Impunidad, mentira y Alzheimer
Los que vivimos de cerca la
dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica no queremos dejar de hacer
memoria, de reclamar justicia y exigir verdad.
Eso no nos transforma en
ingenuos; sabemos que el poder judicial es parte del mismo sistema cómplice del
genocidio; sabemos que los Medios de comunicación fueron - ¡y son! – artífices
de la mentira y que el poder económico pretende convencernos que ¡ya está!, que
no hay que seguir hurgando la historia. Y es por eso que sabemos que no es cosa
de “tener” memoria, verdad y justicia sino de militarlas. No es cosa de que
cuatro o cinco preservativos sean encarcelados para invisibilizar a quienes los
motivaron, impulsaron y manejaron (“idiotas útiles” los llamaban en mi época);
no es cosa de aceptar cuatro o cinco slogans que caricaturicen el pasado; no es
cosa de que un tic toc nos “sintetice” lo ocurrido. La verdad es ardua, exige
ser investigada, discutida, debatida, pensada; la justicia exige que, hasta el
último responsable, por microscópico que sea, pueda ser sancionado si se
demuestra su responsabilidad en el genocidio; la memoria es militancia, es
hacer memoria, buscar memoria, resistir la negación, el olvido o la
complicidad.
Cincuenta años es militancia…
Militar la justicia frente a un poder judicial cómplice, artífice de la
impunidad… Militar la verdad es buscar, rastrear, exigir datos (los que son
silenciados, invisibilizados, negados) … Militar la memoria es resistir la
comodidad de aceptar lo que nos quieren vender desde el poder.
Con este gobierno perverso que
corrompe el poder judicial, que no acepta la búsqueda de la verdad y que
caricaturiza la memoria, no nos queda sino la revolución… la militante
revolución de persistir, la subversiva revolución de exigir, la sencilla
revolución de resistir. Más tarde, o más temprano habrá verdad, habrá justicia,
habrá memoria. ¡Los 30.000 lo merecen!
Imagen tomada de https://www.meridiano63.com/post/la-corrupcion-y-la-impunidad-404
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