sábado, 20 de mayo de 2023

Después de Cristina

Después de Cristina

Eduardo de la Serna



Para evitar ser mal entendido, y hasta insultado, aclaro que el título de esta nota pretende ser provocador. Para empezar, porque si bien creo que algún día habrá un “después de Cristina” no estamos en ese momento todavía. Creo que falta bastante para que llegue ese día que tanto añoran sus adversarios.

No es el caso analizar los motivos de su decisión. Creo que no hay un motivo, sino varios: el principal – y obvio – es que, si bien no está proscripta, la Corte de la suprema injusticia dejó claro a toda la Nación que puede proscribirla una semana antes de las elecciones, y que es capaz de hacerlo. Y que lo haría. Eso, en castellano, se llama proscripción. Seguramente haya otros motivos: ¿Florencia? Quizás. ¿Actitud docente de trasvasamiento generacional? Quizás. ¿Algo de hastío después de un atentado escandaloso y mas escandalosamente aun no investigado? Quizás. Y quizás, otros quizás. Pero también dejó claro que no renunciará ni le podrán prohibir militar. Y militar desde su lugar, que no es pequeño (como ella no lo es). 

Quizás se proponga como un faro (pero no como el de Larreta que lleva directo a estrellarse contra las rocas). Quizás yo sea un mal peronista y no tenga un verticalismo tal que diga “lo que dice Cristina, eso hay que hacer” (pero mucho menos hacer lo que diga Griesa, como dijo un innecesario); pero no dudo que lo que ella diga lo miraré, pensaré, analizaré, pesaré y rumiaré. Pero sí espero que, para empezar, ayude a separar la paja del trigo entre tanto personalismo insustancial que pretende erigirse como su sucesor… Ni el peor gobernador de la provincia hasta que fue desbancado por Heidi, ni un dirigente social que usa lo que cree su bastón de mariscal para romper todo, por más aparente bendición papal que tenga, por ejemplo, me atraen ni un poquito… Mi problema no es perder, lo aclaro. Eso pasa mil veces en la política. El problema es contra quién y qué, porque lo que asoma no invita a pensar que “perdimos nosotros” sino que perdieron los pobres, que perdió el pueblo. Y, en ocasiones, cuando lo que se pierde es la vida, esta no se recupera. ¿Pedir grandeza a algunos dirigentes? Difícil que el chancho chifle, dice el dicho popular. Pedir grandeza a pigmeos no parece razonable; pero a lo mejor sí a quienes puedan ayudarnos a vislumbrar caminos, a despejar maleza, a fortalecer opciones, y – quizás – a darnos alguna receta para digerir sapos. Eso espero “después de Cristina”, y “con Cristina”. Quizás.


Foto tomada de https://www.flickr.com/photos/culturaargentina/14266837111

jueves, 18 de mayo de 2023

María Magdalena y su (no) pecado

 María Magdalena y su (no) pecado

Eduardo de la Serna



En algunos comentarios antiguos era frecuente ver que se ponían en paralelo como ejemplos de grandes pecadore/as y grandes arrepentimientos a san Agustín y a santa María Magdalena. Y – como era de esperar por cierta constante perversión – sus pecados habían sido sexuales. Por ejemplo, la conversión de Francisco de Asís, que va a la guerra (con todo lo que esa palabra significa) y llega a ser el hermano universal no es tan importante como la conversión de Agustín que tuvo sexo (sic). Pareciera que las negaciones de Pedro y la huida de los demás amigos dejándolo sólo al Maestro no es tan grave como una supuesta e inexistente prostitución de la Magdalena.

No es esta la ocasión de ser detallado, pero, en el caso de la Magdalena, como en otros, la falta de datos históricos de los Evangelios (que, como lo hemos dicho muchas veces, no están interesados en brindarlos, porque no es para eso que se escriben los Evangelios), llevó a que con el tiempo se integraran en uno a dos o más personajes. La idea era “rellenar los huecos” que una mirada “histórica” creía ver por su ausencia. Así se unió a Judas con Tadeo, a Bartolomé con Natanael, por ejemplo. Y el caso más emblemático fue, precisamente, María Magdalena, es decir, de la ciudad de Magdala. 

En los Evangelios encontramos una mujer anónima, en Betania, casa de Simón, que unge la cabeza de Jesús (Marcos 14,3), pero Juan nos dirá que esa fue María, también en Betania, la que ungió los pies (Juan 12,3) y los secó con los cabellos. Ahora bien, Lucas 7,37 nos narra, en otra casa, de otro fariseo, también Simón, que una “pecadora en la ciudad” ungió los pies de Jesús y llorando los secó con los cabellos. Es decir, un hecho ocurrido en la vida de Jesús es interpretado teológicamente por los distintos evangelistas de distinta manera (como anticipo de la sepultura, en Marcos y Juan, como arrepentimiento de los pecados, en Lucas), y atribuido a diferentes personas: a una pecadora, en Lucas, a María de Betania en Juan, a una mujer anónima, en Marcos. Todavía más, un relato que encontramos en Juan de una mujer adúltera, en ocasiones también se atribuyó a María Magdalena. Parece que todos los pecados sexuales (que, para ciertas mentalidades patriarcales son “propios” de la mujer, por cierto) debían atribuirse a María. ¿Cómo terminan casos tan distintos e innominados en María Magdalena? Difícil saberlo.

A María de Magdala la encontramos solamente como protagonista en los relatos de la Pasión, Sepultura y Resurrección de Jesús salvo una vez (Lucas 8,1-3), en donde Lucas adelanta lo que en Marcos ya había sido anunciado (que un grupo de mujeres acompañó a Jesús desde Galilea a Jerusalén; cf. Mc 15,40-41). Lo que nos había dicho Lucas es que, de María, Jesús había “expulsado siete demonios” (Lucas 8,2, lo que repetirá un añadido a Marcos en 16,9). Es sabido que el número siete es indicativo de plenitud, y que los demonios suelen referir a enfermedades o situaciones de alienación. Es decir, María había estado gravemente enferma y Jesús la había sanado, a partir de lo cual ella lo “siguió” (verbo que, sin duda, indica discipulado). Quizás aquí radica la confusión… 

La obsesión con lo sexual (a partir del rechazo helenista del cuerpo, “cárcel del alma”, seguramente) llevó a entender los siete demonios como un gravísimo pecado sexual. Además, como en Lucas el relato de la “pecadora en la ciudad” y la referencia a María están narrativamente cerca, “el plato estaba servido”: María Magdalena había sido “prostituta”. Quedaba otro elemento, si María (nombre notablemente común en el judaísmo, ya que había sido la hermana de Moisés), era de Magdala, ¿cómo decir, además, que era de Betania? Extraño. Lo cierto es que, en la liturgia, hoy tenemos fiesta de María Magdalena, de santa Marta, de Betania, pero no de María, de Betania (a pesar que, si en Lucas se trata de la misma persona, parece ser que eligió mejor que Marta, Lc 10,42).

Queda, todavía, un elemento más… las corrientes espiritualistas y sectarias (el gnosticismo) de los siglos II y III intentaron confrontar con la Institución eclesial (= Pedro), en nombre de la sabiduría, sofía. La Magdalena, discípula tan importante, servía claramente para contrastarla, y entonces la pusieron tan a la par de Jesús que, en momentos, aparece como su pareja. Un tema teológico e ideológico se transformó, ¡una vez más!, en sexual. Y entonces, para muchos (todavía hoy) Magdalena fue la compañera de Jesús. Es interesante notar que, para aquellas diferentes mentalidades, o bien era prostituta o bien era la pareja… Magdalena no importaba: ¡importaba su cuerpo!

Los evangelios la presentan como discípula (“seguía”, “servía” a Jesús). Y de tanta importancia como para que, salvo en la escena, en Juan, en la que presenta a la Madre de Jesús al pie de la cruz, la Magdalena siempre es mencionada en primer lugar, con todo lo que eso significa. Incluso es llamativa la diferencia de los nombres de las otras mujeres que la acompañan en la escena de la ida al sepulcro en los cuatro evangelios:  María de Santiago y Salomé (Marcos), la otra María (Mateo), María de Santiago y Juana (Lucas), solamente ella (Juan) ... las mujeres son distintas (notar la recurrencia del nombre María), pero lo cierto es que los cuatro evangelios unánimemente, afirman la presencia de la Magdalena, y mencionándola siempre en primer lugar. Por eso es coherente que sea ella (haya sido como fuere su encuentro con el Resucitado; quizás en los momentos de duelo y visita a la tumba, como era frecuente en las mujeres de su tiempo) la que es "enviada" (apostelô, en griego) a avisar a los compañeros de Jesús sobre lo que acaba de ver. De allí que, desde muy antiguo, sea llamada “apóstola de los apóstoles” y que el Papa Francisco haya puesto la fiesta litúrgica de la Magdalena entre las fiestas de los apóstoles ¡Nada menos!

 

Imagen de María Magdalena anunciando a los apóstoles, tomada de la tapa del (excelente) libro de C. Bernabé, Que se sabe de… María Magdalena

 

miércoles, 17 de mayo de 2023

La muerte de los profetas

La muerte de los profetas

Eduardo de la Serna



Mirando la muerte de algunas y algunos, se impone ahondar en la sabia doble pregunta de Ignacio Ellacuría, referida a Jesús: ¿por qué muere? ¿por qué lo matan? Es evidente que en numerosos casos no coinciden las intenciones. Obviamente coinciden en la persona, pero, por ejemplo, en el caso de Jesús, es evidente que no quiere ni puede negar el rostro de Dios que ha revelado con sus palabras y sus gestos, ese Dios que es Padre y que reina cuando sus hijas e hijos son verdaderamente hermanos y hermanas. El que vino a “reunir a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” quiere, hasta el extremo, mostrar esa fraternidad y sororidad que muestra, a las claras, cómo es Dios, dónde está Dios, cuál es el sueño de Dios para la humanidad… Pero esta persona, con esa actitud, pone en riesgo la pax romana que Pilato debe asegurar; y por otro lado, la popularidad de Jesús (como la entrada en Jerusalén lo había mostrado), hacía temer en Caifás y su grupo más cercano, que el movimiento que va surgiendo provoque una drástica intervención romana y ponga en riesgo el tolerante statu quo alcanzado entre ambos poderes.

Pero también es un aporte añadir la interpretación que, de esa muerte, brindan ciertos autores: que murió por los pecados, que murió para elevado, elevarnos, etc. El Evangelio de Lucas constantemente repite que Jesús es “profeta”, más semejante a Elias que semejante a Moisés. Pero él sabe también que los profetas fueron asesinados por “los padres”, ¿a qué profeta no asesinaron? Por eso, presenta el asesinato de Jesús como “muerte de profeta”.

El profeta es aquel o aquella que “habla en nombre de Dios”, y no se puede ignorar que muchísimas veces los destinatarios (y los de fuera) no quieren escuchar a Dios; los casos de Jeremías y de Ezequiel son harto elocuentes. Pero más allá de que sean o no escuchados, la vida del profeta revela (¡y también su muerte!) que ¡había un profeta! Dios no se desentendió de los suyos; son los suyos los que se han desentendido de Dios; y en la vida – sus gestos y sus palabras –, y su muerte, que también es una palabra, Dios sigue hablando. Nos toca a nosotros escucharlo.

A pesar de seguir el relato de la pasión de Marcos, Lucas incorpora elementos que le son propios. Omite elementos y añade otros, como fácilmente puede verse. La misericordia, que era tan importante en el centro del Evangelio se despliega por doquier en la pasión hasta el extremo de que Jesús pide el perdón de Dios para todos “porque no saben lo que hacen”. Finalmente, entregado en Dios (a deferencia de la angustia patente en Marcos y Mateo) le confía a Dios su espíritu. El profeta Jesús muere confiado en Dios, asesinado por las autoridades, a las que, a su vez, perdona. Y, siempre siguiendo a Lucas, la Iglesia está llamada a una militante vocación profética. Si la Iglesia no es profética estaría faltando a su misma vocación y al seguimiento de Cristo, según Hechos.

En la historia de la humanidad, y en la de la Iglesia, hay numerosos casos de martirios. Personas que, con su vida, hasta el extremo violento de su muerte, dan testimonio de fidelidad en aquello que han proclamado y creído. Pero algunos de ellos son matados porque se quiere hacer callar su voz. Voz que Dios dice por su intermedio, voz de profetas. De Romero se decía que era “voz de los que no tienen voz”, que “podrán callar al profeta, pero su voz de justicia no” y que “nadie hará callar tu última homilía”. Romero debía ser acallado; hablaba tan claramente “en nombre de Dios” que se atrevió a ordenar “en nombre de Dios, ¡cese la represión!”

El profeta puede hablar en nombre de Dios porque antes lo ha escuchado; siente lo que Dios siente ante la realidad, realidad de gozo, realidad de dolor. Siente alegría porque los que Dios ama están mejor; siente enojo, porque no lo están. El Dios que se goza del derecho y la justicia transmite ese mismo gozo (o el lamento por su ausencia) y es recepcionado por los y las profetas, ¡y lo gritan! Pero esa voz, debe ser acallada por los que prefieren escuchar “otras voces”. En este caso, no tanto por confrontar con Dios, sino por la defensa de un statu quo de injusticia y violencia. Por eso los matan, por eso mueren.

Pero quizás debamos reconocer que, como en cierto tiempo de Israel, hoy no pareciera haber profetas. Quizás haya militantes que – para el establishment – debieran ser eliminados, pero pareciera que faltan profetas, falta una “voz de Dios”. Claro que siempre queda una pregunta… Si hoy no se escuchan voces de profetas, ¿es porque Dios no habla y no tiene nada que decir? ¿o será porque abundan esos sordos que no quieren oír? Porque si no oyen, no hablarán, y si no hablan no dirán a todos la palabra de Dios que los invita a cambiar. ¿Y cómo cambiarán si no hay palabras que, de parte de Dios, les señalen el camino?

«Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y les advertirás de mi parte.

Cuando yo diga al malvado: «Vas a morir», si tú no le adviertes, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su culpa, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti.

Si por el contrario adviertes al malvado y él no se aparta de su maldad y de su mala conducta,  morirá él por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida. (Ezequiel 3:17-19)

 

Foto tomada de https://www.flickr.com/photos/bombeador/314589612

martes, 16 de mayo de 2023

Comentario a las lecturas de la Ascensión "A"

       Jesús permanece en medio de su Iglesia misionera

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR – “A”


Eduardo de la Serna


Lectura de los Hechos de los apóstoles     1, 1-11

Resumen: Como el comienzo del Evangelio, el comienzo de Hechos muestra el despliegue de los preparativos para el fiel cumplimiento de la misión. Los Apóstoles deben continuar la obra de Jesús expandiendo por todas las regiones la Palabra de Dios hasta que Él vuelva. Aunque antes, deben esperar la fortaleza que Dios mismo le garantiza con el envío del Espíritu Santo.

Lo que llamamos “Ascensión” es una creación literaria-teológica de Lucas. Con ella finaliza su Evangelio (como se ve en el día de hoy) y con ella comienza su segundo volumen, Hechos de los Apóstoles. Por un lado, se puede ver que hay un enlace entre el final de uno y el comienzo de otro, y a su vez un paralelo entre ambos comienzos. Lucas quiere mostrar claramente que hay una estrecha relación entre la predicación de Jesús y la predicación de la comunidad cristiana. Veamos esquemáticamente ambos paralelos, y algunos elementos del texto que la liturgia nos propone.


Paralelos entre el final de Lc y el principio de Hch

Lucas
temas
Hechos
24,13-43
Pruebas de que vivía
1,3
24,4
dos hombres vestidos
1,10
24,10
mujeres con los apóstoles
1,14
24,47
predicar a todas las naciones comenzando por Jerusalén
1,8
24,48
ser testigos
1,8
24,49
promesa del Padre
1,4
24,49
no se vayan de Jerusalén
1,4
24,51
elevado al cielo
1,9


Paralelos entre el comienzo de Lucas y el comienzo de Hechos


Lucas
temas
Hechos
1,1-4
introducción a Teófilo
1,1-3
4,2
40 días antes de la misión
1,3
4,1.14.18
comienzo por medio del Espíritu Santo
1,2
4,43 (ver 1,33)
Reino de Dios
1,3
3,16
Juan bautizó con agua
1,5
3,3
proclama de arrepentimiento
2,38
1,21.22.39.41
Cumplimiento de las leyes
1,12
6,12-16
elección de los Doce
1,16-26
3,22
Llenos del Espíritu Santo
2,1-4
3,21
... del cielo
2,2
3,22
un ruido
2,6
4,18-21
después del envío del Espíritu se cumple la Escritura
2,14
4,24 (25-30)
profeta (por el Espíritu)
2,17-18
4,36
milagro, asombrar
(thambô, sólo aquí [y Lc 5,9] en todo el NT)
3,10
5,1-12; 27-28; 6,12-16
la comunidad crece
2,17-18
9,51
tomó la decisión de ir a Jerusalén
19,21
13,33
dispuesto a morir en Jerusalén
21,13
23,18
reclamo de muerte
21,36
23,1
tribuno romano
21,37
20,20; 21,12
procurador
23,24.26; 24,1
23,8-12
ante el “rey”
25,13
24,27.44
cumplimiento de la Ley y los Profetas
24,14; 28,23
24,48
testimonio de Jesús
28,23

De todos modos, detengámonos en algunos elementos que hacen a una mejor comprensión del texto. No sólo son evidentes los paralelos que hemos destacado. Hay aspectos valiosos a considerar. Por ejemplo: si bien el tema del “reino de Dios” es tema fundamental en la predicación de Jesús, no es tema aparentemente importante en Hechos. Sin embargo, no podemos descuidar que el tema se encuentra presente en los momentos clave de este libro, y también en el comienzo y en el final (1,3.6; 8,12; 14,22; 19,8; 20,25; 28,23.31). Del mismo modo que antes de comenzar su ministerio Jesús pasa 40 días en el desierto (Lc 4,2), la Iglesia se encuentra con Jesús 40 días, antes de empezar el suyo (algo especialmente significativo si recordamos que en el Evangelio de Lucas, Jesús asciende el mismo día de su resurrección; es evidente que Lucas quiere destacar aquí el número 40; ver Hch 1,3). El encuentro con Jesús, como es frecuente en el Evangelio se da en el marco de una comida, del mismo modo que se destaca la centralidad de Jerusalén para la misión evangelizadora (v.4) y se prepara la venida del Espíritu Santo para esta misión (del mismo modo que ocurrió con Jesús.  Se pone en paralelo expresamente el bautismo de Juan con el que empieza el ministerio de Jesús con la venida del Espíritu (v.5) y se continúa destacando la centralidad del tiempo –tema característico de toda la obra de Lucas- (v.7). Hay consenso general entre los estudiosos que el v.8 es clave en toda la obra de Hechos: así como Lucas tiene una clara distribución geográfica e histórica, también esto se puede ver en Hechos. Pero no es “meramente” una distribución en orden a lo “narrativo” sino con explícita intencionalidad teológica. Así como Jesús en todo su evangelio se dirige a Jerusalén “porque no debe un profeta morir fuera de Jerusalén” (13,33), aquí se señala que el Evangelio y su testimonio se entenderán “en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra” (v.8). Es por eso que cuando Pablo llega a Roma (el acceso a “los confines de la tierra, porque “todos los caminos conducen” a ella) Lucas puede terminar su obra sin contarnos que le sucedió a Pablo. Su lema –a lo largo de la obra es que “la palabra (de Dios) crecía” (6,7; 12,24; 19,20) y crece tanto que llega hasta la capital del imperio. Mirando la estructuración de Hechos puede verse que toda la primera parte muestra cómo se predica en Jerusalén, luego en Judea y Samaría, y la palabra crece hasta llegar a Antioquía, Asia Menor, Europa, y finalmente hasta Roma. El “programa” del v.8 se despliega a lo largo de todo el libro.

En este marco, luego de haberle señalado a los apóstoles su misión, es que ocurre la ascensión. Jesús ya puede irse, tiene quienes continúen su tarea. El modo de elevarse es con características propias de las teofanías (manifestaciones de Dios), nube, cielo, hombres vestidos de blanco, y finalmente la confirmación de la visión. La palabra de los hombres marca también el sentido teológico de Hechos: Jesús vendrá del mismo modo que se lo vio partir, ¿qué hacen mirando al cielo? Es decir: “¡a trabajar!” Jesús va a volver y hasta que vuelva, a ustedes les toca anunciar el Evangelio, hacer que la palabra de Dios crezca y se anuncie en todo el mundo. Entendido en este sentido, Hechos no ha terminado, seguimos en el “tiempo de la Iglesia” y debemos continuar la tarea de la Evangelización.

La Ascensión es como un juego de postas: ahora les toca a los sucesores, los apóstoles (que en Lucas son los Doce). Esto también se destaca en Hechos de un modo claro, luego le tocará a otros (los Siete, Bernabé y Pablo) y más tarde a otros, “los presbíteros”. El anuncio del reino debe continuar hasta que Jesús vuelva como se lo vio partir. Pero para que este pueblo profético pueda desempeñar su misión, debe estar acompañado por el Espíritu Santo, que es el gran responsable de la tarea evangelizadora. Pero la venida del Espíritu, el próximo paso antes de comenzar la misión, será en unos pocos días más.


Lectura de la carta a los cristianos de Efeso     1, 17-23


Resumen: La estrecha unión entre Cristo y su Iglesia marca un camino. Allí donde ya está el Señor se dirige su “Cuerpo”. Utilizando los Salmos el autor muestra que Jesús ya está junto a Dios habiendo vencido a las fuerzas del mal y la muerte y hacia donde nos dirigimos.


Después de un interesante Himno eclesial (1,3-14) el autor, un discípulo de Pablo, se dirige a los destinatarios (¿una comunidad? ¿una “carta abierta”?), haciendo expresa referencia a la misión de la Iglesia en medio del mundo (pagano). El autor señala que esto que destacará es lo que él pide a Dios en sus oraciones, por lo que el texto es claramente una “oración”. Si se ve atentamente, estamos ante una oración larguísima, sin punto desde el v.15 hasta el v.21. Los vv.22 y 23 constituyen finalmente la conclusión, o la motivación, que es la estrecha relación entre Cristo y su Iglesia, tan estrecha como la de un cuerpo con la cabeza.

En la oración, fundamentalmente lo que el autor pide para la Iglesia es que “conozca”. Sabemos que “conocer”, en el mundo bíblico es una experiencia profunda del objeto, no se trata de algo expresamente “racional”, o intelectual. Pide que Dios, “el Padre de la gloria”, el “Dios de nuestro Señor Jesucristo” les  conceda “espíritu de sabiduría y revelación” precisamente para “conocerlo perfectamente”. De ese modo, podrán profundizar 3 elementos importantes: la esperanza en la llamada, la riqueza de la gloria y la grandeza del poder desplegado en la Pascua. Es decir, conocer a Dios implica conocer su intervención activa en la historia de la salvación, llegada a su plenitud en el “acontecimiento Cristo”. Pero esto es imposible sin el espíritu (no pensemos aquí que se refiera explícitamente al Espíritu Santo) de sabiduría, esto es la capacidad de comprender, el reconocer el paso de Dios en la vida, y de revelación, es decir la explícita manifestación de Dios que aclara, interpreta la historia. Sin dudas esto es necesario e imprescindible para reconocer el obrar de Dios que a continuación explicitará como llamada, gloria y poder. Pero todo esto es “en relación” a la comunidad, la esperanza es “a la que fuimos llamados”, la gloria es “en herencia a los santos” y el poder manifestado en la resurrección y ascensión es “poder para con nosotros”. La relación de la Iglesia con Cristo es inseparable. Es interesante notar (aunque aquí sólo es insinuado y desarrollará más adelante, esta unión de los creyentes con Cristo es tan plena que así como Cristo está resucitado y sentado junto a Dios, del mismo modo, estando plenamente unidos a Cristo, los creyentes ya están resucitados y sentados conjuntamente a él (2,6) a fin de “mostrar la sobreabundante riqueza de su gracia“.

Esta estrecha interrelación se expresa en la conclusión con la metáfora del cuerpo y la cabeza. No es unánime entre los estudiosos la afirmación de que la imagen esté tomada del ambiente estoico, o quizás también (pre) gnóstico, Lo cierto es que la imagen alude a –por un lado- una estrecha interpenetración, y también a un sentido de superioridad. La cabeza es, aparentemente, la conducción en este caso. No parece que deba entenderse en sentido de precedencia, sino de gobierno. El tema “cabeza de su cuerpo, la Iglesia” es tema recurrente en Colosenses y Efesios (Col 1,18.24; 2,10.17.19; 3,15; Ef 1,22-23; 2,16; 3,6; 4,4.12.15; 5,23.30; ver Ef 1,10). Esta comunión entre cuerpo y cabeza permite la esperanza ya que “precedernos como Cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza” (Prefacio).

Es interesante señalar que esta “elevación” es “por encima” de todo “principado [arjê], poder [exousía], virtud [dynamis] y señorío [kyriótês]”. Estos extraños personajes (ver 3,10; 6,12; Col 1,16; 2,10.15) parece que deben entender como por poderes “de este mundo”, como personajes diabólicos, fuerzas del mal que son vencidas por Cristo aunque parezcan “todopoderosas”. Todo (panta) está puesto “bajo sus pies” constituido “cabeza del cuerpo” (v.22-23). Y así es “la plenitud del que todo en todo es plenificado” (así parece conveniente leer literalmente el versículo conclusivo). La fórmula “todo bajo sus pies” está tomada del Sal 8,7 y se refiere al “todo” de la creación sometido al señoría del ser humano que es “apenas inferior a un Dios” (v.6). Sin embargo, otro salmo está en el trasfondo de la idea de la ascensión al destacar al resucitado como “sentado a la diestra (de Dios) en los cielos” (Sal 110,1). Aquí volvemos a encontrar la idea de “los pies”, aunque en este caso se refiere explícitamente a los vencidos (cf. Jos 10,24). El rey se sienta a la derecha de Dios que lo guiará para triunfar sobre los enemigos, “quebrará a los reyes” (enemigos, v.5). Este Salmo fue muy utilizado por el primer cristianismo (ver Hch 2,33.35; Mc 12,35-37) para aludir a la resurrección (y el autor de Hebreos encuentra en el v.4 elementos para profundizar el sentido sacerdotal del Mesías). La ausencia de Jesús, el haber sido resucitado por Dios supone que Dios lo ha “llevado” junto a sí, y “sentado a su derecha”. El Salmo, que está en el trasfondo de este y otros textos es claramente usado por el cristianismo primitivo para mostrar que las Escrituras ya aludían a la resurrección de Jesús.



+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     28, 16-20

Resumen: Jesús resucitado se encuentra con los Once en Galilea. Allí pronuncia el último discurso del Evangelio enviándolos de un modo misionero. Pero les garantiza que él estará siempre en medio de los suyos acompañándolos.



El texto evangélico es el final del evangelio de Mateo (Evangelio que se lee en este tiempo litúrgico). El texto no hace referencia a la Ascensión ya que esta es, propiamente hablando, una creación literaria de Lucas. Toda la larga unidad anterior estaba constituida por tres escenas en torno al sepulcro:


1.    Las mujeres (María Magdalena y la otra María; cf. 27,61, seguramente la madre de Santiago y José, cf. 27,56) van al sepulcro [28,1-8]. El ángel les dice: “Y ahora vayan enseguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allí le verán.» Ya se los he dicho” (28,7);

2.    Las mujeres se encuentran con Jesús que les dice: «No teman. Vayan, avisen a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». (28,10)

3.    Los sumos sacerdotes sobornan a los soldados (28,11-15)


La escena con la que concluye en Evangelio es precisamente el encuentro de los discípulos (a los que Jesús llama “hermanos”) en Galilea (cf. 26,32). Mateo acota que el encuentro ocurre en un “monte”, que “Jesús les había indicado”. La importancia de los montes en Mateo es fácilmente notable: en un monte ocurre una tentación (4,8), en un monte Jesús comienza sus enseñanzas (5,1), Jesús ora en un monte (14,23), sigue enseñando y sanando desde un monte (15,29), en otro se transfigura (17,1) y finalmente en uno se encuentra resucitado con los “hermanos” (28,16).

La resurrección ha provocado un encuentro, y los que lo ven lo “adoran” (prosekynêsan). En la tentación Satanás le pide ser adorado a cambio de los reinos del mundo y su gloria (4,9) y Jesús les dice que a Dios se ha de “adorar y sólo a él se dará culto” (4,10). Sin embargo, en el Evangelio son varios los que se postran ante Jesús: un leproso (8,2), un magistrado (9,18), los discípulos en la barca (14,33), una mujer cananea (15,25), la madre de los hijos de Zebedeo (20,20) e incluso las mujeres ante el resucitado (28,9). Sin embargo, algunos “dudan” (distázô). Este verbo se encuentra sólo una vez más en el NT, Pedro duda al caminar sobre las aguas manifestando así su “poca fe” (Mt 14,31). Algunos manifiestan su poca fe ante el resucitado. Esto motiva una última intervención de Jesús en el Evangelio:

Jesús reconoce que “me ha sido dado” (la voz pasiva indica que Dios se lo ha dado; el aoristo indica un momento preciso: ¿la resurrección?) “todo poder” (exousía) en el “cielo y en la tierra” (es decir, en todo el mundo). Ese poder se manifiesta en la enseñanza de Jesús (7,29), en su capacidad de perdonar pecados (9,6), en la expulsión de los vendedores en el Templo (21,23). Con la autoridad de su palabra los envía a “hacer discípulos” (el verbo, mathêteúô se encuentra una vez en Hechos -14,21- y luego solamente en Mateo: 13,52; 27,57; 28,19) a “todas las naciones” (ethnê), en el Evangelio se refiere a los paganos (4,15; 6,32; 10,5.18; 12,18.21; 20,19.25; 21,43; 24,7.9.14). Aunque la invitación a “todas las naciones” parece incluir aquí también a los provenientes del judaísmo. La Iglesia –tema importante en Mateo- es una nueva nación (ethnê) que debe dar frutos (21,43), que debe reconocer con fe a Jesús presente en los que tienen hambre, sed, frio… (25,32). 

Este “hacer discípulos” se concretizará en el bautismo. Parece provenir de la comunidad de Mateo la novedad de bautizar “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” ya que el cristianismo de los orígenes bautizaba en el nombre de Jesús (cf. Hch 2,38; 8,12.16; 10,48; 19,5; cf. 1 Cor 1,13.15; lo que no quita que la fórmula trinitaria tenga elementos paulinos, cf. 1 Cor 12,4-6; 2 Cor 13,13). La importancia que este Evangelio tuvo en los comienzos (probablemente por la importancia a la identidad propia de los cristianos, que da el Evangelio de Mateo) influyó en que esta fórmula característica del bautismo se impusiera luego en la Iglesia universal. 

Al hacer discípulos deben “enseñar” (didáskontes) a guardar (ver 19,17; 23,3) lo que ha “mandado” (entéllô, de donde viene entolê, mandamiento; aunque es sólo una cosa la que Jesús “ordena” y es no contar la transfiguración hasta la resurrección, 17,9; sin embargo, el uso es bíblico: Ex 7,2; 29,35; Dt 1,41; 4,2…). Este mandato misionero es la clave de toda esta unidad, la Iglesia no es un grupo cerrado en sí misma sino una comunidad que debe salir de sí hacia los otros. “Enseñar” y “bautizar” se encuentran ambos en participio presente, quizás bautizar y enseñar a hacer lo mandado por Jesús constituye el modo en que los discípulos “harán discípulos” a todos los pueblos.

El Evangelio culmina con una imagen clave de todo el libro. Desde el comienzo sabemos que Jesús es “Dios con nosotros” (1,23). Jesús dirá que “está” en medio de dos o tres que se reúnen en su nombre (18,20), que está en los pobres, hambrientos, sedientos, enfermos, presos… (25,40.45), en los discípulos (10,40), ahora afirma que estará “hasta el fin del mundo” en medio de los suyos (28,20). El Jesús de Mateo no se va (en ese sentido, no “asciende”) sino que está siempre en medio de los suyos.


el video con comentario al Evangelio puede verse en
https://youtu.be/kdm7GXozeM0
o también en
https://blogeduopp1.blogspot.com/2023/05/video-con-comentario-al-evangelio-de-la.html

Dibujo tomado de www.doloresmendieta.com.ar

lunes, 15 de mayo de 2023

“Una justicia demasiado largamente esperada”

“Una justicia demasiado largamente esperada”



Hace más de 25 años los obispos argentinos promulgaron unas “reflexiones sobre la justicia” (26 de abril de 1997). Allí se hablaba de los jueces, los medios de comunicación, los consejos de la magistratura… Allí repitieron esta angustiante frase sobre la justicia y la desinflada esperanza.


Esta sensación de querer vivir sin ley, o de poder modificarla para servir a intereses sectoriales facilita la corrupción privada y pública, crea un estado de incredulidad generalizada, de temor frente a los demás, de impotencia y angustia que impide la formación de un espíritu solidario y fraterno. Estas circunstancias ponen en crisis la cohesión de la sociedad.

Las autoridades legítimas, que integran los diversos Poderes de la Nación, deben honrar sus cargos con la honestidad de sus costumbres personales, la austeridad de su vida, el acatamiento a la verdad y el testimonio de un trabajo incansable, cumpliendo lo prometido al servicio del bien común de la Patria. Cuando estas cualidades están ausentes, las mismas autoridades comprometen la cohesión y el crecimiento moral de la sociedad, a la que deben servir y de la que no deben servirse. (#4.5)


Y la frase “demasiado largamente esperada” repetía lo dicho por ellos mismos en 1985. La justicia, virtud fundamental para toda sociedad, sigue ausente entre nosotros. Demasiado ausente.


En nuestros días, un minúsculo grupo se ha apropiado de la suma del poder público rompiendo el federalismo que nos constituye como nación, y exigiendo para algunos lo que no exige para otros. La vida cotidiana de las argentinas y argentinos se ve afectada constantemente por el imperio de la injusticia; la paz social está en riesgo constante y, en ocasiones, pareciera que todos vivimos “en libertad condicional”. La inacción gravísima, por ejemplo, frente al atentado contra la vicepresidenta y la cada vez más evidente cadena de complicidades no hace más que comprobar que para el poder judicial la justicia le es ajena. 


En nuestros días, además, un nuevo caso de abuso de autoridad policial y la desidia gubernamental se hizo patente en el departamento de Pellegrini (Santiago del Estero). Claudia y su bebé murieron por violencia obstétrica, inacción médica y un estado al servicio de los poderosos. Y nuevamente nos hacemos solidarios con las víctimas. Víctimas de la violencia, pero también víctimas de la indolencia oficial a la que los pobres no le importan, y, todavía más, se los reprime. Nuestra solidaridad con Rubén, que ha padecido la violencia institucional, el cura también amenazado, no es un acto corporativo, es estar con él porque él está donde Jesús nos invita a estar (y donde los gobiernos debieran).

Vayan nuestros repudios por tanta espera, demasiada. Vayan nuestros repudios, acompañados de la esperanza de que el pueblo sabrá ver y acompañar a aquellos que celebran la vida, toda su vida, y persiguen alcanzar la justicia porque allí encuentran también a Dios (Dt 16,20).


Grupo de Curas en Opción por los pobres

15 de mayo 2023


Video con comentario al Evangelio de la Ascensión del Señor "A"

Video con comentario al Evangelio de la Ascensión del Señor "A"


o también en

https://youtu.be/kdm7GXozeM0

Eduardo

jueves, 11 de mayo de 2023

Los grupos de tiempos de Jesús

Los grupos de tiempos de Jesús

Eduardo de la Serna



Puesto que Jesús – como es evidente - vivió y desarrolló su ministerio en un lugar concreto, es interesante, al menos brevemente, conocer a algunos de los grupos con los que se relacionaba. Eso nos ayudará a ver semejanzas y diferencias y, quizás, acercarnos un poco más a lo que él viene a aportar.

Es importante tener claro que ayer y hoy, el judaísmo se caracteriza por ser diverso. No hay “un modo” de entender el judaísmo, y sería preciso decir que no había (ni hay) judaísmo sino “judaísmos”. Esto tiene que ver con el modo de vivir, de entender lo que se debe hacer o no, y las razones.

El grupo, de tiempos de Jesús más conocido, son los fariseos. Era el grupo más popular, y el más respetado porque buscaban hasta en los pequeños detalles ser fieles a la Ley de Dios. A veces, tan preocupados por los detalles terminaban olvidando lo importante, y eso es muy criticado por los mismos fariseos y también por Jesús. También había algunos fariseos más abiertos y otros más cerrados según diferentes escuelas. Leían la Biblia (la Ley, los Profetas y los demás escritos, la llamaban) tratando de aplicarla a la vida, y eso los llevaba a tratar de seguir pensando en nuevos encuentros con Dios, y por eso aceptaban las tradiciones, por ejemplo, creían que Dios resucitaría a sus amigos. Pretendían que la religiosidad no solamente debía expresarse en el templo, sino que la propia casa debía ser un ámbito de fidelidad y encuentro con Dios.

Los saduceos, en cambio, eran el sector más elitista. Más cercano a los ambientes sacerdotales (y, por lo tanto, al templo). Como suele ocurrir con los sectores elitistas, eran reacios a los cambios, por lo que no aceptaban las novedades; por eso no reconocían los nuevos libros que iban incorporando a la Biblia los fariseos, y – por lo mismo – no creían en la futura resurrección.

En estos tiempos existe otro grupo que nunca es mencionado en la Biblia, pero sabemos que existían, eran muy respetados, y había por todas las ciudades del territorio, los esenios. Eran un grupo particularmente religioso y detallista, particularmente obsesivos en el respeto del sábado y las purificaciones. Con frecuencia hacían promesas o juramentos, pero eran muy críticos de los sacerdotes a los que consideraban infieles a la voluntad de Dios. También creían en la resurrección, y un grupo de ellos decidió “romper” con el ambiente y se trasladó al desierto, en la zona del Mar Muerto, afirmando que la misma comunidad era el nuevo y verdadero templo, un nuevo y verdadero sacerdocio, y aceptando – además de los mismos libros que aceptaban los fariseos, otros muchos producidos en la comunidad.

Finalmente mencionemos a los samaritanos. Como es evidente, el nombre remite a la ciudad de Samaría, y los judíos los tenían como una especie de herejes. No aceptaban el Templo, sino que tenían uno propio, y solo reconocían como Biblia los primeros cinco libros (la Ley). Tenían mala relación con los judíos y en ocasiones esta era violenta, de una parte y de la otra.

En ocasiones se ha hablado también de los zelotes (grupo ultra – celoso, de ahí el nombre). Estos fueron un grupo violento que se enfrentó al imperio romano y le hizo la guerra, que terminó con la destrucción de Jerusalén (año 70), pero todo indica que no los había en tiempos de Jesús (sí había grupos “celosos”; Pablo mismo afirma que lo era); el levantamiento armado comienza más de 30 años después de Jesús.

Sería injusto de nuestra parte suponer en unos o en otros que haya mala fe, o cosas por el estilo, pero sí podemos notar que Jesús parece mucho más cerca de unas posiciones que de otras.

  •          Jesús cree en la resurrección. Jesús parece aceptar como parte de la Biblia, por ejemplo, textos de los profetas.
  •          Pero, además, Jesús, que respeta el sábado, también relativiza su importancia en función de la persona humana.
  •          Y, de hecho, si bien discute con los fariseos (como otros fariseos también lo hacen, como vimos), en el juicio y condena de Jesús los fariseos parecen quedar de su lado mientras que los saduceos son parte activa de la condena y ejecución.
  •          Jesús respeta el templo, pero cuestiona que se haga mal uso de él de un modo no conforme a lo que Dios quiere.

Pero, eso no impide, por ejemplo, que proponga nada menos que a un samaritano como modelo de amor misericordioso, que participe en las fiestas litúrgicas del templo y que vaya los sábados a la sinagoga cuando no está en Jerusalén. Jesús era judío, y un judío que pretendía ser fiel a lo que él veía como proyecto de Dios, y eso es lo que él propone, y eso es lo que – los que nos llamamos “cristianos” – pretendemos vivir, reconocer y predicar.

 

Imagen tomada de https://tomasgarciahuidobro.com/el-consejo-de-los-sabios-como-regla/