Unos pastores
Como es fácil de imaginar, en los tiempos bíblicos
había dos tipos de pastores: los que eran miembros de una familia que tenía
ovejas y cabritos y debían llevarlos diariamente a pastar y, también, aquellos
que eran contratados para esa tarea.
Ambos hacían lo mismo, pero había diferencias sustanciales:
La diferencia principal era que unos – aunque se
tratara del más pequeño de la familia (ver 1 Sam 16,11) – eran los dueños del rebaño, mientras
que los segundos eran simplemente responsables circunstanciales.
Otra diferencia, y esta muy importante, era la
responsabilidad. Los poseedores de pequeños rebaños saben que cada oveja o
cabra es importante, por la lana y la leche, para empezar, y – muy
ocasionalmente – la provisión de carne, y – entonces – ante el peligro, como
pueden representar animales salvajes que pongan en riesgo la vida de alguna de ellas, el
pastor arriesga su propia vida porque toda su familia depende de ello. En
cambio, el contratado difícilmente acepte el riesgo por algo que no es suyo.
Queda, todavía, una tercera diferencia: precisamente
por no ser propia, no son pocas las veces que un contratado dirá que un animal
se desbarrancó o que las arrebató un lobo, cuando, en realidad, lo comió él con
otros pastores-contratados amigos. Eso jamás lo haría un propietario, ciertamente. Al
menos, no uno que sea responsable. Precisamente por esta característica, es
decir, que no haya manera de demostrar lo que realmente ocurrió y que exista la
posibilidad de aprovecharse de la situación es que – como ocurre con otros
oficios – el ser pastores contratados era algo sumamente despreciado y mal
mirado.
Estos dos tipos son destacados, por un lado, por Jesús
cuando se presenta a sí mismo como “buen pastor” (Jn 10,11.14) destaca que,
evidentemente, por serlo, arriesga su vida frente al peligro, a diferencia del
contratado que, en ese caso, huye (10,12).
Señalemos brevemente que, precisamente por todo lo que
acá destacamos, es habitual en el mundo antiguo, utilizar la imagen del pastor
para aludir a todos los que tienen alguna responsabilidad dirigente en la
sociedad: responsabilidad política, como reyes o gobernantes, o responsabilidad
religiosa, como los sacerdotes. Es muy frecuente en los textos destacar el
desconcierto, por ejemplo, de un pueblo cuando no tiene un buen pastor (Núm 27,17; 1 Re
22,17; 2 Cr 18,16; Jdt 11,19; Jl 1,18…) cosa que reiteran los Evangelios
(Mt 9,36; Mc 6,34).
El criterio para señalar si se trata de buenos o malos
pastores es la atención y cuidado que presten a la vida de los que le son
confiados. El profeta Ezequiel (cap. 34) – que iluminó al evangelio de Juan en
el texto que citamos – destaca críticamente a los malos pastores y los que “se
alimentan” del rebaño, o “se apacientan a sí mismos” (Jud 12). Por eso, Jesús
contrasta la actitud del pastor con la que aquellos ladrones y salteadores que
pretenden “robar, matar y destruir” (Jn 10,8.10).
Pero queda, todavía un signo muy interesante narrado
por san Lucas. Jesús ha nacido, y – porque no había lugar en el
alojamiento – es acostado en un pesebre, es decir, el lugar propio de un asno o de un
buey (Isaías 1,3; Lucas 13,15).
Pero no solamente esto, sino que los enviados de Dios, los ángeles, quieren
comunicar “una gran alegría
para todo el pueblo” (2,10) y para anunciar eso lo hacen comenzando por los despreciados
sociales, es decir, un grupo de pastores (sea por ser contratados, o sea por ser niños pobres que tienen unas pocas ovejas o cabras). Una vez más Dios se manifiesta
empezando por lo ínfimo y despreciado: un pesebre, pastores, y el “gran signo”
que estos verán es un niño en pañales (es decir, como todos los niños) y esto será la
gloria de Dios “en el cielo” y que traerá paz a los seres humanos en la tierra
(2,14), es decir, este niño pobre, no el Imperio Romano y su impuesta “paz” del
miedo y las armas. Los pastores, es decir, los últimos de la sociedad son los
que dieron a conocer a todos lo que la voz del cielo les había comunicado y
todos los oyentes “se maravillaban” de lo que escuchaban (2,17-18). Una vez
más, “Dios ha elegido los necios del mundo
para humillar a los sabios, Dios ha elegido a los débiles del mundo para
humillar a los fuertes” (1Cor 1:27), y los pastores en el pesebre son un buen
ejemplo de esto.
Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/pastores-cuidando-sus-reba%C3%B1os-bajo-un-cielo-estrellado-una-escena-pastoral-de-paz-y-tranquilidad-ba%C3%B1ada-la-luz-luna-suave-image373433578
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