron añoraban los buenos tiempos pasados, y – si fuera posible – querían repetirlos o mejorarlos (Ageo 1,1). Entonces proyectaron un nuevo rey y un nuevo templo (Ag 2,2-4), y Zorobabel era descendiente del rey mientras que Josué era sacerdote, así que muchos empezaron a poner en ellos sus expectativas (Ag 2,21-23). Claro que los persas no permitirían que hubiera un rey, pero “la esperanza es lo último que se pierde” (Zac 6,11). Así que un rey y un “sumo sacerdote” empezaron a ser cada vez más proyectados como propuestas (Zacarías 4,7-10). Incluso, cuando ellos ya no estuvieran, porque todo fue en vano, podían soñar con un futuro rey, y un futuro sumo sacerdote, y esto empezó a ser cada vez más un proyecto y una perspectiva que un mero soñar. Además, los reyes y los sacerdotes tenían un elemento en común: ambos eran ungidos (ver Levítico 4,3.5; Números 35,25… sobre el sacerdote y 1 Samuel 24,10; Salmo 2,2… sobre el rey; y “ungido” en hebreo se dice “mesías”; por eso esta esperanza se conoce como “mesianismo”).

Así, en aquel momento, muchos soñaron que algo nuevo podía empezar con el sacerdote Josué y el descendiente de reyes Zorobabel; y, cuando esto se demostró ilusorio, no abandonaron esas esperanzas, y algunos empezaron, cada vez con más intensidad, a afirmar que vendría un rey ungido en un futuro, quizás no cercano. Otros, en cambio, esperaron un gran sacerdote que restaurara el culto y llevara Jerusalén a todo su perdido esplendor. Y algunos, además, guiados por Zac 4 (ver 4,14: "estos son los dos mesías que están en pie junto al Señor de toda la tierra") aguardaban dos mesías, uno rey y otro sacerdote. Así dice un viejo texto judío de la época de Jesús:

«Ésta es la asamblea de los hombres famosos, los convocados a la reunión del consejo de la comunidad, cuando engendre Dios al Mesías con ellos. Entrará el sacerdote jefe de toda la congregación de Israel y todos sus hermanos, los hijos de Aarón, los sacerdotes convocados a la asamblea, los hombres famosos, y se sentarán ante él, cada uno de acuerdo con su dignidad. Después entrará el Mesías de Israel y se sentarán ante él los jefes de los clanes de Israel, cada uno de acuerdo con su dignidad, de acuerdo con sus posiciones en sus campamentos y en sus marchas. (…) Y cuando se reúnan a la mesa de la comunidad para beber el vino, y esté preparada la mesa de la comunidad y mezclado el vino para beber, que nadie extienda su mano a la primicia del pan y del vino antes del sacerdote, pues él es el que bendice la primicia del pan y del vino y extiende su mano hacia el pan antes de ellos. Después el Mesías de Israel extenderá su mano hacia el pan. Y después bendecirá toda la congregación de la comunidad, cada uno de acuerdo con su dignidad».

 

Acá podemos entender, más tarde, que, aunque Jesús no fuera rey ni sacerdote en su tiempo, eso se empezó a proclamar como un anuncio de que en él se concretaban las más importantes esperanzas de su pueblo: Cristo rey y Cristo sumo y eterno sacerdote.


Imagen tomada de https://www.meisterdrucke.es/impresion-art%C3%ADstica/French-School/944452/El-profeta-Hageo-reprende-a-Zorobabel-y-a-Josu%C3%A9.html

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