El terrorismo de
Estado fuerza del Imperio
Eduardo de la Serna
Pensando la memoria de los días
que se acercan y que fueron, retomé un libro que me pareció excelente. Anathea
Portier-Young (Ohio 1973), que pertenece a la tradición veterocatólica, escribió
un libro monumental e importante: Apocalipsis contra imperio. Teologías de
resistencia en el judaísmo antiguo (publicado en castellano por ed. Verbo
Divino, Nº 39 de la colección Agora, en 2016). El original es de 2011 y expresa
su tesis doctoral en la Universidad Duke de 2004. La seriedad de la obra queda
expresada en el prólogo de John J. Collins, probablemente uno de los estudiosos
actuales que más y mejor ha trabajado la literatura apocalíptica. Allí dice:
Este libro realiza una importante
contribución al estudio de Judea, bajo la dominación seléucida y al
conocimiento del contexto social de la literatura apocalíptica; pero hace más
que eso. El terror de estado que Portier Young describe aquí no es de ningún
modo exclusivo del imperio seléucida. Se trata de un fenómeno también repetido
en el presente. Igualmente, las diversas estrategias de resistencia que ella
refiere se emplean todavía en el mundo moderno. Es una realidad incómoda el
hecho de que muy a menudo se percibe a Estados Unidos como un imperio en la
tradición del seléucida. La información que ofrece Portier Young sobre las
diversas estrategias de resistencia nos puede ayudar a entender los motivos de
quienes se oponen activamente a la dominación imperial, que a menudo son
tildados de terroristas. Y también muestra que el recurso a la violencia no es
la única estrategia de resistencia aprobada y configurada por los escritos que
hemos heredado del judaísmo antiguo (pp. 10-11).
Anathea, como es razonable,
divide la obra en tres grandes partes: la teorización de la resistencia (cap.
1), la situación histórica de la dominación seléucida en Judea (caps. 2-6) y
las teologías apocalípticas de resistencia ante esa situación (caps. 7-10).
Lo que me parece ilustrativo, y a
lo que aquí hago mención, es precisamente a la segunda parte, la histórica. Los
aspectos para pensar nuestro presente (como dice Collins) creo que saltarán a
la vista.
Los seléucidas (herederos de
Alejandro Magno en la región de Siria hasta el Indo) capturan el actual
territorio judío luego de la batalla contra los ptolomeos en la 5ta guerra
siria (198 a.C.). Es a este período al que se refiere con detalles minuciosos
la obra de Anathea. Este estado seléucida provocó – lo cual es el eje temático
de la obra que comentamos – el surgimiento de diferentes modos de resistencia
y, obviamente, la consiguiente violenta reacción imperial. Este contexto de
violencia será el que – como literatura de resistencia y esperanza, hace surgir
los diferentes escritos apocalípticos (a los que Anathea dedicará la tercera
parte de su obra).
No hace falta señalar, solo
indico, que los griegos y los judíos, en lo cultural y religioso, estaban
“condenados” a no entenderse (más allá de las evidentes traiciones, ¡que las
hubo!). Nuevos surgimientos en los ptolomeos condujeron a la sexta guerra siria
(170-168 aC) de la que una consecuencia “colateral” fue la reacción contra los
judíos que – resistencia – se habían mantenido fieles a sus tradiciones. Y acá
el tema como lo plantea Anathea en el cap. 5:
Antíoco IV pretendió recrear el
Imperio y, para lograrlo, en Israel, implantó un “terror de Estado” (pp.
218-220), una masacre (pp. 221-224), irrupción y asesinatos en casas (pp.
224-226), secuestros (pp. 227-230), saqueos (al Templo especialmente; pp.
231-238), la humillación de toda la ciudad (pp.239-242), el envío a la ciudad de
un terrorista de Estado con mercenarios y sicarios (pp.242-256) y los consiguientes
diversos modos de reacción: huida al desierto, denuncias, confianza en Dios,
etc. (pp. 256-264).
En todo esto, para reflejar más
nuestra actual realidad, Anathea ilustra, muchos de estos momentos, haciendo
referencia a la situación argentina en los 70s, “la irrupción en las casas” (p.
225), donde en nota 21 dice:
«Sluka [Death: The
Anthropology of State Terror, Philadelphia 2000] señala que “la guerra
sucia (sic) en Argentina se convirtió en sinónimo de los modernos reinos del
terror y estimuló la antropología del terrorismo de Estado” (“Introducción”, p.
14). Los estudios antropológicos sobre el terrorismo de Estado en Argentina,
que están en la vanguardia de la investigación científica sobre este fenómeno
de una manera más amplia, proporcionan también un recurso importante para la
comprensión de la dinámica del terrorismo de Estado en el mundo antiguo».
Luego hace referencia a los
secuestros, donde destaca:
«Los secuestros eran también actos
de terror. Como los jerosolimitanos asesinados, los secuestrados y vendidos
como esclavos eran víctimas del terror seléucida, pero no sus objetivos. Los
objetivos eran los que quedaban atrás en Jerusalén y Judea. Cómo actos de
terror, los secuestros tenían la finalidad de traumatizar a individuos ya
abrumados y erosionar el tejido social de las comunidades de Jerusalén y del
resto de Judea. Entre los efectos traumáticos de la desaparición no solo estaba
la pérdida de seres queridos, sino la prolongación del miedo y la duda respecto
a la suerte corrida por ellos. Esa incertidumbre era una fuente de esperanza,
pero también de gran tensión psicológica y social. Los que habían visto
acuchillados a sus seres queridos sabían que habían muerto, y podían llorarlos
y quizás hasta darles debida sepultura; en cambio, el destino de los
desaparecidos seguía siendo una incógnita. Quienes habían quedado en una ciudad
llena de cadáveres, pero no habían encontrado a ninguno de los suyos entre los
muertos abrigaban, a la vez esperanza y miedo. (…) La modalidad de la “desaparición”
es más cruel todavía que el asesinato público, puesto que suscita la percepción
de peligro situando a la gente en un mundo imaginario, no seguro pero probable,
creado por la posibilidad de que la persona desaparecida esté aún con vida».
Y acota, en nota (p. 229 n.38):
“La desaparición en masa
perpetrada por Antíoco es diferente de la serie de desapariciones selectivas
que se llevaron a cabo en Argentina. Sin embargo, elementos comunes, como el
terror de Estado mediante secuestros, la pérdida traumática de miembros de las
familias y la subsiguiente respuesta resistente, permiten la exploración de
ulteriores paralelos”.
Me detuve extensamente en una
obra académica excelsa, con estudios detallados sobre la situación histórica
(2ª parte), frente a la cual hay diferentes actos y textos de resistencia (1ª
parte) la cual es desarrollada temáticamente (teológicamente; 3ª parte).
Como es de esperar en el habitual pluralismo bíblico, las respuestas no son uniformes sino variadas y van desde la fuga a la resistencia armada, desde la militancia religiosa a la sumisión, desde la traición a la respuesta sapiencial. Todo eso lo desarrolla Anathea en la tercera parte de la obra. Y, como señala J. J. Collins, “muestra que el recurso a la violencia no es la única estrategia de resistencia”. Pero, ¡y aquí lo fundamental!, que la resistencia es indispensable. Al menos los muertos, los desaparecidos, sus familias, los exiliados, los niños apropiados merecen que sigamos resistiendo, porque los desaparecidos siguen desaparecidos (¿dónde están?), porque los que ya no son niños siguen ignorando su identidad, porque el modelo económico implantado con la sangre y el terrorismo de Estado siguen vigentes, porque las traiciones siguen taladrando los corazones y tantas amigas y amigos con los que militamos y compartimos vida y muerte, sencillamente ¡lo merecen!
Imagen libro de Anathea Portier Young (Verbo Divino 2016)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquiera puede comentar y no será eliminado, aunque no este de acuerdo con lo dicho, siempre que sea respetuoso (caso contrario, será borrado). Pero habitualmente no responderé los comentarios, ni unos ni otros, para no transformar este blog en un foro. De todos modos, podrán expresar su opinión.