Video con comentario al Evangelio del domingo 29º "C"
o también en
https://youtu.be/DKFGIv6xUtU
Eduardo
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Eduardo
La mala suerte de un espejo entero
Eduardo
de la Serna
Hace años, visitando el “Coricancha”,
el majestuoso templo del Sol, en Cuzco, sobre el cual se edificó la iglesia de
Santo Domingo, pudimos ver que los terremotos, frecuentes en la región, habían
destruido, en mucho o en parte, el nuevo templo, que debió ser frecuentemente reconstruido,
mientras el viejo e incaico templo permanecía firme e intocable. Era evidente,
como decía uno, que “este fue construido por incas, el otro por inca-paces”.
Como dice un antropólogo peruano*: los españoles podrían haber aprendido de los
incas en todo lo referente a la edificación y el aprovechamiento hidráulico,
pero como estos eran tenidos por inferiores, su “superioridad” no se lo
permitía. Nada tenían que aprender de aquellos casi animales.
Este año me invitaron a dar
unas charlas a un grupo de curas alemanes en diferentes países de América Latina,
y conversando, en un entre tiempo, uno me dice: “yo tengo la experiencia [debo reconocer
que no tengo la misma impresión, pero cito su dicho] de que los curas europeos
se adaptan muy bien en América Latina, con excepción de los españoles que se
sienten extraños «en colonias»; ellos no se adaptan nunca”.
Hace unos meses escribí entristecido
por actitudes de Joan Manuel Serrat, a quien desde adolescente he querido y
escuchado. Su actitud frente al peronismo (ya reflejada en la letra de su
canción “La montonera”) lo llevó a apoyar al macrismo y toda la perversión que
este implicó. Parece que la ‘progresía’ no le permitía llegar a entender que en
Argentina muchos queremos mirar, sentir, expresarnos de una manera que, visto
desde la ilustración española, superioridad, por cierto, nos “explica” que eso
es fascismo, franquismo o como quieran llamarlo; algo siempre negativo, por
cierto. Cosa que muchos y muchas, y en mucho, no aceptamos “ni un tantico así”.
Ahora resulta que la
presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, rechaza un proyecto económico
de Pedro Sánchez y lo acusa de “peronista” y que así, “el peronismo arruinará
el motor económico de España”. Por lo que dicen los medios que he leído, lo
dijo sin sonrojarse, sin reírse, ni sin señalar que lo hacía “entre comillas”.
No tengo nada que decirle a
doña Isabel que, además, no lo escuchará, y si –por ventura – lo escuchara, lo
recibiría como propio de un “sudaca”, es decir de un inferior. Su excelsa
superioridad fascinante me deja absorto y nada podría siquiera insinuar.
Imagino que tipos de la brillantez de José María Aznar, que leía y escribía con
dificultad, o de Rajoy y su “fin de la cita”, por no hablar de su majestad el
rey sentado, el mismo que habló de “José Luis Borges” serán alimento
autosuficiente de tanta grandeza.
Mientras tanto algunos, no
sabemos si algún día aparecerá alguien que le diga que “su majestad está
desnudo” o si nos toca esperar que otro día se les rompa el espejo y desolados
y desoladas no sepan cómo hacer para pegarlo, porque es imposible vivir sin
autoreferencia.
*[la cita exacta de Rodrigo Montoya, antropólogo peruano es: "Si los españoles hubieran sabido valorar el saber de los ingenieros y los constructores incas —por ejemplo— la construcción hidráulica y antisísmica, habría ganado muchísimo. Pero los españoles de ayer como los colonizadores de ahora estuvieron y están aún convencidos de la supuesta «ignorancia de los indios». Siguen prisioneros de la trampa civilizatoria de Occidente que reduce el saber general a saber leer y escribir".]
Imagen tomada de https://www.udlaspalmas.net/2010/02/02/visto-en-el-foro-la-fabula-del-rey-desnudo/
Un sacerdocio cristiano
Eduardo de la Serna
Podemos decir, con bastante seguridad, que no existe religión alguna que no tenga algún tipo de sacerdocio. Por lo tanto, sería de esperar que el cristianismo debiera también tenerlo. Pero ya hemos dicho en otro párrafo, que es algo relativo atribuir al cristianismo la categoría de “religión”. En el mundo antiguo, oriental o no, los y las sacerdotes y sacerdotisas eran frecuentes. E importantes.
Pero vayamos al mundo bíblico. En el Antiguo Testamento - y me refiero a los sacerdotes judíos, no a los de otras religiones, por cierto... por ejemplo, las 7 veces que se habla de un “sacerdote” en el libro del Génesis no se refiere a sacerdotes judíos - en Israel el sacerdocio es “genético”. Sólo pueden serlo los que pertenecen a la tribu de Levi, una de las 12 tribus de Israel. Es decir, un varón nacido en esa tribu es sacerdote, aunque no lo quiera, y uno no nacido en ella, no puede ser sacerdote, aunque lo quiera. Después, dentro de esa tribu, sólo los que pertenecen a la familia de Aarón (“hijos de Sadoc”) pueden acceder al sacerdocio principal, de donde luego vendrá el conocido como “Sumo Sacerdote”. Como el término castellano lo indica, el “sacerdote” es el que está en contacto con lo “sagrado” (lo sacro). En el mundo antiguo, lo sagrado es algo absolutamente intocable sin estar precedido de las debidas purezas y separaciones rituales, por ejemplo. Es frecuente, por ejemplo, que cuando uno no “consagrado” (no sacro) toca cosas sagradas, muera (ver Números 4,15). Sólo el sacerdote (no hay sacerdotisas en Israel) puede entrar en el espacio sagrado, es el “mediador”. Pero, y acá hay algo fundamental, para poder mediar entre Dios y la humanidad necesita “estar en el medio”, es decir, acercarse lo más posible a Dios y separarse de los humanos. Esta separación, ciertamente, será ritual, pero se manifiesta en decenas de actitudes, desde sus ropas, su vida familiar, su vivienda, etc.
Pero vayamos al Nuevo Testamento, porque de “cristianos” hablamos. En griego, sacerdote se hice “hiereus” que viene de “hieros”, lo sagrado; y también aquí se hace referencia a algunos sacerdotes no judíos pero, particularmente, a los sacerdotes de Israel. Sin embargo… ¿y sacerdotes cristianos? En los Evangelios y Hechos se hace mención a los sacerdotes judíos (y una vez a un sacerdote griego, Hch 14,13); en Apocalipsis se hace referencia 3 veces a la Iglesia como “pueblo sacerdotal”, es decir, todo el pueblo lo es (se trata, en realidad de una cita de Éxodo 19,6). El término “sumo sacerdote” en griego es una sola palabra: “arjiereús” (que es el "hiereus”, sacerdote, y que es “arjé”, primero, principal). Este término en los Evangelios se encuentra casi exclusivamente ligado a la persecución y muerte de Jesús ya que son ellos, los "sumos sacerdotes" (y no los demás judíos, como dijimos en otra ocasión) los que han tenido alguna participación en su homicidio. En Hechos de los Apóstoles también están en confrontación evidente contra los y las seguidores/as de Jesús. Estas son todas las ocasiones en que encontramos ambos términos en el Nuevo Testamento si excluimos la carta a los Hebreos. Parece que no hay un sacerdocio "cristiano".
Antes de dar un paso más, señalemos dos elementos importantes: [1] los términos que hoy reconocemos como ligados a lo sacerdotal: epískopos, presbíteros y diákonos, de donde vienen nuestros obispos, presbíteros y diáconos, no tienen, bíblicamente, ningún carácter sacerdotal, es decir, de relación con lo “sagrado”, es decir, de “mediadores”: se trata de los que “vigilan” (episkopein) a la comunidad, los que pueden orientarla, porque son “ancianos” (presbytés) y los que sirven (diakonéô) a los más necesitados (enfermos, pobres, presos) en los tiempos del Nuevo Testamento (esto, por supuesto, con el paso del tiempo ha ido cambiando, pero de lo bíblico estamos hablando). [2] Jesús – como sabemos – pertenece a la tribu de Judá, como David, no a la de Leví; por lo tanto, era laico. ¿Cómo se podría pensar, entonces, en un sacerdocio “cristiano” si ni siquiera Jesús lo era? Es evidente que en su ministerio Jesús nunca realizó ni gestos, ni palabras, ni actitudes “sacerdotales”. ¿Entonces?
Como dijimos, el aporte para poder dar un paso más lo presenta la carta a los Hebreos. Un grupo de cristianos provenientes del judaísmo extrañan el Templo, el culto, los sacrificios… el sacerdocio tan ostentoso, tan magnificente de Israel. El autor de la carta, entonces, quiere mostrarles otro modo de mirar las cosas. Sin duda Jesús no es sacerdote al modo de Israel, pero en la Biblia se hace referencia a otro sacerdocio, el de Melquisedec. El sacerdocio de Jesús, entonces, no es al modo del sacerdocio levítico sino que lo es de un modo nuevo, "según el orden de Melquisedec". Pero, además, tiene otra característica: si el sacerdocio antiguo debía separarse de la humanidad para estar “en el medio” (mediador), siendo Jesús “hijo de Dios”, debe separarse de Dios para “estar en el medio”; así, si el sacerdocio judío debía “separarse de la humanidad”, el sacerdocio de Jesús “se asemeja en todo a la humanidad” (2,17; 4,15). Por eso, lo que lo caracteriza como “sacerdote” (a diferencia de los antiguos) es la “credibilidad y misericordia”. Así, el autor nos brinda una lectura espiritual mostrando un nuevo sacerdocio, y también un nuevo Templo (Jesús entra en la “casa de Dios” en su resurrección), y un diferente “sacrificio”, único y por única vez, su cruz. Lo que “consagra” sacerdote a Jesús, dice, no es un nacimiento (en la tribu de Leví) sino el nuevo nacimiento de la resurrección. Y por eso, por resucitado, ya no muere más. Entonces, si en Israel cuando moría un sumo sacerdote se debía consagrar uno nuevo, no ocurre eso con Jesús ya que, resucitado no muere más (ver Romanos 6,9); por eso es "sacerdote para siempre".
Así, el autor de Hebreos pudo dar un paso nuevo. Si bien Jesús era laico y no tuvo acciones sacerdotales, interpreta espiritualmente su Pascua como una consagración sacerdotal de Jesús. Jesús es sacerdote, entonces; y lo es “para siempre” porque no puede morir. Los discípulos de Jesús entonces, tenemos en Él un sacerdote vivo y único, un mediador permanente.
Imagen tomada de https://santabiblia.fandom.com/es/wiki/Sumo_Sacerdote
La fe de los marginados es ejemplo para el pueblo de Dios
Lucas 5 | Lucas 17 |
12 Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que | 11 Y sucedió que, de camino a Jerusalén, pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, 12 y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia |
12b al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo «Señor, si quieres, puedes limpiarme». | 13 y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» |
14 Y él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». | 14 Al verlos, les dijo: «vayan y preséntense a los sacerdotes». |
13 El extendió la mano, le tocó, y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante le desapareció la lepra. | Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. |
15 Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; 16 y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. | |
15 Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. | 17 Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» 19 Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado». |
Video con comentario al Evangelio del domingo 28º "C·
también puede verse en
https://youtu.be/ZZjmYw7hlko
Eduardo
¿Qué hubiera pasado sí…?
Eduardo de la Serna
Se
llama “contra fáctico” a los intentos más o menos felices, más o menos
ficcionales de imaginar lo que hubiera ocurrido en la realidad si algunas de las
cosas presentes hubieran sido diferentes. Evidentemente, estamos en el terreno
de la ficción, pero, hemos de reconocer que hay ficciones más y menos creíbles,
probables, o casi seguras.
Si
bien nunca podremos saber con certeza “qué hubiera ocurrido” si las cosas
hubieran sido diferentes, unos buenos estudios históricos, una seria mirada de
la realidad, nos puede permitir con mayor o menos convicción creer que algo de
determinado modo hubiera o no ocurrido.
Y,
para no dar vueltas, me quiero formular la pregunta que me parece gravísima y
central: ¿qué hubiera pasado si salía la bala en el atentado contra la
vicepresidenta Cristina Fernández?
El
9 de abril de 1948, al salir de sus oficinas, fue asesinado Jorge Eliecer
Gaitán, dirigente del partido liberal de Colombia. El clima venía ya caldeado
con violencias varias. Además, los EEUU habían organizado en Bogotá una
conferencia contra el comunismo (comenzada el 30 de marzo) durante la cual, además,
fue detenido Fidel Castro, entonces joven abogado. La CIA – siempre donde no
quisiéramos que esté – lo calificó de un “abogado peronista de origen cubano”.
Pero, lo cierto es que a partir del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán se desató
en Colombia una ola de violencia (“Bogotazo”) que, con las características
propias de los diferentes tiempos posteriores, recién está terminando ahora con
los acuerdos de Paz que, a su vez, fueron boicoteados por la derecha colombiana
(incluso la eclesiástica) y siguen en proceso de gestación y diálogo. Lo que
quiero señalar, en este espacio, es que un magnicidio concreto, realizado, en
un clima de tensión, fue causante de décadas y más décadas de violencia
fratricida y sororicida. Quienes amamos Colombia somos testigos de cuánto dolor
dejó el hecho y sus consecuencias que perduran todavía en la sociedad casi 75
años después.
Se
podrá decir, con razón, que Argentina no es Colombia, lo que es cierto en todos
los casos y en todos los demás países. Pero no deja de ser cierto que
situaciones de violencia que hemos vivido en el nuestro fueron también gestoras
de más y creciente violencia. Los bombardeos de junio de 1955 (precedidos por
las bombas del 15 de abril de 1953) fueron desencadenantes de demasiada
violencia a la que, en nuestros propios acuerdos de paz, decidimos poner fin en
1983 en el regreso de la democracia. De allí que el quiebre de estos acuerdos
nos permite imaginar como muy posible lo peor. Lo peor alentado con un clima de
violencia del que sólo no es consciente el que se niega a ver. Nadie
sensatamente puede ver como pintorescas las bolsas mortuorias, las horcas,
guillotinas y las imágenes y discursos de muerte de decenas de desequilibrados
humanos. En este contexto, además, los discursos negacionistas (y la dolorosa
presencia de jóvenes alentados por el discurso de la anti política) sobre los
desaparecidos y toda la enorme gravedad provocada por el terrorismo de Estado
no hace sino poner sal en la herida. Negar “los 30.000” es, sencillamente,
socavar los cimientos de una sociedad regada con sangre y negada en su memoria,
simulada en su verdad y desarmada en su justicia.
A
esto, no puedo menos que sumarle los discursos y sujetos y sujetas anteriores
al atentado que en nada se han retractado, de personajes que estercolean en
medios de comunicación, o los editoriales de medios o comentarios de
dirigentes. En lo personal no tengo forma de frenarlo más que con mi espanto.
Y, si sirviera de algo, señalarlos con nombres y apellidos en caso de que se
desatara nuevamente la violencia. La historia, si no nos ha servido en el
presente, ojalá, al menos, sirva en el futuro.
Foto
tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Bogotazo
¿Qué decir que no haya dicho?
Eduardo de la Serna
Hoy celebramos y celebro a santa Teresa de Lisieux.
Teresita, en popular. Podría contar anécdotas, que no hacen a la cosa central;
por anécdotas, precisamente. Podría decir que cuando acompañé a mi hermana
Mercedes por Francia hace un par de años, no pude sino escaparme a Lisieux
(para los que no lo saben se puede ir y volver de París en el día) … allí
charlamos, le dejé mi corazón lleno de nombres, mi vida, las buenas y las no
tanto, y renovamos la amistad. Pero nada de eso cuenta, por anecdótico, más que
para mí.
Es evidente que los que quieren – queremos – caminar
los caminos del que es “el camino, la verdad y la vida” (o el camino que es
verdad y vida) sabemos que no hay un camino único, recto y señalizado. Todos –
creo – tenemos frenos, retrocesos, curvas, saltos adelante, piedras en el
camino, desvíos… de vida se trata. Pero intentamos caminar con y hacia ese
amigo Jesús. Y a esos diferentes caminos los llamamos “espiritualidades”. Los
hay más anchos, más angostos, más sinuosos, más por arriba, más por abajo… y
cada quién elige el que quiere seguir. O el que puede. O el que sabe. Hace ya
muchos años, ¡48 años!, conocí, elegí y quise caminar el camino que Teresa –
Teresita me mostraba. Y, sobre eso, diré que “no hay un camino mejor”; pero en
el sentido de señalar que no se trata de campeonato, sino que cada quién elige
el que quiere – sabe – puede y para ese o esa quién, ese es el mejor. Y no es
el mismo del camino escogido por otro u otra. Entonces, repito, para mí, para
mi vida, para la dirección que quisiera dar a mi vida, “no hay camino mejor”. Y,
también repito, camino que no siempre supe, pude o quise andar bien… y de esto
hablamos en Lisieux.
He dicho varias veces que Teresa – Teresita ha sido
con frecuencia mal interpretada… puerilmente, infantilmente (en el sentido
negativo de esto), y creo – también lo he dicho – buena “culpa” de esto la
tiene ella misma. No supo, no pudo o no quiso romper con el esquema o mandato
de la “joven burguesa decimonónica”, y entonces mirar sus pinturas, la métrica
de sus poesías, y la casi exasperante frecuencia del “petite” (“pequeño”, que
es también, diminutivo, en francés) espanta a quienes quieren una espiritualidad
recia, militante… Creo que la clave radicaría en quebrar esa cáscara, realmente
molesta, para descubrir lo que, luego de hacerlo, el gran Maximiliano Herraiz llamó
“nervadura”. Un día, muchos años después, leí a Gustavo Gutiérrez que al hablar
de la “pobreza / pobres” afirmó que hay una pobreza-pecado, que hay que
combatir, y una pobreza evangélica que hay que asumir. Y, dice, esa pobreza
evangélica es la “infancia espiritual”.
En una sociedad (y eclesialidad en ocasiones) que no
sabe, no quiere o no puede, salir del trágico esquema de la meritocracia, Teresa
no duda en afirmar – mística, al fin y al cabo – que Jesús / Dios (no los
distingue en cientos de ocasiones) “no conoce la ciencia del cálculo”. En
sintonía con otra gran mística, Etty Hillesum, repetirá que “debemos ayudar a
Dios” … no es tanto cuestión de pedirle ayuda. Supo enseñar que la centralidad
de todo no está en nosotros sino en Dios / Jesús, y que por eso la clave no
está en el esfuerzo de ascender hacia él, sino en recibir su descenso
(abajamiento, que es lo que Pablo llamará “gracia”) porque “todo es gracia”. Supo
centrarse en el Evangelio y no en piadosas leyendas llenas de ternura hueca o
de dulzura insustancial. Supo poner el amor en todo, y que no había vida
cristiana sin amor, no había oración sin amor, que no había nada sin amor. Así
se animó (y aquí sí rompió de raíz una religiosidad decimonónica del
sacrificio, el esfuerzo y el mérito) a mostrar que eso de ser amigos y amigas
de Jesús no es solo para un grupo de “grandes águilas” sino que todos, todas (y
todes) estamos invitados a ese camino. Camino de confianza en Aquel que nos
muestra su amor, y por lo tanto, camino de abandono (no quietismo, sino
confiado). En fin… por ahí va lo que hoy quiero reafirmar. Contar. Repetir.
Creo, en suma, que la mejor imagen de su camino –
propuesta es la que ella misma da: la de un ascensor. Para “ascender” a Dios
podemos ir por la escalera de los esfuerzos, sacrificios, méritos (aunque debiéramos,
quizás, preguntarnos cómo es ese Dios al que los humanos podemos llegar
ascendiendo nosotros mismos; en lo personal me resulta bastante pigmeo), o – por
otro lado – dejar que él descienda para sentarnos en sus rodillas maternales. De
confianza en su gracia más que en nuestras capacidades se trata. Y eso no es
pueril. Eso es “espiritualidad”. De Dios, de Jesús hablamos.
Foto tomada de https://www.facebook.com/MirandaBoschRealEstate/posts/2814406995244977/