martes, 8 de julio de 2025

Domingo 15C

“Vete a practicar la compasión para que vivas”


DOMINGO DECIMOQUINTO - "C"


Eduardo de la Serna





Lectura del libro del Deuteronomio     30, 9-14



Resumen: Israel tiene un Dios cercano, un Dios que es “su Dios”, a pesar de que “su pueblo” le ha sido infiel y lo ha rechazado. Luego de un tiempo de purificación, Dios vuelva a proponer el encuentro, como una suerte de nuevo éxodo, con una nueva circuncisión, recordándoles que poner en práctica los mandamientos es algo accesible a la vida de los suyos.

El libro del Deuteronomio es un libro complejo y revela diferentes etapas en su composición; seguramente es terminado en tiempos del exilio de la élite en Babilonia (587 – 537 a.C.). Una parte del texto litúrgico del día, alude expresamente a esto (30,1). Sin embargo, narrativamente el pueblo se encuentra en la región de Moab en camino a la “tierra prometida”, y los vv.11-14 parecen volver a ese tiempo. De hecho, la primera parte de la unidad literaria (30,1-10) parece estar en conexión con Dt 28, no tanto con cap.29. Veamos brevemente la unidad para entender mejor el texto litúrgico. La referencia a la bendición y maldición (cf. Dt 28 con el que está relacionado); abandona la segunda persona del plural para pasar al singular. Yahvé tendrá piedad de “ti” por gratuidad (4,31; cf. Jer 30,18; 33,26; Mi 7,19).

El exilio parecería indicio de que Dios ha roto definitivamente la alianza con su pueblo (28,58-68), sin embargo no es así como el autor del Deuteronomio lo ve; por el contrario es visto como un momento pedagógico. Si el gran pecado de Israel es la idolatría (“Sólo a Yahvé adorarás”, 5,6-7; 6,4), el exilio es un gran momento purificador; no es –entonces- el “fin de los tiempos” sino el fin de “estos tiempos”. Por eso el término clave de la unidad es “conversión”, “volver” (šûb; 30,1.2.3.8.9.10; cf. 4,29-31; 1 Re 8,46-50) “con todo el corazón” (vv.2.6.10) y por eso se repite tan frecuentemente en toda la unidad “Yahvé tu Dios” (30,1.2.3[2x].4.6[2x].7.8.9[2x].10[2x]) es decir, el Dios de la alianza (“ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Ex 6,7; Dt 26,17-18; 29,12). Como estaba mandado, estas cosas deben pasar por “el corazón” (6,4). Una suerte de “nuevo éxodo” se repetirá en el destierro (30,3-5). Dios mismo (ya no “el pueblo”, o cada uno) circuncidará el corazón de su pueblo a fin de que la alianza sea plena. Para estos, Dios les garantiza la “fecundidad” de los vientres, los ganados y los suelos (v.9) porque así serán felices y Dios se complacerá en ello. Esto se concluye en v.10 donde retoma por última vez las dos ideas fuerza (“tu Dios” y “conversión”, como hemos dicho). Este libro (v.10) es la ley, el mismo Deuteronomio (cf. 28,58.61; 29,19.20.26). No es una alianza esotérica que requiera medios extraordinarios, es una alianza con el corazón (Jer 31,33; Ez 36,26-27, como la circuncisión, v.6).

Sin embargo, existe la posibilidad de que el pueblo crea que el cumplimiento de las normas y preceptos (v.11) es prácticamente imposible, y entonces dedica el párrafo siguiente (vv. 11-14) a desmontar esa idea. Al pasar el mandamiento por el corazón, lo interioriza, lo vuelve cercano. La referencia a la distancia entre cielo y tierra es frecuente en la literatura sapiencial (Pr 30,4; Bar 3,29-30; cf. Sal 139).

Como se ha dicho, los vv. 11-14 no tienen conexión directa con los versículos precedentes ni con los posteriores; retornan bruscamente a la realidad de la generación que está en Moab y su temática parece empalmar con 29,28 (no con c.28 como los vv.1-10). La intención es hacer ver a los contemporáneos que el cumplimiento de la ley es posible, porque esta no es lejana (cielo, mar) sino cercana (boca, corazón); cf. 6,6-7; Jos 1,8. El mar es símbolo del caos (Sal 33,6-9; 74,12-15), cruzarlo –por tanto- es sinónimo de la dificultad por excelencia (como también se ve en escritos mesopotámicos; es bueno recordar que Israel no es un pueblo navegante, como sí lo son los fenicios). La idea principal es que para Israel, Yahvé es un Dios cercano (Dt 4,7), y también son cercanos los medios que él mismo propone para amarlo.


Lectura de la carta a los Colosenses             1, 15-20



Resumen: Dado que algunos en Colosas han interpretado la persona de Cristo como uno más de los ángeles, el autor de la carta intenta destacar –y el himno introductorio lo presenta claramente- la primacía fundamental de Cristo ya desde la creación, y luego en el acontecimiento reconciliador de la creación entera.

Para comenzar con esta carta, que se leerá durante algunas semanas, destaquemos algunos breves elementos introductorios que conviene tener presentes.  Es muy probable que esta carta no sea compuesta por Pablo sino por un discípulo, transcurrido bastante tiempo y –probablemente- habiendo ya desaparecido el Apóstol. Hay muchos indicios que nos invitan a esta conclusión, como temáticas que indican el paso del tiempo, y respuestas que también parecen propias de nuevas realidades y una mayor “organización” eclesial. 

El texto que se propone en la liturgia es un gran himno introductorio, donde encontramos presentados algunos elementos que se desarrollarán más extensamente –o más claramente- en el cuerpo de la carta. 

Algunos autores proponen que el himno comienza en realidad en v.12, pero es posible que vv.12-14 sean una suerte de conclusión de lo anterior e introducción al himno, es decir, un pasaje de transición con elementos comunes a la acción de gracias y oración inaugural (1,3-11) y también al himno (1,15-20). 

Se trata de un texto primitivo quizás no paulino de origen litúrgico, con interesantes reminiscencias a los textos sapienciales bíblicos y para-bíblicos (Qumrán incluido), incorporado por el autor para ilustrar lo que desarrollará a continuación. Es interesante ver cómo está estructurado el himno para ver cómo despliega su pensamiento el autor:

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.15
2.- pues en él (hoti en auto) todas las cosas (ta panta) en cielos y tierra v.16
3.- todo por él y para él (panta di autou kai eis auton) v.16

1.- Él es… (hos estin) […] Primogénito (prôtotokos) v.18
2.- pues en él (hoti en auto) toda la plenitud (pan ta plêrôma) v.19
3.- por él … y todo para él (kai di autou… ta panta eis auton) en la tierra y los cielos v.20

Esto nos muestra dos estrofas construidas de modo semejante, la primera poniendo el centro en la creación (v.15.16 formando inclusión) y la segunda en la reconciliación (v.20; también presentada como pacificación). 

El tema de la primera estrofa es el papel de Cristo en la creación. Como pretende destacar la preexistencia y su relación con la creación, el autor recurre a imágenes propias de la literatura sapiencial: Pr 3,19; 8,22-31; cf. Sab 7,22; 9,2-4. 

Pablo hablaba de los seres humanos como “imagen” de Dios (cf. Rm 8,29; 1 Cor 11,7; 15,49; 2 Cor 3,18) pero también lo dice de Cristo (2 Cor 4,4); la imagen (eikôn, de donde viene nuestro término “ícono”). El término remite frecuentemente a los ídolos (cf. Mc 12,16p; Rm 1,23) pero en la carta lo volvemos a encontrar en referencia a Cristo (el Hombre Nuevo) “imagen” del Creador (3,10).

Los “Tronos, dominaciones, Principados y Potestades” forman parte del “todo creado en cielos y tierra”. No es evidente a qué se refiere ya que en 2 Pe 2,10; Jds 8 se refiere a personajes terrenos. El trono (thrónos) es con frecuencia un asiento (cf. Mt 5,34; 19,28…) y jamás se encuentra en Pablo ni en sus discípulos fuera de aquí. El señorío (kyriótês) fuera de este texto y en 2 Pe y Jds lo volvemos a encontrar en Ef 1,21, un texto que parece influido por Colosenses. Los “principados” (arjê, por tanto también príncipe, principio, comienzo) los encontramos en Rom 8,38 que parece contrapuesto (por el contexto) a ángeles, en 1 Cor 15,24 junto con “poder y dominación” son destruidos por Jesús que está por encima de ellos (Ef 1,21) al final de la historia, se manifiesta a ellos y potestades en la Iglesia (Ef 3,10) que son “fuerzas del mal” (Ef 6,12). Jesús es el “principio” (Col 1,18), la “cabeza” de todo “principado y potestad” (2,10) y son despojados por Cristo (2,15). Las potestades (exousía, por tanto también poder, derecho, libertad) en Rom 13,1.3 se refiere a las autoridades romanas, como se dijo, son adversarios de Cristo (1 Cor 15,24; en Ef 2,2 tienen que ver con el “príncipe” (arjontes) del poder y espíritu que actúa en los rebeldes; 3,10; 6,12; en Col 1,13 es “poder de las tinieblas”; cf. 2,10.15). Como se ve, en general se refiere a fuerzas supra-humanas, con frecuencia ángeles que obran el mal. En este caso, luego de haber señalado que todas las cosas fueron creadas “en él”, señala un par de merismos (construcción retórica que expresa la totalidad señalando extremos opuestos: cielo-tierra; visible-invisible) y concluye señalando la creación de estas fuerzas, para las que la “herejía colosense” contra la que el autor reacciona, parecen fuerzas rivales de Cristo, o “complementarias”.

Una nota sobre la “herejía de Colosas”: La angelología fue muy desarrollada en el judaísmo tardío; incluso empieza a proliferar una suerte de culto a los ángeles que será combatido en el N.T. (cf. Col 2,18; Heb 1,5.13). Pareciera que algunos en Colosas, ante la importancia dada a Cristo por los cristianos lo han puesto como “un gran ángel” o algo semejante. De allí la insistencia del autor en relacionarlo con la Creación, y como que “todo” fue creado “en él, por él y para él”, es “el primero en todo”, y “en él reside la plenitud de Dios corporalmente” (2,9; cf. 1,19) e incluso los “derrota”.

Como dijimos, la referencia a antes que todo alude a los textos sapienciales de la sabiduría. El himno presenta a Cristo como preexistente, otro reflejo de especulación sapiencial del judaísmo helenístico.

En la segunda estrofa, se destaca que Cristo es “la cabeza del cuerpo, la Iglesia (v.18; cf. 2,19). Muchos autores suponen que «la Iglesia» altera la idea de Cristo como cabeza del cuerpo cósmico, y que sería un añadido a un texto primitivo. Pero el tema “cabeza del cuerpo, la Iglesia” es un tema importante en Colosenses (1,24.27; 2,17.19; 3,15 y en Efesios 1,23; 4,15- 16; 5,23). En los escritos auténticos de Pablo la imagen del cuerpo es usada como metáfora de la Iglesia (1 Cor 6,15; 10,16-17; 12,12-27; Rom 12,4-5); en este caso no se trata de una “imagen como un cuerpo” sino del mismo cuerpo de Cristo (tampoco de un “cuerpo místico”, por cierto) lo cual significa un avance con respecto a Pablo.

Una nota sobre la escatología de Col (y Ef): como se sabe, Pablo espera para un tiempo relativamente cercano la venida de Jesús (cf. 1 Tes 4,15-17; 1 Cor 15,51-52). Sin duda que Pablo fue evolucionando en este sentido, especialmente cuando empieza a ver la muerte suya como algo posible y cercana. Pero no parece –en este caso- que Pablo piense que Jesús demorará su venida sino que él adelantará su partida. Con el paso del tiempo, la demora de esta venida de Jesús fue un tema interesante para los cristianos. ¿Por qué se demora? Mientras algunos autores (emblemáticamente 2 Pe 3,3-10) destacan que se demora expresamente a fin de dar la ocasión de la conversión; otros (y Colosenses es un ejemplo de ello; también Efesios o el evangelio de Juan) señalan que nosotros en cierta manera ya entramos en este ámbito escatológico. Eso se verá claramente en Ef 2,6 donde “nosotros” ya estamos resucitados, sentados en los cielos “en Cristo”. En este sentido, la imagen de la cabeza y el cuerpo sirve en cierta manera para remarcar esta tensión entre lo que se ha llamado frecuentemente el “ya", y el "todavía no”.

Señalar que Jesús es el principio parece ser un juego de palabras entre arjê, principio, referido a la preexistencia y al rol de Cristo en la creación, y arjê, «principado» que hemos señalado. Es paulino también la idea de Jesús como el primogénito de entre los muertos (cf. Rom 8,29; 1 Cor 15,20) en obvia referencia a la resurrección de Jesús y su estrecha relación con la de la humanidad.

Al señalar que en él reside la plenitud parece una versión abreviada de lo que dirá en 2,9: “en él reside la plenitud de la divinidad corporalmente”. Los que piensan en un himno primitivo no paulino, lo relacionan con la plenitud de poder en la creación. 

Pero el objetivo es la “reconciliación” (apokatallasô, término que sólo se encuentra en Colosenses 1,20.22 y Efesios 2,16; Pablo utiliza simplemente katallassô, cf. Rom 5,10; 2 Cor 5,18.19.20; cf. 1 Cor 7,11) que es sinónimo de “pacificar” (única vez en el NT; y sólo una vez en el AT griego, Pr 10,10). Lo que se reconcilia es “todo”, lo que se pacifica (por la sangre de su cruz) es también “todo” expresado en el merismo “tierra y cielos” (v.20).


+ Evangelio según san Lucas     10, 25-37


Resumen: Un doctor de la ley, por tanto un experto, pregunta a Jesús por la ley. Todo se sintetiza en un mandamiento doble de amor a Dios y al prójimo. Pero ser prójimo no es algo de escuelas rabínicas, sino un accionar movido por la compasión y la misericordia. El que vive de esa manera es el que alcanza la vida.

En el Evangelio de Marcos, fiel a su estilo de destacar 3 cosas, presenta tres encuentros de Jesús con diferentes grupos al llegar a Jerusalén: fariseos y herodianos, saduceos y escribas. La pregunta del escriba es sobre el “primero de todos los mandamientos” (12,28) y Jesús responde por “el primero” y “el segundo” (vv.29.31) afirmando que “no hay mandamiento mayor que estos” (v.31). Lucas, en cambio, prefiere modificar el lugar de este acontecimiento, y lo ubica en la gran sección del camino (9,51-19,40). Como se ha visto en los domingos anteriores, esta gran sección destaca centralmente el papel del discipulado. El texto que la liturgia propone sigue esta misma dinámica.

Aquí el que formula la pregunta lo hace “para ponerlo a prueba” sin que sea muy claro cuál sería la prueba en este caso, quizás obligarlo a que diga claramente qué lugar tiene la Ley en la misión de los seguidores de Jesús; además, el que formula la pregunta es presentado como un hombre de la ley (cf. 11,45.46.52; 14,3). La escena es doble (y particularmente la segunda es propia de Lucas, la así llamada "parábola del buen samaritano"). 

1.      Pregunta del doctor de la ley
v.25
v.29
2.      Contra-pregunta de Jesús
v.26
vv.30-36 -parábola-
3.      Respuesta del doctor de la ley
v.27
v.37a
4.      Mandato de Jesús
v.28
v.37b

A diferencia de Marcos, no es Jesús quien responde sino el mismo doctor de la ley haciendo suya una doble cita de Dt 6,5 y Lev 19,18. Jesús confirma, entonces, la importancia de la ley “para obtener la vida”. La pregunta había sido para alcanzar la vida y Jesús concluye afirmando que “vivirá” si “hace eso” (v.28). 

Las diferentes escuelas judías debatían sobre “quién es miembro del pueblo de Dios”, es decir, ¿quién es mi prójimo? Es la formulación que retoma el doctor de la ley a fin de “justificarse” por hacer una pregunta que debería serle obvia (y que, de hecho, él mismo responde). La nueva pregunta parece ahora propia de las escuelas. La escuela de Shammai, más rígida, sostenía que sólo son “prójimos” (y por tanto alguien a quien se debe amar y reconocer) los “buenos judíos”; la escuela de Hilell, en cambio, más abierta, afirmaba que prójimo es “todo judío”. Lo que ahora viene a preguntar el doctor de la ley parece ser por qué escuela es que Jesús se inclina. 

Antes de formular la contrapregunta, Jesús narra una historia. Como suele ocurrir en muchas parábolas se trata de una historia verosímil con un final provocativo. Ante una persona “medio muerta” (v.30) a causa de un asalto, era razonable que escribas y sacerdotes no tocaran al herido a fin de no contaminarse de impureza por contacto con cadáver [Lev 21,1; Núm 5,2; 19,11; Ag 2,13] o por sangre [Lev 12,5; 15,19.25; cf. Gen 9,4] (vv.31-32). La provocación viene dada porque el accionar esperado y deseado proviene de un “samaritano”. Cualquier oyente de Jesús -o lector de Lucas- sabe que los samaritanos son personajes rechazados en Israel a causa de una mutua tensión y enemistad (ver Jn 4,9; Lc 9,52-53). Lo que caracteriza el accionar de este samaritano es la “compasión” (splagjnizomai; término que remite a las splagjna, las entrañas). Esta compasión lo lleva a una delicada atención del herido: curarlo, cuidarlo, conducirlo a un albergue, y proveer su sustento y cuidado en su ausencia (vv.33-35). Como suele suceder en las parábolas, no hay que buscar sentido a cada cosa o cada paso dado por el samaritano, sino simplemente descubrir en ellos la dedicación a la que la compasión por el herido mueve al samaritano. 

Esta parábola ha sido con frecuencia alegorizada, con lo que pierde la mordiente que Lucas quiere darla. De ninguna manera el samaritano es Jesús, como se dice en ocasiones... el samaritano es un enemigo, y de ahí el fuerte contraste con sacerdotes y levitas, y lo inesperado de su misericordia.

Planteada la situación francamente chocante, encontramos la contra-pregunta de Jesús. Contra-pregunta que tiene un pequeño cambio con respecto a la pregunta inicial. Ésta era “quién es mi prójimo” y Jesús pregunta “quién se comportó como prójimo”; es decir, no importa quién es el miembro del pueblo de Dios que es así acreedor del amor de los “hermanos”, sino cuál es el modo de obrar que se espera de un miembro del pueblo de Dios. 

Los dos términos clave en esta parábola son sinónimos: compasión y misericordia. La compasión es lo “entrañable” (splagjna). El verbo sólo se encuentra en los Sinópticos en el NT (5x en Mt; 4x en Mc y 3x en Lc); es la actitud característica de Jesús ante el sufrimiento. El sujeto del verbo casi siempre es Jesús, y en Lucas tiene una nota característica: en los 3 casos se dice en un contexto de “muerte”: ante la viuda de Naim (7,13), y el padre del hijo que vuelve a casa después de dilapidar la herencia, “estaba muerto y ha vuelto a la vida” (15,20) o, aquí, ante el herido “medio muerto”. La compasión de Jesús, que mueve a su obrar, en Lucas está en estrecha relación a la vida. La misericordia (eleos), en cambio, es más frecuente en el NT, en Mt (3x) se trata de lo que Dios quiere de la humanidad (9,13; 12,7; 23,23); ausente en Marcos, se encuentra 6x en Lucas, fuera de este texto, siempre en el Evangelio de la infancia (1,50.54.58.72.78; 4x en himnos litúrgicos). Ausente a su vez en Juan y en Hechos, lo encontramos 4x en Pablo, 6x en las cartas de discípulos de Pablo, 2x en Sgo y Jds, y x1 en Heb, 1 Pe y 2 Jn. Es interesante el uso en Lc 1,78 que habla de las “entrañas de misericordia” (splagjna eleous). 

El doctor de la ley responde, pero a la pregunta no dice “el samaritano”; es que se trata de un grupo estigmatizado y despreciable. Sin embargo “practicó misericordia” (eleos), y en este caso nada menos que un samaritano se muestra como miembro del pueblo  de Dios en su obrar. De allí el nuevo mandato de Jesús: “haz tú lo mismo” con lo que amplía el horizonte de pertenencia (y de discipulado) y le muestra el camino a la “vida eterna” que el doctor de la ley esperaba.


el video con comentario al -Evangelio del domingo. Se puede ver en
https://youtu.be/fJjkVfTizAA
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/07/video-con-comentario-al-evangelio-del.html


Foto tomada de http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=814

domingo, 6 de julio de 2025

Una primera mirada de los primeros días bajo León

Una primera mirada de los primeros días bajo León

Eduardo de la Serna



Una vez elegido el nuevo papa, de quién desconocía prácticamente todo, me pareció razonable esperar, escuchar, mirar…

Siendo sincero, obviamente, la persona y el nombre elegido fueron lo primero que me llamó la atención, Y, lo reconozco, negativamente. Que fuera yanki – por más no trumpista que fuera – no me alegraba, y su paso por el Perú, que podía ser positivo, no lo sería necesariamente. Al fin y al cabo, salvo un breve tiempo, había sido “superior”; que sea una persona “cercana”, “cálida” (lo cual ciertamente es importante) no es indicio de una dirección. Y por más que León XIII haya sido el papa de la Rerum Novarum, Juan XXIII lo fue de la Mater et Magistra y la Pacem in Terris y Pablo VI de la Populorum Progressio y la Octogesima Adveniens. Lo siguiente fueron los ropajes, también tristemente recuperados. Que su primera palabra (y hasta ahora un ritornello, pero al que no le veo sustancia) haya sido “paz” es ciertamente importante en estos tiempos de violencia, y que saludara en castellano a la diócesis de Chiclayo fue también positivo. Que le cayera mal a Steve Bannon era una verdadera cucarda, y sería de desear que no dé pasos para recuperar ese encuentro.

Pero después de eso, para mi sensibilidad, al menos, todos han sido pasos atrás. Ver lo contentos que están personas que estaban descontentas con Francisco, no me alegra ni un poco. La frecuencia del latín, la vuelta a los palacios vaticanos, a Castel Gandolfo, la vuelta al centralismo en la distribución de los palios arzobispales, y el paupérrimo mensaje para la jornada de los pobres terminan mi primera mirada totalmente descontenta y entristecida.

Dicen que quiere dar pasos que contenten a unos y otros de una supuesta “grieta” (lamentable palabra utilizada en Argentina para combatir los espacios populares), pero los que creemos que Francisco no fue ni el papa de la primavera ni un revolucionario, pero sí que dio muchos pasos en la dirección correcta (y que faltaron muchos más) sentimos la confirmación de que el invierno no había terminado, sino que solamente estábamos en un “veranito de san Juan”.

Y sus discursos, hasta ahora, me resultan insufribles, de una espiritualidad desencarnada, en las nubes. Hasta ahora, se me asemeja mucho más a una continuidad con Benito XVI, el papa fallido, que de Francisco. Una amiga me decía “¡Qué triste! Seguramente – salvo algo inesperado – sea el último papa que me toque vivir, y yo soñaba otra Iglesia”. También sueño otra Iglesia, pero parece que las formas, las estructuras y las tradiciones son bastante más potentes que el Espíritu Santo.


Foto tomada de https://www.miperiodicodigital.com/2023/grupos/oficiersnewspaper-11/vuelve-invierno-2174.html

Una pseudo homilía en el Chaco

Una pseudo homilía en el Chaco

Eduardo de la Serna



Fiel a su costumbre de citar otros autores sin referir a ellos – lo que se llama normalmente plagio – Javier Milei, en su casi homilía evangélica mezcló harina con pan rallado.

Repitiendo a “Berthie” Benegas Lynch, hijo del prócer, según su delirio, señaló que toda referencia a la justicia social viola los mandamientos bíblicos 7° y 10° (en su versión catequística: “no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”), es decir, los que según su desleal no saber ni entender atentan contra la propiedad privada.

https://www.infobae.com/politica/2023/10/20/alberto-bertie-benegas-lynch-defendio-los-dichos-de-su-padre-y-apunto-contra-las-autoridades-de-la-iglesia/

Repitiendo a su homenajeado español Jesús Huerta de Soto – esta vez citado – hizo una terrorífica exégesis de la escena bíblica de las tentaciones de Jesús, haciéndole decir al texto exactamente lo que no dice. Repitió que “el Estado es la encarnación del Maligno” y lo relacionó con las tentaciones de Jesús en Lucas 4,5 refiriendo a “la tercera y la más grave” (en realidad es la tercera en Mateo, en Lucas es la segunda), y lo de “más grave” puede discutirse. Y la conclusión es que los reinos (a los que curiosamente él llama “estados”) son demoníacos. De más está recordar que Milei llegó tarde a la sepultura del Papa Francisco por homenajear a Huerta de Soto, y cuando se encontró con el nuevo Papa León XIV le regaló dos libros de este “egregio” charlatán.

https://www.jesushuertadesoto.com/articulos/anarquia-dios-y-el-papa-francisco/

Esto, sin embargo, hay que recordarlo, ya lo había repetido Milei en una entrevista con Viviana Canosa cuando era su jefa de campaña. https://www.youtube.com/watch?v=vYQfxvscxrs&ab_channel=MILEIPRESIDENTE `

[minuto 23.30] usando entonces casi las mismas palabras que hoy (es decir, no tiene nada nuevo que decir; repitiendo ahora casi los mismos errores bíblicos de de Soto y de su primera referencia).

A esto, además, volvió a cuestionar la “justicia social” afirmando insólitamente – no sorprendentemente en su caso – que “la justicia social es un robo” (contra los mandamientos citados), es “la caridad impuesta por la fuerza” remató en su delirio. Anotemos que la caridad (= el amor) es un derecho, la justicia es un deber. Yo puedo amar o no a alguien por un acto de mi libertad, pero no puedo negar a alguien lo que le corresponde en justicia, sería – precisamente – un robo. Debo pagar el salario justo, debo pagar una mercadería cuando me la entregan… “Debo”, y, no hacerlo, ¡eso sí!, constituye un robo. El tema del amor (= caridad) es otro tema que merecería una interesante reflexión, pero que le es ajena a los profetas de la crueldad y el odio.

Curiosamente, para don Javier, todo esto sería “despertar a la fe”. Claro que, para quien palabras como “robo”, “libertad”, “justicia” dicen exactamente lo contrario de lo que dicen, no es fácil saber qué entiende él por “fe”. En la Biblia esto es edificar la vida sobre Dios, hundir las raíces en Él y sus caminos (es el sentido del sustantivo hebreo “amén”), el cual, además es colectivo, puesto que es la fe de un pueblo. Ese pueblo, afirmado en Dios, podrá mostrar con su vida de “derecho y justicia”, a todos los pueblos, que otro mundo es posible, un mundo sin dominados y dominadores, amos y esclavos, patrones y clientes, opresores y oprimidos, víctimas y victimarios, odiados y odiadores… un mundo de hermanos y hermanas, Se trata de ser “luz para iluminar a las naciones (a los otros pueblos)”. O, para decirlo fácil de entender, la fe se trata de vivir (es más que “despertar”, che) de un modo exactamente opuesto al que Milei propone e impone. A eso, Jesús lo llamó reino de Dios, y ese “reino” (que no “estado”) es el que se opone al reino de Satanás. Es decir, otra vez, al revés de la homilía chaqueña de don Javier en la que, además, no dijo nada nuevo a lo que nos tiene acostumbrados.


Foto tomada de https://es.pngtree.com/freepng/prayer-book-protected-with-padlock-and-chain-college_13049541.html

jueves, 3 de julio de 2025

La vida no vale nada

La vida no vale nada

Eduardo de la Serna



Un tema cada vez más recurrente en cada vez más ambientes es la crueldad oficial. Ya hemos comentado sobre eso… Se trata de gozar del sufrimiento de otras personas, disfrutarlo. Pero no se trata, solamente, del sufrimiento de aquel a quien se considera enemigo (por más que se despliegue una larga, ¡cada vez más larga!, lista de esos tales), algo ya de por sí preocupante y patológico, sino del padecimiento de todos aquellos que no somos “nosotros” (una lista de un “nosotros” cada vez más escueta, por cierto).

En ocasiones se ha hablado de su falta de empatía (¡hasta Elon Musk habló de ello!), pero, si así fuera, solamente se pensaría en una suerte de indiferencia, de no “sentir con”, o “en” (pathos) los otros, los que sufren… Y acá, pareciera, que lo que mueve es algo más potente, no es pasiva sino activa, es una actitud “contra” (anti) esos otros cada vez más numerosos. La lista es innecesaria de señalar; es por todos conocida (por todos los que quieren mirar, por cierto; porque siempre hay “peores ciegos” y “peores sordos”). Pero la cosa se agrava cuando el sufrimiento es creciente, incluso por causas ajenas a las políticas oficiales (aunque el cambio climático - ¡que sí existe! – no sea “tan” ajeno a eso, por cierto). La catástrofe de Bahía Blanca, la ola polar (y los muertos, incluso en ciudades económicamente solventes), la falta de gas (en el país de Vaca muerta), se suman a la falta de trabajo, educación, de salud, de pan (yerba, leche, carne; en el país “granero del mundo”), etc.

Ahora bien… que determinadas personas manifiesten ostensiblemente esa anti-patía, podría ser algo más o menos preocupante si se tratara de vecinos, o de simples panelistas de TV (en lo personal, creo que no conozco nada más insufrible que esos sujetos y sujetas) … pero cuando se trata de miembros de los distintos poderes de la República we’ve a problem! Y el “we” (nosotros) no se trata de yo y mis amigos, sino de un “we” social… ¡nacional! La Argentina tiene un problema. Y, para peor, cuando desde el poder se crea sentido (falso, por cierto; hegemónico, además) y convencen a muchos – de esos sordos y ciegos sociales – de que hacer lo contrario sería “populismo”, a lo que se añaden vomitivamente las cataratas oficiales de kukas, zurdos y hasta mandriles, resulta que la llamada “batalla cultural” parece presentar nuevos escenarios.

Si alguna persona milita políticamente manifiesta ostensiblemente un pathos que debe tener un límite para estos anti-páticos porque revela que siente con otros... lo que es detestable para la oficialidad Y, como siempre, desde hace bastante, nada mejor que los buenos amigos (o amigas, en este caso) en el Poder Judicial. Porque uno puede decir “cárcel o bala” sin ninguna repercusión crítica, pero no vaya uno (o una, en este caso, según dicen) a poner un pasacalle porque debe ser perseguido y sancionado y encarcelado sin ningún sentimiento en su favor… Y, ¡que conste que le perdonamos la bala!, parecen decir…

Muchos suelen entender que “el amor es un sentimiento”, algo que no creo, de ninguna manera, porque el amor no es “para mí”, como sería el sentimiento, sino “para otro/a/e” aunque con frecuencia sí “se sienta”. Pero sentir (“pathos”) nos puede mover favorablemente o no hacia otras personas y así nos introducimos en su vida, en cierto sentido (em-pathía), sentimos como ellos/as/es (sym-pathía) o actuamos decididamente en su contra (anti-pathía). Pero, insisto, esto, que puede ser un tema meramente ocasional cuando se trata de un simple hecho personal o familiar, es totalmente diferente cuando lo actúan los poderes de la república. Es decir, es política. Es destructivamente política. Otros creemos que la política es una expresión maravillosa del amor, pero, lamentablemente, experimentamos en el día a día que en los cuatro poderes de la república del amor ¡no entienden nada!

 

Foto tomada de https://secretsandiego.com/es/la-mesa-en-blanco/

Herodías y su hija

Herodías y su hija

Eduardo de la Serna




Para entender bien lo que queremos señalar hace falta ubicarnos un poco en la historia. Durante el Imperio Romano (es decir, en tiempos de Jesús) Roma solía poner, en los territorios conquistados, gobernantes que le fueran serviciales. Muy rara vez, a esos gobernantes, les daba el título de “rey”, cosa que – por otra parte – no era hereditario; y, entonces, muerto el rey, los hijos o los que Roma decidiera sólo podían tener ese título mostrando un servilismo que fuera conveniente para el Imperio. Así, por ejemplo, Herodes (apodado “el Grande”) fue nombrado rey, pero no ocurrió lo mismo con sus hijos (Arquelao y Antipas), que, por lo que sabemos, lo pretendieron sin conseguirlo. Tiempo después, Agripa (nieto de Herodes) sí fue nombrado rey ya que resultó muy favorable a los intereses del Imperio. Señalemos, por otra parte, que, en la tradición, era frecuente usar el nombre de un gran personaje para designar a sus sucesores. Es el caso del César, que se aplica a los sucesores de “Julio César”, o de los Herodes (Antipas, Agripa, por ejemplo), descendientes de “el Grande”. Es decir, Herodes, como nombre, sólo se aplica a “Herodes, el Grande”, mientras sus hijos y nietos son “Herodes” como cargo. Un último elemento, para no confundirnos, es que, en la Biblia, en ocasiones se habla de “el rey Herodes” (referido a Antipas, Mc 6,22) aunque, propiamente hablando, este no fuera rey. Y su mujer es imaginada como “reina”, aunque tampoco lo fuera. Así los llamaremos en esta nota, para facilitar el lenguaje.

Lo cierto es que – como es frecuente en tantos textos – la “reina” aparece como la malvada de la historia, mientras el “rey” queda como lascivo, o como débil de carácter, o como manejable… es frecuente que las mujeres (como es el caso de Jezabel, del que hemos escrito hace ya tiempo) aparezcan en los textos como las responsables de todos los males. En este caso, es Herodías, la nueva esposa del “rey” la que aborrece a Juan, el Bautista, porque éste le ha señalado al rey que no puede “tenerla” (Mt 14,4). Entonces, siempre según el texto, es ella la que incita a que Juan sea encarcelado (Mt 14,3; Mc 6,17) y luego conseguirá su ejecución. 

Siendo que Juan era muy respetado y escuchado por las multitudes, esto ponía en riesgo el rol de Herodías, y era por eso que lo “aborrecía” (Mc 6,19). Herodías era nieta de Herodes, el Grande, por lo que era sobrina de Antipas, aunque por distinta madre (Herodes tuvo 10 mujeres). De su matrimonio anterior con otro “Herodes” (Filipo, también pariente de ella) tuvo una hija, Salomé que es la que pareciera implicada en la fiesta del “rey”. Levítico 18,16 prohíbe expresamente la unión con “la mujer de tu hermano”, y a eso se refiere Juan. Pero Herodías, Antipas y los demás de la corte, no son propiamente hablando judíos. De ahí parte el conflicto, pero un conflicto que pone en riesgo a Herodías la que espera el “tiempo oportuno” (Mc 6,21). Los textos, que quieren transferir la maldad a la mujer (Herodias) nos suavizan la imagen de Herodes (“escuchaba con gusto a Juan”, lo protegía, sabía que era justo y santo… Mc 16,20). Con paciencia aprendida en su familia, Herodías esperó el momento oportuno, el cual llegó el día del cumpleaños de Herodes (Mt 14,6; Mc 6,21). La niña pequeña (Salomé, seguramente) bailó en presencia de todos y esto agradó al “rey” que fascinado por la pequeña (seguramente orgulloso de haber “quedado bien” delante de sus invitados, sin excluir el alcohol que abundaba en sus banquetes) le promete de regalo lo que pida, algo evidentemente exagerado y que nadie pretendería que fuera precisamente cierto. La pequeña (quizás tendría cerca de 13 años; la palabra “muchacha”, “pequeña” de 6,22.28 es la misma que se usa para la pequeña hija de Jairo que tenía 12 años, Mc 5,41.42) no sabe qué pedir y recurre a su mamá que aprovecha la ocasión: pide “en una bandeja” la cabeza de Juan (Mt 14,8).

Mirando superficialmente el texto, resalta la perversión y la calculadora actitud de venganza de Herodías, pero mirando atentamente, podemos ver que, aunque ella tuviera alguna responsabilidad en los hechos (y debamos desresponsabilizar a la pequeña Salomé) es el rey el verdadero responsable, el que encarceló a Juan (teniéndolo detenido cerca de su palacio, seguramente), y el que puede descubrirse– en todo caso – como débil y manejable (como se presenta a Ajab y Jezabel, cf. 1 Re 21) o directamente como partícipe del asesinato aprovechando las circunstancias (así lo vivió el pueblo de Galilea, por lo que sabemos). En todo caso, Herodías era digna esposa de tan sanguinario rey.


Imagen tomada de https://www.album-online.com/detail/es/ZmJhNDFmMA/durante-banquete-hija-herodias-salome-se-pone-a-bailar-pide-alb3237088

 

martes, 1 de julio de 2025

Domingo 14C

La paz y la vida son signo de que Dios está reinando y debemos ser testigos

DOMINGO decimocuarto - "C"


Eduardo de la Serna




Lectura del libro del profeta Isaías 66, 10-14


Resumen: en un canto muy armado, el discípulo de Isaías manifiesta su alegría desbordante por la intervención maternal de Dios en su historia llenándolo de sus dones que se manifiestan como abundancia y como paz.


Como corresponde a la poesía, no siempre es fácil encontrar una buena traducción a los juegos de palabras, las asonancias, los sinónimos. Y el texto de la liturgia de hoy es clara y bellamente poético. En 66,18 el tono pasa claramente a prosa, por lo que la unidad finaliza allí (además de la conclusiva “oráculo de Yahvé” de v.17), del mismo modo que la prosa de v.5ab marca el comienzo. En v.10 cambia el enfoque y ya no habla de Yahvé (5c-9) sino de Jerusalén. El v.14 concluye con la idea del “gozo”, como veremos y anuncia la siguiente parte del verso que refiere a los adversarios de Dios (vv.15-17). De todos modos, el texto es uniforme: la idea de la “gloria” (kabod) (verbo, v.5; sustantivo, vv.11.12.18.19); los enemigos (vv.6.15) y particularmente el campo semántico de la maternidad: “dolores… dio a luz… parto” (v.7), “dar a luz, nacimiento, dolores” (v.8), “abrir el seno... dar a luz” (v.9), “mamar… saciarse... chupar… pechos” (v.11), “alimentados, llevados en brazos, acariciados, en las rodillas” (v.12), “como una madre” (v.13). Lo que se destaca es la gestación (anticipada) de un pueblo (v.8), Jerusalén, entonces (vv.10-14) es destacada en cuanto representación del pueblo mismo. La finalización con la referencia a los enemigos alude a los que no siguen los caminos de Yahvé.

En el texto de la liturgia, el centro está dado por los términos que refieren a la “alegría”: tres términos se encuentran en el v.10, “alégrense” [samah], “regocíjense” [gîl], “gocen [sisû] de gozo [masôs]”, y v.14 [sûs]. Y podemos incluir también el “consuelo”: v.11 [tanaûm], o la “compasión” v.13, (3 veces [naham]). Otro elemento recurrente es la abundancia: “todos” [kal] se repite (vv.10 2x, 16), “llenos” (v.10; literalmente “exultantes con exultación”), “hartos [saba’], deleite [‘anûg], abundancia [kabôd]” (v.11), “desbordante [sataf]… abundante [kabôd; en estos casos parece que es conveniente traducirlos por “abundancia” más que por “gloria”, que es otra acepción del término]” (v.12). Todas estas imágenes, compuestas poéticamente destacan la alegría por la abundancia de Jerusalén. Pero veamos algunos elementos:

La escena es doméstica, en el seno de un hogar una madre da a luz antes de lo esperado (v.7), el clima es de ternura (amamantar, acariciar, rodillas…) y –especialmente- de alegría. La alegría es un tema recurrente en el Tercer Isaías (56,7; 60,18; 61,3.7.10; 65,13-19); pero  este nacimiento es el de un pueblo (v.8), y la madre ¡es Yahvé! (v.13; la imagen materna y femenina de Dios es recurrente en el discípulo de Isaías: ver cf. 42,14; 45,10; 49,15). La alegría es a causa de la nueva Jerusalén y su prosperidad, es el contraste entre la alegría y el duelo que hacían por ella (v.10). Ante una ciudad que vuelve a comenzar después del exilio; que había sido devastada, destruida, la imagen del nacimiento no sólo refiere a que Israel (y su ciudad capital) es re-creada, sino también que será poblada (ver el tema en 49,20-21; 54,1-4), estará “rebozante” de hijos y de abundancia. 

Este amamantamiento de los hijos es imagen de serenidad y de paz; la promesa del consuelo / compasión cierra lo comenzado en 40,1 (libro de la consolación). En esta ciudad renovada la paz (shalôm) será abundante como un río, y también lo será la prosperidad (kabôd) de las naciones. La paz alude al mismo nombre de la ciudad (Jerusalén termina con las mismas consonantes de shalom; ver Sal 122, especialmente vv.6-8). 

Pero la otra cara es el juicio a los enemigos. Por un lado tenemos la ternura y el consuelo de Dios, su “mano”, y en contraposición su ira a los enemigos (notar la llama y la espada, vv.15-16; y amenaza a los que practican ritos prohibidos v.17).



Lectura de la carta a los Gálatas 6, 14-18


Resumen: Pablo concluye la carta a los Gálatas pero –extrañamente- retoma y sintetiza todo el tema que ha desarrollado. Unos adversarios han predicado la circuncisión, y Pablo les dice que eso no cuenta, que lo que cuenta es Cristo, y que quién se deje modelar por Cristo ese tal recibe paz, misericordia y gracia, ese tal es el Israel de Dios, que nace por la circuncisión del corazón.


El fragmento que nos propone la liturgia es una pequeña parte –la final- del último párrafo de la exhortación de la carta (6,1-18). En realidad, esta parte parece comenzar en el v.11 con una suerte de “firma” de Pablo (si la carta es escrita –como muchas- por intermedio de un secretario, es habitual esta especia de “autógrafo”, ver 1 Cor 16,21; cf. Col 4,18; 2 Tes 3,17). Luego de esto, retoma el conflicto con los adversarios que se encuentra en toda la carta, en este caso volviendo sobre el tema de la circuncisión (el término lo encontramos repetido en vv.12.13 y 15). Pero veamos qué señala aquí Pablo en este tema sobre los adversarios en relación a la comunidad (vv.12-13):

         a. la “carne”

          b. circuncisión

               c. la cruz

                    d. se jactan en la carne de ustedes

 Esto es lo que dice de los adversarios en relación a la comunidad, y a continuación señalará la relación de él mismo con la comunidad en estos términos, y el orden por momentos parece inverso (vv.14-18):

                     d’. me jacto en la cruz

               c’. un crucificado

          b’. circuncisión ni incircuncisión

     a’. nueva creación


Es esta segunda parte, la relación entre Pablo y la comunidad, la que la liturgia presenta hoy. Sin embargo, notemos antes algunos elementos de la primera parte que ayudan a una mejor comprensión de la segunda:

Señalar que los “fuerzan” a circuncidarse es paradójico en esta carta ya que en Pablo 2,3 afirma que Tito no fue “forzado” a circuncidarse por los presentes (que parece referir a Santiago, Cefas y Juan, cf. 2,6.9), y en el conflicto con Pedro (2,14) lo que Pablo le cuestiona es que “fuerza a los paganos a judaizar”, es decir, actuar como judíos siendo que él vive como no judío. El verbo, entonces (cf. 2 Cor 12,11) está en la carta en contexto del debate por la circuncisión, precisamente. Estos adversarios, entonces, hacen lo contrario de lo que los importantes de Jerusalén decidieron. El único motivo de este “forzar” es evitar la “persecución por la cruz”. Pablo insiste en orar por los perseguidores (Rom 14,19; 1 Cor 4,12), pero a su vez recuerda que él mismo fue “perseguidor” (1 Cor 15,9; Ga 1,13.23; Fil 3,6) y es perseguido en el presente (2 Cor 4,9; Ga 5,11) y también lo son sus comunidades (Ga 4,29) mientras él mismo persigue ahora a Cristo pero para alcanzarlo y seguirlo (Fil 3,12.14). La circuncisión evitaría la persecución de parte de los judíos (aunque no nos quede claro en qué podría consistir ésta en territorio gálata, o qué gravedad podría tener). 

Pero lo único que le interesa a estos tales es jactarse (kaujáomai) “en la carne de ustedes”.

En cambio Pablo (y aquí comienza el texto litúrgico) afirma que sólo se jactará en la cruz de Cristo. El verbo kaujáomai es sumamente importante en Pablo (lamentablemente no es fácil descubrirlo en las traducciones que a veces prefieren “gloriarse” en lugar de jactarse. Lo encontramos 37x en el NT y salvo 2x en Sgo y 1x en Ef, siempre en Pablo (particularmente en 2 Corintios, 20x). El tema central es que una persona o colectivo pone su fuerza, su atención, “se gloría” en algo, pero para Pablo depende qué es ese algo, para que esa actitud sea sensata o necia. Para él sólo tiene sentido jactarse en Dios, en Cristo, o allí donde Cristo aparece transparente ante los ojos de la humanidad. Por eso, jactarse en cosas (aun buenas) es necio, “el que se jacte, que se jacte en el Señor” (1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17); jactarse de la pertenencia al pueblo de la alianza, o de la circuncisión, es jactarse “en la carne” y eso es absurdo a los ojos de Pablo (ver 2 Cor 11,18). En cambio, jactarse en la propia debilidad (2 Cor 11,30; 12,5) manifiesta ante todos la fortaleza de Cristo (12,9). Así Pablo se gloría en la cruz, y en aparecer a los ojos del mundo como “crucificado”. 

El “crucificado para el mundo”: no es conveniente entender el término “mundo” en sentido joánico; en el Cuarto Evangelio el “mundo” es –en general- el conjunto adversario de Jesús, por eso el diablo es el “príncipe de este mundo” (12,31; 14,30; 16,11), por eso el mundo no conoció a la palabra de Dios (1,10) y aborrece a Jesús (7,7; 15,18), a su espíritu (14,17) y a los discípulos (15,19; 16,33; 17,14), que no es –por tanto- de “este mundo” (8,23) ni lo son sus discípulos (17,16), como su reino “no es de este mundo” (18,36) y él ha “vencido al mundo” (16,33). En Pablo, en cambio, “mundo” es la generalidad (en el sentido de “todo el mundo”), lo cual implica en ocasiones la maldad “del mundo”, pero no es intrínsecamente perverso como parece serlo por momentos en Juan. Es decir, Pablo aparece como crucificado a los ojos “de toda la humanidad”. Si Pablo y el mundo están crucificados el uno para el otro, entonces están muertos. Se debe leer esto en clave escatológica (cf. 2,20, “he muerto a la ley”; “crucificó la carne con sus pasiones y deseos”, 5,24). 

Estando incorporado en la novedad que trae Cristo, para Pablo ya nada cuenta (ni la circuncisión ni la incircuncisión), sólo cuenta la “nueva creación”. Pero veamos brevemente: la circuncisión era el rito necesario de incorporación a Israel. Los pequeños eran circuncidados a los 8 días de su nacimiento (cf. Lc 1,59; 2,21), incluso cuando algún adulto se convertía y quería incorporarse a Israel, luego de un “bautismo de purificación”, debía circuncidarse (estos eran llamados prosélitos). Pero ya el A.T. había hablado que no era sólo cuestión de circuncisión “física” (“en la carne”) sino que era necesaria una circuncisión “del corazón”. No que se anunciara una nueva circuncisión alternativa, sino que se destacaba que ser miembro del pueblo de Dios no era cosa “ritual” sino que debía manifestarse en las opciones de vida (“corazón”). 

Es posible que en el trasfondo de este texto paulino (como parece estarlo en el citado 1 Cor 1,31; 2 Cor 10,17) haya alusión a Jer 9,23-26:

«Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su saber, no se gloríe el soldado de su valor, no se gloríe el rico de su riqueza; quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos –oráculo del Señor–. Miren que llegan días –oráculo del Señor– en que pediré cuentas a todo circunciso: a Egipto, Judá, Edom, Amón, Moab y a los beduinos de cabeza rapada. Porque todos, lo mismo que Israel, son incircuncisos de corazón».

Sobre la circuncisión del corazón, cf. Jer 9,23-25 (la Biblia griega lee “incircuncisos de carne”, de las naciones y “circuncisos de corazón” de Israel). La unión de Jer 23,23-24 a vv.25-26 remarca dónde se pone la jactancia de la que se ha hablado. [Entre paréntesis, notar que el texto pone a Judá entre las naciones]. El contraste "jactarse en la carne - jactarse en el Señor" se relaciona en la carta con circuncisión – incircuncisión. La circuncisión que vale es la del corazón: Deut 10:16; 30:6; Jer 4:4; Rom 2:28-29; Col 2:11-13. La nueva creación es “en Cristo” (2 Cor 5,17; cf. Rom 8,19-22); es que “en Cristo” ya no hay judío, ni griego… (3,28); cf. Is 65,17-25; 66,22. No cuenta circuncisión ni incircuncisión (v.15 = 5,6). Hay, de todos modos, un contraste entre Is 66,23 y Ga 4,10 ya que la novedad de Isaías implica cierta continuidad (litúrgica y ritual, por ejemplo) que Pablo no tiene en cuenta. Un texto ilustrativo es el citado 2 Cor 5,17: “el que está en Cristo es una nueva creación”; estar “en Cristo” es el ámbito, la novedad; es estando “en Cristo” que no cuenta todo lo antiguo (circuncisión - no circuncisión).

La “regla” (kanôn) es lo que revela al cristiano genuino. Es interesante que Flavio Josefo identifica “kanôn” y ley (nomos), mientras que aquí Pablo parece moverse por andariveles distintos (¿será que esta regla la “ley de Cristo” diferente de la Ley?, cf. 6,2; 1 Cor 9,21). El Israel de Dios son los que adhieren a esta nueva creación; no se refiere al “Israel de la carne”, sino que lo dice en relación a Cristo. Si empezaba toda la carta con un “anatema” (1,6-9) a los gálatas por seguir otro evangelio que estos adversarios les han predicado; ahora concluye con “paz y misericordia” a los que “se sometan a esta regla” (v.16). La “paz a Israel” es algo habitual en las familias y hogares y en su oración: (Sal 125:5; 128:6; Salmos de Salomón. 4:25; 6:6; 8:27-28; 9:8; 11:9; 13:12; 16:6; 17:45; 18:5; y en Qumrán, 11QPsa 23:11). Una clásica oración judía de este tiempo decía: “Que la paz… y la misericordia… esté con nosotros y con todo Israel tu pueblo” (Shemoneh Eshre). Cf. Is 54,10 (vv.11-12 “nueva creación”); Jer 16,5; Sal 85,10 (y Jubileos 22,8; y Qumrán, 1QH 13,5. 

Los adversarios de Pablo no han sacado todas las consecuencias de la cruz… su centralismo les impide entender que las fronteras de Israel se han expandido (ya no el Israel según la carne; 1 Cor 10,18). Israel es lo que cuenta, pero hay un modo “nuevo” de ser Israel (no implica un “nuevo Israel; cf. Fil 3,3; Ga 3,29). Hay que evitar algunos malentendidos en esto: Pablo no parece estar pensando en un “nuevo Israel” como sería propio de la teología de Mateo, y tampoco en el “cristianismo” como alternativo, o superador de Israel (la palabra “cristianismo” no existe hasta el s.II y el término “cristiano” Pablo jamás lo utiliza). Siendo que algunos profetas habían señalado que las fronteras de Israel se expandirían con las “naciones” que aceptaran a Dios (cf. Is 60,1-22), para Pablo esto viene dado con los “tiempos nuevos” iniciados “en Cristo”, con la donación de su “espíritu”. Todos aquellos que acepten esta novedad serán incluidos en Israel. Pero aquellos que no lo acepten, siguen siendo el “Israel según la carne” [recordar que Pablo establece un contraste entre “carne” y “espíritu” que remarca la aceptación o no de los nuevos tiempos inaugurados por la resurrección de Cristo]. Algo semejante señala en Ga 4,21-31 en la alegoría con las dos mujeres de Abraham, Agar y Sara y las dos alianzas que esto implica, la del Sinaí, la Jerusalén actual, y la Jerusalén “de arriba”.

La identificación con los sufrimientos de Cristo es la garantía del apostolado: (Rom 8:17; 2 Cor 1:5; 4:8-10; Fil 3:10; Col 1:24); es un tema clave en Pablo. Mientras algunos se “jactan” de su ser “judíos”, o de la vinculación con los apóstoles, Pablo –coherente con lo que hemos dicho- se jactará de su debilidad, de su asemejarse al Crucificado (2 Cor 6,4-10; 11,21-33); es en esto donde Pablo puede “mostrar” ser verdadero apóstol, no en las cosas en las que habitualmente se jactan los adversarios. 

Las señales (stigmata) que Pablo lleva parecen aludir a marcas son tatuajes o marcas de esclavitud, al estilo de las “marcas de ganado” (¿está aludiendo a que se siente esclavo de Cristo?); Pablo quiere ser identificado con la única marca de la nueva creación, la cruz (es decir, no la circuncisión). En realidad Pablo no alude a la circuncisión como otra “marca” y mostrar así la cruz como alternativa, pero no parece improbable que la circuncisión sea vista aquí también como marca. Lo cierto es que la identificación con la cruz, de la que los adversarios huyen, es lo que Pablo elige que lo marque, y de eso se jacta.

Finalmente termina otorgando la gracia con el “espíritu”, lo que es razonable si están en este nuevo tiempo. El espíritu (y la gracia) es todo lo contrario a la circuncisión, característica de “la carne”, del Israel que no ha sacado las consecuencias de su Ley y no la cumple. Los destinatarios (como en 6,1) son calificados de “hermanos”, y se refiere a los hermanos en la fe (6,10). “Amén” es una característica frase conclusiva en doxologías (Rom 1,25; 9,5; 11,36; 15,33; 16,27; Ga 1,5; Fil 4,20; 1 Tes 3,13).

Señalemos una pequeña nota conclusiva: no es común en las cartas de Pablo después de haber terminado un tema que lo retome en la conclusión de las cartas; allí suele haber doxologías (Rom 16,25-27; Flm 25), o saludos (Rom 16; 1 Cor 16; Fil 4,2-3.21-23; 1 Tes 5,23-28; Flm 23-24, cosa ausente en esta carta (salvo el Amén, como se ha dicho). En ese sentido, también es extraño que una carta de Pablo no tenga “acción de gracias” en el comienzo (ver Rom 1,8; 1 Cor 1,4; Fil 1,3; 1 Tes 1,2; Flm 4). Esta carta, entonces, es diferente en su conformación a las restantes de Pablo lo cual revela la libertad con que se mueve en la composición. Como se dice, es extraño que tenga una conclusión donde retoma el tema central de la carta y por tanto parece que se la puede considerar –entonces- como clave para entender toda la carta.



+ Evangelio según san Lucas 10, 1-12. 17-20


Resumen: Jesús envía un grupo más grande que los doce, envía Setenta y dos, que es el número de los pueblos al finalizar el diluvio. Lucas quiere mostrar que el Evangelio no sólo debe llegar a Israel (los Doce, como los hijos de Jacob) sino a todos los pueblos. Y los enviados deben ser testigos del reino, de la paz y del triunfo definitivo de Dios sobre el mal en la historia.


Habiendo comenzado el largo viaje de Jesús a Jerusalén, Jesús decide enviar mensajeros delante de él. Ya lo había hecho en 9,1-6 pero en este caso los enviados eran los Doce y aquí se alude a un grupo mayor. En general se piensa que el primero remite a Marcos como fuente, pero Lucas elige ampliar la idea con un nuevo envío más importante, este tomado del documento Q. Hay elementos en común entre ambos relatos, y también novedades. Veamos simplemente a modo ilustrativo:


Lc 9,1-6
Lc 10,1-12
Convocando a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades;
y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.
Después de esto, designó el Señor a otros Setenta (y dos),

y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.
Y les dijo:




«No tomen nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengan dos túnicas cada uno.
Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Vayan; miren que los envío como corderos en medio de lobos.


No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saluden a nadie en el camino.
Cuando entren en una casa,


quédense en ella hasta que se marchen de allí.
En la casa en que entren, digan primero: «Paz a esta casa.» Y si hubiere allí un hijo de paz, la paz reposará sobre él; si no, se volverá a ustedes. Permanezcan en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayan de casa en casa.

En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en ella, y díganles: «El Reino de Dios está cerca de ustedes.»
En cuanto a los que no los reciban,
saliendo de aquella ciudad,
sacudan el polvo de sus pies en testimonio contra ellos».
En la ciudad en que entren y no los reciban, salgan a sus plazas y digan: 
«Hasta el polvo de su ciudad que se nos ha pegado a los pies, lo sacudimos. Pero sepan, con todo, que el Reino de Dios está cerca.» Les digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad.
Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

            


Como se ve, aunque el esquema es semejante y la idea también, hay algunas notas interesantes para destacar: si bien empieza señalando la llegada del misionero a una casa, enseguida el acento está puesto en la ciudad (que recibe o no), el envío es “de dos en dos” (quizás para que el testimonio que darán sea valedero, ver Dt 17,6; 19,15, ya que no deben  predicarse a sí mismos sino ser “testigos”, ver 24,48), el pedido al dueño de la mies y el envío como corderos en medio de lobos remarca una nota de conflicto evidente (aunque en la era de la paz [Is 11,6] el lobo y el cordero serán vecinos; [ver 65,25]). La indicación de lo que no deben llevar es diferente, incluyendo que no deben saludar a nadie por el camino, lo que deben hacer en la casa a la que lleguen es donar la paz, aunque en las ciudades que los reciban o no repetirán la proximidad del Reino de Dios.

La novedad principal de este texto, sin embargo, viene dado por el número importante de enviados. Algunos manuscritos hablan de 70 y otros de 72. No es fácil decidirse. Si se tratara de 70, parecería aludir a los 70 ancianos que son delegados para ayudar a Moisés en su ministerio (Núm 11,16-25), aunque dos quedaron en el campamento (11,26-30) ¿suman 72? ¿O por 72 refiere a las tribus paganas surgidas a partir del diluvio? (Gen 10,2-31 que son 70 pueblos en la Biblia hebrea y 72 en la griega). Lo cierto es que sea lo que fuere es evidente que este número grande alude a la misión más amplia de las fronteras de Israel, es decir –y es tema propio de Lucas, como se sabe- la misión a los paganos. Así como la misión a Israel hace referencia a los Doce, aquí se nos prepara el camino para la misión a los no judíos.

Algunos elementos son característicos de este texto: como en el texto de Lc 9, la misión es pobre, y los misioneros deben serlo. Pero destacan aquí tres elementos nuevos:

     1. No saludar a nadie en el camino, ya que la misión es perentoria, y no pueden perder tiempo en los interminables saludos orientales.
     2. La idea de la “mies” también es indicio de la inminencia del anuncio. El tema ya se encontraba en los profetas (Is 33,11; 41,15-16; Jr 13,24; 51,2.33; Am 9,9; Jl 4,13) y fue retomado por el Bautista (3,16-17).
     3. La referencia al lobo y el cordero es imagen del pecador y el piadoso que no deben juntarse (Eclo 13,17), lo que contrasta claramente con la paz, como se ha dicho.

Dos breves notas:

a. La mies y el pedido al “dueño de la mies” se ha utilizado como texto “vocacional”, es decir “pedir a Dios vocaciones para determinado ministerio o comunidad”; sin embargo es importante notar que se está hablando de “obreros” de la predicación del reino; es decir, lo que se está pidiendo es que el grupo de discípulos de Jesús crezca para que el reino sea anunciado y ya no sean “setenta y dos” sino multitudes las que anuncien al mundo la paz y el reino.

b. La “paz” (en hebreo shalôm, en griego eirênê; que se encuentra en las 3 lecturas del día) no es simplemente ausencia de conflicto. Por eso contrasta con la “paz” de “este mundo”, es decir la pax romana que es la imposición imperial de guardar el orden. Para el mundo semita, el Shalom es un estado de plenitud (y en ese sentido debe entenderse también en el N.T. que es semita). La paz es el deseo (o la concreción) de que los destinatarios “estén bien, vivan bien, sean felices”. En ese sentido, “Shalom/eirênê" se parece más a plena felicidad que a lo que entre nosotros se entiende habitualmente por paz.

A este envío, le sigue una lamentación por las ciudades que no han escuchado el paso de Dios por sus vidas, que finaliza con el dicho: “el que a ustedes escucha, a mí me escucha; el que a ustedes rechaza, a mí me rechaza” [vv.13-16; dicho que se puede encontrar en otros evangelios de modo positivo (Mt 10,40; 18,5; Jn 13,20) o negativo (Jn 5,23)], y que está omitido por la liturgia que retoma con el regreso de los setenta (y dos) y una conclusión.

El mismo poder de Jesús sobre los demonios se ha manifestado en los misioneros que vuelven. Jesús afirma haber “visto a Satanás caer” (v.18). El enfrentamiento de dos reinos, el de Dios y el de Satanás es frecuente en Lucas, particularmente en los textos que sólo son de este Evangelio y hacen referencia al diablo / Satanás (cf. 4,6; 10,18; 13,16; 22,3.31), el Reino que Jesús predica e inaugura está en conflicto con aquel que simboliza la búsqueda sistemática de hacer el mal, de oponerse a la voluntad de Dios. Por eso Pedro sintetiza el ministerio de Jesús en Hechos como el de quien “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo” (10, 38). Ese “hacer el mal” está expresado en las “serpientes y escorpiones” (v.19; ver Dt 8,15) que los discípulos pisarán sin daño. El dominio del mal está llegando a su fin con la venida del reino. En el libro de Dios están escritos los que son fieles a él (ver Ex 32,32-33), eso es lo único que cuenta.


el video con comentario al Evangelio en
https://youtu.be/aVzqn6Js5-g
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2025/06/video-con-comentario-al-evangelio-del.html


Dibujo tomado de http://cebiclar.cl/termino/lectura-comunitaria/page/2/