jueves, 26 de marzo de 2026

Unos pastores

Unos pastores

Eduardo de la Serna



Como es fácil de imaginar, en los tiempos bíblicos había dos tipos de pastores: los que eran miembros de una familia que tenía ovejas y cabritos y debían llevarlos diariamente a pastar y, también, aquellos que eran contratados para esa tarea.  Ambos hacían lo mismo, pero había diferencias sustanciales:

La diferencia principal era que unos – aunque se tratara del más pequeño de la familia (ver 1 Sam 16,11) – eran los dueños del rebaño, mientras que los segundos eran simplemente responsables circunstanciales.

Otra diferencia, y esta muy importante, era la responsabilidad. Los poseedores de pequeños rebaños saben que cada oveja o cabra es importante, por la lana y la leche, para empezar, y – muy ocasionalmente – la provisión de carne, y – entonces – ante el peligro, como pueden representar animales salvajes que pongan en riesgo la vida de alguna de ellas, el pastor arriesga su propia vida porque toda su familia depende de ello. En cambio, el contratado difícilmente acepte el riesgo por algo que no es suyo.

Queda, todavía, una tercera diferencia: precisamente por no ser propia, no son pocas las veces que un contratado dirá que un animal se desbarrancó o que las arrebató un lobo, cuando, en realidad, lo comió él con otros pastores-contratados amigos. Eso jamás lo haría un propietario, ciertamente. Al menos, no uno que sea responsable. Precisamente por esta característica, es decir, que no haya manera de demostrar lo que realmente ocurrió y que exista la posibilidad de aprovecharse de la situación es que – como ocurre con otros oficios – el ser pastores contratados era algo sumamente despreciado y mal mirado.

Estos dos tipos son destacados, por un lado, por Jesús cuando se presenta a sí mismo como “buen pastor” (Jn 10,11.14) destaca que, evidentemente, por serlo, arriesga su vida frente al peligro, a diferencia del contratado que, en ese caso, huye (10,12).

Señalemos brevemente que, precisamente por todo lo que acá destacamos, es habitual en el mundo antiguo, utilizar la imagen del pastor para aludir a todos los que tienen alguna responsabilidad dirigente en la sociedad: responsabilidad política, como reyes o gobernantes, o responsabilidad religiosa, como los sacerdotes. Es muy frecuente en los textos destacar el desconcierto, por ejemplo, de un pueblo cuando no tiene un buen pastor (Núm 27,17; 1 Re 22,17; 2 Cr 18,16; Jdt 11,19; Jl 1,18…) cosa que reiteran los Evangelios (Mt 9,36; Mc 6,34).

El criterio para señalar si se trata de buenos o malos pastores es la atención y cuidado que presten a la vida de los que le son confiados. El profeta Ezequiel (cap. 34) – que iluminó al evangelio de Juan en el texto que citamos – destaca críticamente a los malos pastores y los que “se alimentan” del rebaño, o “se apacientan a sí mismos” (Jud 12). Por eso, Jesús contrasta la actitud del pastor con la que aquellos ladrones y salteadores que pretenden “robar, matar y destruir” (Jn 10,8.10).

Pero queda, todavía un signo muy interesante narrado por san Lucas. Jesús ha nacido, y – porque no había lugar en el alojamiento – es acostado en un pesebre, es decir, el lugar propio de un asno o de un buey (Isaías 1,3; Lucas 13,15). Pero no solamente esto, sino que los enviados de Dios, los ángeles, quieren comunicar “una gran alegría para todo el pueblo” (2,10) y para anunciar eso lo hacen comenzando por los despreciados sociales, es decir, un grupo de pastores (sea por ser contratados, o sea por ser niños pobres que tienen unas pocas ovejas o cabras). Una vez más Dios se manifiesta empezando por lo ínfimo y despreciado: un pesebre, pastores, y el “gran signo” que estos verán es un niño en pañales (es decir, como todos los niños) y esto será la gloria de Dios “en el cielo” y que traerá paz a los seres humanos en la tierra (2,14), es decir, este niño pobre, no el Imperio Romano y su impuesta “paz” del miedo y las armas. Los pastores, es decir, los últimos de la sociedad son los que dieron a conocer a todos lo que la voz del cielo les había comunicado y todos los oyentes “se maravillaban” de lo que escuchaban (2,17-18). Una vez más, “Dios ha elegido los necios del mundo para humillar a los sabios, Dios ha elegido a los débiles del mundo para humillar a los fuertes” (1Cor 1:27), y los pastores en el pesebre son un buen ejemplo de esto.


Imagen tomada de https://es.dreamstime.com/pastores-cuidando-sus-reba%C3%B1os-bajo-un-cielo-estrellado-una-escena-pastoral-de-paz-y-tranquilidad-ba%C3%B1ada-la-luz-luna-suave-image373433578

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