Lía y Raquel, hermanas enfrentadas
Es evidente que muchos
elementos, costumbres y actitudes de los tiempos bíblicos son totalmente
extrañas para nuestra cultura y nuestra mentalidad; por lo que – al
leerlos – sin duda debemos evitar “juzgarlos” con nuestros ojos, y dejar que los textos
nos “hablen” con libertad.
Es importante, siempre, en la
lectura de los textos sagrados, tratar de entender qué es lo que ellos nos
quieren decir. Por ejemplo, el sabido que Dios hace una promesa con Abraham. Es en
este momento que “empieza todo” para Israel. Abraham tendrá descendencia, tendrá
una tierra y tendrá “un nombre” (Gén 12,1-2). Sabemos, también, que el nieto de Abraham,
Jacob debe huir ya que su hermano Esaú quiere tomar reprimendas porque se supo
estafado (Gen 27,41-45). Es así que Jacob termina en tierras de Labán, su tío.
Además, es importante entenderlo, el texto pretende que él no contraiga
matrimonio con una mujer “extranjera” (es decir, “no judía”, por lo que Isaac
recomienda a Jacob el lugar donde debe ir; 28,1-5). En las puertas del
territorio, en un pozo, conoce a Raquel y se enamora de ella, incluso, el texto
nos dice que “la besó” (29,11; es el único beso de un varón a una mujer de toda la
Biblia, fuera del canto de amor del Cantar de los Cantares, ver 1,2). Jacob
quiere contraer matrimonio con ella (notar que en un mismo versículo se insiste
en que se trata de “un tío materno”, para resaltar que no se trata de una
extranjera; 29,10), y como no puede pagar la dote le ofrece a su tío trabajar
para él por siete años "a cambio" de su hija, cosa a la que Labán accede (29,18-19). Pero, al llegar
la fecha, y celebrarse la boda, aprovechando la oscuridad, este cambia a su
hija haciendo que Jacob duerma con Lía, que era la hermana mayor (29,23). Al
despertar, Jacob descubre el engaño (Labán se justifica diciendo que no es costumbre dar en
matrimonio a la menor antes que a la mayor; 29,26). Por tanto, Jacob debe
servir a Labán otros siete años para conseguir a Raquel.
En este contexto, el relato deja claro el contraste entre ambas hermanas. Mientras Raquel era hermosa de
figura, Lía tenía “ojos apagados” (algunas traducciones dicen “tiernos”; 29,17). Pero, la competencia no es solamente estética, ni radica en el enamoramiento explícito de Jacob por Raquel y no por Lía, sino que también
se expresa en la descendencia. Lía da a luz varios hijos, mientras que Raquel
es estéril (29,31). Lía imagina que la descendencia (¡4 hijos!) logrará que
Jacob la prefiera a ella, cosa que no consigue (29,32-35). Esto hace que Raquel
dé a Jacob su sierva Bilha para que engendre “hijos adoptivos” (30,1-3) … Esto hace exclamar exultante a Raquel al nacer el segundo de ellos: “Una competición divina: he competido con mi
hermana y la he podido. Y lo llamó Neftalí” (30,8). Lía, entonces, intentando
aún conseguir el favor de Jacob (que evidentemente está con Raquel) le entrega
su sirvienta, Zilpa, con la que también tiene dos hijos (30,9-13). Aquí sucede
una curiosa escena en la que el hijo mayor de Lía, Rubén, encuentra unas
mandrágoras (que eran tenidas por afrodisíacas y buenas para la fertilidad) y
se las da a su madre. Raquel se las pide a cambio de permitirle pasar la noche
con Jacob (30,14-16), con lo que vuelve a quedar embarazada y da a luz dos
hijos más y, finalmente, una mujer (30,17-21). Luego de todo esto (¿consecuencia de las
mandrágoras?), Raquel puede engendrar y da a luz a José (30,22-24). Luego
engendrará a Benjamín, pero muere en el parto (35,16-19). Evidentemente, esta
predilección de Jacob por Raquel se prolonga luego en sus hijos, José y
Benjamín (y los celos de los restantes hermanos a causa de ello; 37,23-36). Más
elementos podrían señalarse, pero detengámonos aquí.
Esta trama de engaños, como el
de Jacob a Esaú, o el de Labán a Jacob, la “compra” de una hija para obtenerla
como esposa, la poligamia y otros aspectos, ciertamente son cosas difíciles de
entender en nuestros tiempos. Lo importante, en este caso, es tener en cuenta
que el texto nos quiere mostrar – con peripecias propias de las personas, con
amores y trampas, preferencias y negativas – cómo va creciendo la descendencia
de Abraham, cómo empieza a nacer un pueblo, que será el pueblo que Dios se ha
elegido para sí. Las dos mujeres de Jacob y sus respectivas sirvientas permiten,
con su competencia, con sus limitaciones, que surjan los doce hijos varones, que luego
serán las Doce tribus de Israel (el cual será el nuevo nombre de Jacob; 32,29). "Dios escribe derecho con renglones torcidos", se dice.
Imagen tomada de https://www.biblio.com/book/lamina-v20497-vision-dante-raquel-y/d/1514939378?srsltid=AfmBOor1ULa5bEP10qakaRyn10ZHKBAhBLZvHaGJz33A-OB-cGlyFBQ1
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