domingo, 9 de septiembre de 2018

Aportes desde la eucaristía para nuestro presente


¿Podemos soñar con algo nuevo?

Aportes desde la eucaristía a nuestro presente*


Eduardo de la Serna



            Se dice que el sistema liberal, triunfante en la Guerra Fría, ha demostrado, con su triunfo (que da derechos), que la economía de mercado es la única solución económica aplicable. El Nuevo Orden Mundial ha encontrado un espacio político internacional para desarrollar su ideología (que no es tal ya que estas han muerto). Con esto se ha llegado al fin de la historia y sólo queda esperar pequeños progresos que la misma Ley de mercado irá dando naturalmente.

            Este es, un poco simplificándolo, el discurso imperante en el presente. No es este el momento de cuestionar las diferentes afirmaciones que están en este párrafo. Personalmente, preferimos pensar que nos encontramos ante uno de los momentos bisagra de la historia, en la cual esta empieza a cambiar hacia una nueva etapa de la humanidad. Pero dejamos esta tarea a los poetas, a los sociólogos, filósofos y aquellos que están en mejores condiciones que nosotros para analizar la realidad... Nuestra intención es iluminar desde la Palabra de Dios nuestro presente. ¿Cómo? Sin dudas que la Biblia no habla del sistema económico imperante; la actitud frente a los imperios es ambigua en más de una oportunidad, la situación social, política, internacional, es, ciertamente, diferente -muy diferente- a la nuestra actualmente. ¿Qué podríamos, entonces, pretender que la Biblia nos diga de nuestro presente?

            Podríamos buscar textos que nos refieran a la actitud frente a los pobres; nuestra responsabilidad frente a ellos y la actitud de Dios frente a ellos... (¿Cuál es la actitud hacia los pobres -los preferidos de Dios- en el sistema imperante?).

            Podríamos tomar el tema de los ídolos, tan importante en el Antiguo Testamento y no menos serio en el Nuevo Testamento. Los adversarios de Dios que buscan ocupar su lugar y que "dan respuesta" a todos los interrogantes de la humanidad... (¿Acaso, en nuestro tiempo, el mercado con sus leyes, no se transforma en un ídolo?).

            Podríamos hacer referencia al fin de la historia a lo largo de los diferentes escritos bíblicos, y el compromiso con el prójimo que eso supone... (Hablar de fin de la historia sin tener en cuenta los dones de Dios a sus hijos no es -bíblicamente- coherente).

            Podríamos hablar de los signos de los tiempos que los diferentes autores bíblicos nos invitan a descubrir, y particularmente a los signos de nuestro presente... (Hay signos de Dios y su proyecto, y hay signos del anti-proyecto de Dios. La vida y lo que viene con ella son signo de un Dios vivo y que quiere la vida).

            Podríamos tomar el Reino de Dios en su dimensión tanto presente como futura y descubrir el compromiso que eso significa en relación a Dios y al prójimo... (El Reino, Buena Noticia que se anuncia a los pobres, no parece un anuncio para la gran mayoría del mundo ni de nuestro país).

            Podríamos descubrir que la misma pedagogía de Dios nos invita gradualmente a abandonar (¡y rechazar!) la idea del "do ut des" para reemplazarla por una fuerte dinámica de la gratuidad a imagen de Dios... (Sólo lo gratuito es signo del amor, y por tanto, signo del amor y la presencia de Dios).

            Podríamos tomar estos u otros diferentes textos o temas bíblicos. Todos conducirían con mayor o menos énfasis a denunciar la imagen vigente de un Dios lejano y desinteresado, o -peor aún- bendiciendo la ideología triunfante...

            En realidad, hemos preferido enfocar el trabajo desde otra perspectiva. una perspectiva que en cierta manera recoge bastante de lo anterior, pero que, asimismo denuncia constantemente y desde sus raíces más profundas muchos aspectos de nuestra realidad.

La eucaristía, los ricos y los pobres


            La "fracción del pan" aparece como encuentro de la primera comunidad cristiana (Hch 2,42ss). Todo parece indicar que ya desde el comienzo, los primeros cristianos experimentaron en la celebración eucarística la presencia viva del Señor resucitado en medio de la comunidad. Cuando el autor del Evangelio de Lucas debe anunciar la Buena Noticia de la vida pascual de Jesús, le dice a los suyos que el Resucitado se aparece a dos discípulos "el primer día de la semana" (= domingo), que sus corazones arden cuando les "explica las escrituras" y que lo reconocen "al partir el pan" (Lc 24,13-35). Los cristianos de la comunidad de Lucas sabrían leer claramente, en ese texto, que Jesús resucitado sigue apareciéndose, "caminando", en la comunión eucarística...

            Sin embargo, sería demasiado idílico creer que los primeros cristianos vivían "eucarísticamente". El primer testimonio escrito que tenemos de la celebración, nos presenta una comunidad dividida. Es verdad que la comunidad corintia (a ella nos referimos) parecía encontrar por todas partes motivos para la división, pero Pablo se muestra particularmente duro contra este "atentado al Cuerpo de Cristo".

            La comunidad parece haber olvidado sus raíces; las tradiciones, los sacramentos (Bautismo y Eucaristía); el "primer amor" parece olvidado por los motivos más diversos. Pablo, que al principio quería presentar una "escala de valores", viendo que las cosas son más difíciles de lo que creía, decide atacar el mal corintio desde su raíz. Apunta al amor, apunta a las fuentes. En el caso de la eucaristía, la comunidad se reunía en la cena común; todos ponían todo en común (lógicamente, los ricos ponían más)... Al reunirse la comunidad, comenzaba la cena con eucaristía incluida. Sin embargo, los pobres (con más razón los esclavos) tardaban en llegar. Esto determinaba que los que llegaban más tarde, se quedaran sin nada, "mientras unos comen hasta hartarse, otros pasan hambre". La unidad que debe expresarse en la cena eucarística está rota. Pablo no duda y es terminante: "eso no es la Cena del Señor" (11,20). A Pablo parece no importarle si realmente el pan es el cuerpo de Cristo o no; la cena es "propia cena", no la "del Señor". Así como el Bautismo debe hacernos "uno" y es inconcebible la división interna (capítulos 1-4), el Cuerpo eucarístico nos une en el Cuerpo eclesial ("un solo cuerpo somos", 10,17). La división atenta contra la realidad misma de la Eucaristía. En lugar de alimentarse con la muerte salvadora del Señor, "come y bebe su propio castigo" (11,29). Antes de sentarse en la mesa, es indispensable "discernir el Cuerpo"; ¿Cuál? ¿el cuerpo eucarístico? ¿el cuerpo que es la Iglesia? Parece referirse a los dos: Iglesia-comunidad y Cuerpo-Eucaristía se implican mutuamente. Marcar divisiones donde debe reinar la unidad es atentar contra la raíz misma del Evangelio. Quienes comen su propia cena, sin discernir en los pobres a sus hermanos, comen su propio castigo. La vida del pobre, la unidad, en una palabra, el amor, marcan la línea divisoria entre nuestra propia cena y la cena del Señor. De un lado, Jesús y los pobres; del otro los que no disciernen el Cuerpo. ¿Y nosotros?

La eucaristía, permanencia en el amor


            El verbo permanecer, en el Evangelio de Juan es muy importante. Permanecer es estar tan íntimamente unidos que nos hace uno con aquel en quien permanecemos. El Padre permanece en Jesús y Jesús en el Padre (Jn 14,10s; 15,10); sólo permaneciendo en Jesús el discípulo puede dar fruto, del mismo modo que sólo puede darlo la rama cuando está unida a la planta (15,1-17). El que escucha las palabras de Jesús permanece y está en perfecta comunión con el Padre (15,7), tanto como permanece la cólera de Dios en el que no cree (3,36) o como permanece el pecado en el que no "ve" (= creer) (9,41).

            El interesante capítulo 6 de Juan nos presenta, a continuación del signo de la multiplicación de los panes, un discurso de Jesús como pan de vida. Nuevamente, como es frecuente en Juan, el tema es la fe: "el que cree tiene vida. Yo soy el pan de vida" (6,47s). Sin embargo, a partir del v.51, el discurso parece ir en otro enfoque. El pan (= alimento, = fe) pasa a referir al pan eucarístico. Es el pan del Hijo del hombre, la figura escatológica de la apocalíptica judía; es la verdadera comida, y verdadera bebida, "el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (6,56). El alimento eucarístico nos pone en comunión estrecha con Jesús-Hijo del hombre. De hecho, es Jesús mismo, como Hijo del hombre, quien da el alimento que "permanece para la vida eterna" (6,27). Sin embargo, este "permanecer", no es ajeno a los frutos que la permanencia produce. En Jesús "permanece" el Espíritu (1,32s), y el discípulo modelo (= discípulo amado) es el que permanece hasta la vuelta de Jesús (21,22). La permanencia es fidelidad, consecuencia de la fe. Por eso, el que permanece da fruto y el fruto es el amor. El que no permanece no puede hacer nada (15,5) y sólo sirve para el fuego purificador (15,6). El que permanece ama como él amó, hasta el extremo (13,1), revelando todo lo que oyó al lado del Padre (15,15). Es para ese amor que nos ha elegido (15,16). En suma, la fe, la palabra de Jesús, la Eucaristía, nos llevan a permanecer, a una estrechísima unidad con Jesús y entre nosotros. Esa permanencia se manifiesta en el fruto del amor que nos hace "como" Jesús ya que el que ama ha conocido a Dios (1 Jn 4,8).

            Hablar de participación eucarística sin unidad, sin amor hasta el extremo, sin frutos de vida, es hablar de un árbol que no da fruto y al cual el Padre "lo corta" (15,2).

La eucaristía y la sangre derramada


            El relato eucarístico de Lucas y el de 1 Corintios parecen tener una raíz u origen común. La sangre derramada, es la "nueva alianza en mi sangre" (Lc 22,20; 1 Cor 11,25). Ya no es, como en Marcos y Mateo, "mi sangre de la alianza" (Mt 26,28; Mc 14,24). Este último texto parece tomado del relato de Ex 24,8 donde Moisés rocía al pueblo con la sangre de los sacrificios de comunión estableciendo una alianza entre Dios e Israel. En cambio, el texto de Lc-1 Co hace referencia a la nueva alianza. Sin dudas que se refiere a la alianza que no es como aquella alianza en que Dios tomó a Israel para sacarlo de Egipto. Es una alianza que calará hondo del mismo pueblo, hasta el interior, hasta el más recóndito lugar de las decisiones (= el corazón) donde todos amarán a Yahwéh desde pequeños y los pecados serán perdonados (Jer 31,31-34). El mismo pueblo se renueva desde lo más profundo.

            La sangre de Cristo sella esta alianza nueva. La eucaristía es esa "Nueva alianza en mi sangre". Un nuevo pueblo se gesta... No hay -bíblicamente- alianzas sin sangre (ver Heb 9,18.20; 10,29; 12,24; 13,20) y es la sangre de Cristo, presente en la Eucaristía, la que sella esta alianza, la que gesta un nuevo pueblo. No podríamos hablar de la eucaristía sin sentirnos miembros de un mismo pueblo, renovado y comprometido por la sangre derramada de Jesús. Sabernos pueblo, por otra parte, nos compromete a la fidelidad a la alianza, al amor (= conocimiento); la eucaristía nos compromete en esa alianza de vida.

La eucaristía y el pueblo de hermanos


            Si la eucaristía remite al "pueblo", es sacramento del pueblo, entonces la eucaristía también dice algo de nosotros y de los otros. El pueblo de Israel es consciente de que la alianza (lo mismo vale para la nueva alianza) sella una relación con Dios, pero asimismo sella una relación con los demás miembros del pueblo. El miembro del mismo pueblo es un "hermano". Descubrir en el otro un hermano, y vivir la relación con él como encuentro de fraternidad, es consecuencia lógica. Amós denuncia fuertemente la injusticia no por moverse con diferentes criterios (= ideología) a los imperantes, sino porque el otro es un hermano y la injusticia desnuda la fraternidad quebrada; lo mismo debe decirse de las demás críticas proféticas a la injusticia.

            El relato paulino de la eucaristía termina, precisamente, con una exhortación que resume lo dicho con el término "hermanos míos" (11,33). Ser hermanos implica esperarse, comer juntos, compartir el alimento y la vida. Ser miembros del pueblo, ser hermanos, tiene consecuencias para la vida, y particularmente para la vida de los hermanos a quienes no se trata precisamente como tales.

            La eucaristía presupone una vida fraterna. El otro cuenta para mí. El otro es parte importante en mi vida, es mi hermano. Cuando el otro es tratado, amado, servido como hermano, entonces llevamos una vida eucarística, y la eucaristía no se transforma en un rito sino en una auténtica acción de gracias.

La eucaristía y el culto vacío


            Lo dicho anteriormente, es coherente con la constante crítica de los profetas al culto vacío, es decir, al culto que no va acompañado con la vida. Tan importante es este punto que se ha llegado a decir (exageradamente) que los profetas (al menos los preexílicos) rechazan el culto. Sin embargo, es verdad que dar culto a Dios descuidando el servicio al hermano es, para los profetas, un absurdo. Dios rechaza eso: "¿quién se los pidió?" (Is 1,11-17; Am 5,21-27; Os 6,6). Por su parte, Jesús vive coherentemente con este principio. No sólo cita el texto de Os al que hemos referido (Mt 9,13; 12,7), o a Is: "Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí" (Is 29,13 en Mc 7,1-13), sino que su actitud constante enfrenta esta "hipocresía": "no el que dice Señor, Señor... sino el que haga la voluntad del Padre" (Mt 7,21). En esta misma línea de denuncia profética debe ubicarse la expulsión de los vendedores del Templo. Jesús denuncia el culto vacío (o la vida vacía en el culto). La denuncia de la eucaristía corintia que realiza Pablo: "no es la cena del Señor" se enlaza perfectamente en continuidad con esto. 

La eucaristía y el pueblo de Dios


            La Eucaristía es impensable sin la idea de pueblo de Dios. No sólo por el contexto pascual (en la pascua nace el pueblo de Dios, pueblo de la alianza; en la nueva pascua se sella la alianza nueva del pueblo nuevo); también la referencia al maná nos pone en clima y contexto de "pueblo peregrino", alimentado por Dios en el desierto (cfr. Ap 12,6): el discurso del Pan de vida, al que ya hicimos referencia, está en pleno contexto de discurso sobre el maná (6,31.49.58). Lo mismo, también lo hemos dicho, vale para la imagen del Cuerpo (tanto eucarístico como eclesial) de la que se sirve Pablo. La eucaristía es alimento del pueblo. Nada más lejano a un alimento individual, aislado y solitario. No es un encuentro de piedad personal sino un encuentro de hermanos, miembros del mismo pueblo.

            Pero este pueblo, no es simplemente un pueblo "constituido". Es un pueblo liberado. La referencia a la pascua y al éxodo lo confirma. El relato de los sinópticos (más aún si agregamos la cita de Éxodo de Mt y Mc) presenta expresamente la Eucaristía como una comida pascual. Es sabido que la fecha de la pascua (y por tanto, de la Última Cena) es diferente en los Sinópticos y en Juan (más allá de los intentos de armonizarlas suponiendo diferentes calendarios). Juan nos presenta a Jesús muriendo la víspera de la pascua, mientras que los Sinópticos nos refieren a Jesús muriendo en pascua. Sin dudas, ambos se mueven con intenciones teológicas. Presentar la cena eucarística como una cena pascual es, evidentemente, decir que la Eucaristía reemplaza la fiesta de la Pascua. La reemplaza porque la supera, porque la lleva a su plenitud. La Eucaristía es, por tanto, la fiesta del pueblo liberado. De una liberación llevada a su plenitud. No es una liberación diferente, "espiritualizada", sino una liberación perfecta. Desde la raíz más profunda de todo lo que destruye al hombre, de todo lo que destruye la fraternidad, la armonía del pueblo: el pecado y las consecuencias de este en la vida de los hombres y del pueblo.

La eucaristía y la relación con Dios


            La liberación que trae implicada la Eucaristía implica una profunda relación con Dios. La idea de pueblo, a la que ya hemos hecho referencia, no es entendible, en la Escritura, separada de Dios, el que elige, el que establece la alianza, el que libera. La relación con Dios es tan estrecha que la alianza es, incluso, vista con imágenes de matrimonio. El miembro del pueblo de la alianza es "de" Dios. Esto hace que su vida toda también lo sea; no es un pueblo como los demás pueblos, es un pueblo separado, santo... Su vida (no hueca) debe ser, entonces, una vida de alianza, una vida de amor. De allí que todo en el pueblo sea visto en relación a Dios; él es quien marca el camino (la Ley). Dios es el constante referente de la vida del pueblo y de los miembros de la comunidad. No es sólo un pueblo liberado del faraón o del pecado, es sobre todo un pueblo libre, y es Dios mismo el que marca con su amor el camino para ser verdaderamente libres.

            La eucaristía, entonces, es una comida de un pueblo que mira "para arriba" (cfr. Col 3,1), que quiere volar alto. Que se niega a confundirse con los demás porque no es como los demás. Pero que no se aísla de los demás como secta de perfectos sino que se sabe comprometido a llevar a todos la liberación, de mostrar a todos los caminos de vida, los caminos de Dios. La eucaristía impide que nos quedemos estancados en pequeños proyectos o en una vida sin vuelo; la eucaristía nos mete de lleno en el proyecto de Dios que es proyecto de vida para todos, que es proyecto de vida eucarística.

La dimensión escatológica de la Eucaristía


            La referencia a la liberación pascual y la realidad no-liberada que vivimos, nos invita a descubrir que esta liberación ya está, por un lado, comenzada, pero no ha llegado todavía a su plenitud. La mirada puesta en la realización plena del proyecto de Dios nos pone en pleno contexto escatológico. La referencia a "la carne del Hijo del hombre" (Jn 6,53) ya lo había anticipado. Muchos otros elementos de la cena pascual tienen profunda resonancia escatológica; de hecho la cena es una cena escatológica. No sólo porque es "pan del cielo", sino también porque refiere al perdón de los pecados (algo que los judíos esperaban para el final de los tiempos: "todos los elegidos vivirán y nunca caerán en el pecado... aquellos que tengan la sabiduría serán humildes y nunca retornarán al pecado" dice el apócrifo libro de Henoc [5,8]; cfr. 1QS 4,20-23), y porque refiere a que el próximo vino será el "vino nuevo en el Reino" (Mt 26,29).

            Nada más ajeno a una plena comprensión de la eucaristía que una vida que sólo mira la pequeñez de su hoy. La eucaristía nos pone en tensión escatológica. De hecho nuestra vida misma debe ser escatológica ("han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba", Col 3,1). La tensión escatológica, lejos de frenar esfuerzos y quitar entusiasmo, da sentido, orienta nuestra vida y alienta nuestros esfuerzos. La vida fraterna de la nueva alianza encuentra nueva iluminación en la luz que nos llega desde la Pascua. Hasta la misma muerte encuentra sentido en una vida escatológicamente vivida. En ese sentido, podemos decir que los mártires, que tan generosamente siguen regando nuestro suelo latinoamericano, no sólo muestran fidelidad a la esperanza del Reino, sino que además llevan una vida eucarística. Su muerte es eucarística (no en vano muchos han muerto en contexto eucarístico: Mugica, Romero...). La eucaristía, entonces, nos pone en un clima de vida generosa; nos sumerge en la escatología que da nueva dirección a la vida. En ese sentido, podemos decir que la Eucaristía confirma la vigencia de la utopía de la vida nueva, del Reino del Dios de la vida.

La eucaristía, fiesta y gratuidad


            La eucaristía, en toda la sencillez evangélica, no deja de mostrar dos elementos muy importantes de la vida: la fiesta y la gratuidad. La eucaristía es fiesta de vida, y cuando se celebra la vida se comparte y se alcanza más vida. La fiesta termina de quebrar toda imagen individualista, y llama a la solidaridad: en el festejo, en la comida, en la fraternidad... Fiesta es recuerdo, es encuentro y es proyecto. La fiesta pascual no sólo recuerda la experiencia del éxodo, sino que además la actualiza y compromete, en familia (es fiesta familiar), con la obra de Dios. La celebración eucarística no sólo recuerda la pascua salvadora, sino que hace presente la misma vida derramada que derrama vida, y nos pone en tensión escatológica. De hecho, la misma vida es escatológica, eucarística y de fiesta. Es lógico, entonces, que la vida se celebre. La eucaristía es la fiesta de los hermanos liberados, reunidos con un mismo Padre y compartiendo la vida. La eucaristía no puede entenderse sino en fiesta, vida para todos y vida en abundancia.

            Pero la vida, que es en primer lugar, la vida de Jesús, es vida generosamente regalada. Dada totalmente hasta no quedarse con nada. La eucaristía es presencia del amor extremo. Pero el amor (más aún, si es posible, el amor "hasta dar la vida") es absolutamente gratuito. No espera nada a cambio. Simplemente se da, y dándose, da vida.

            Si la clave para entender el más profundo sentido de la eucaristía es el amor, debemos concluir que la eucaristía nos sumerge en un clima de absoluta gratuidad. La vida regalada, el pan regalado, sin esperar nada a cambio, "recibieron gratis, den gratis" (Mt 10,8). La eucaristía es el máximo don de vida y amor, y recibiéndolo experimentamos profundamente toda la gratuidad del amor. Pero como el amor llama al amor, necesariamente, ese amor gratuito nos empuja desde dentro a más amor, a la gratuidad desde dentro de nuestra misma vida en la vida de los otros.

La eucaristía en un mundo de injusticia


            Partiendo de los datos bíblicos, no hemos intentado hacer un estudio exhaustivo de uno o varios relatos bíblicos de la eucaristía. Hemos intentado dejar a la Biblia hablar en un tema central de nuestra vida creyente y seguidora de Jesús. Es oportuno intentar una breve síntesis de lo dicho a fin de sacar alguna conclusión para nuestro tiempo...

            La eucaristía no es un sacramento individualista y personal sino el alimento de un pueblo, pero alimento que supone la vida de un pueblo. Vida de solidaridad y justicia, vida de fraternidad y compromiso con la vida. La injusticia, la pobreza son incompatibles con la eucaristía hasta el punto de desnaturalizarla totalmente; la eucaristía supone un mundo fraterno y escatológico. El amor tiene la última palabra. El pueblo de la nueva alianza debe descubrir en su propia identidad la vida que le ha sido dada. Esta vida no es dada para guardarla sino para regalarla festiva y gratuitamente...

            Ya hemos presentado el sistema imperante y la ideología que lo sustenta. Uno podría preguntarse si en este mundo así "sub-vivido" tiene sentido, o peor aún, si es válido celebrar la eucaristía en estas condiciones de individualismo, no-fraternidad y pecado, uno podría preguntarse si es verdaderamente "la Cena del Señor"... Es verdad que hay mucho de "anti-eucarístico" en nuestra vida, y en nuestro sistema de vida, pero vivida con honestidad, fidelidad y amor, la eucaristía tiene sentido... La eucaristía vivida como encuentro, fiesta y vida, denuncia desde su misma raíz un mundo sin amor, un mundo donde el hermano (particularmente el pobre) no cuenta; la eucaristía denuncia un mundo donde sólo importa lo que se recibe, no lo que se da, donde importa el momento vivido, no el sentido de lo sembrado... Frente a un mundo que acentúa el "carpe diem", que acentúa la supuesta "insignificancia" de las cosas que son "posibles" mientras que no podemos soñar con cosas grandes [que cambien el mundo], e incluso asegura la "muerte" de las ideologías y utopías, la eucaristía -en cambio-, nos muestra con la sencillez de la siembra y la fuerza de la cosecha que la vida de Dios, su proyecto de amor y la utopía del Reino, se hacen presente en la fiesta gratuita del amor derramado en la cruz y son alimento del pueblo en cada vida eucarísticamente vivida y en cada eucaristía vívidamente vivida. La eucaristía, eucarísticamente entendida, quiebra desde su raíz la cáscara del sistema, inaugurando desde siempre y para siempre un mundo nuevo, y siempre renovado, una nueva alianza, una nueva pascua, un nuevo pueblo, una nueva vida...


(*) Artículo publicado en Tercer Milenio, Nº 1 (1993) 18-19. [quisiera señalar que hoy hubiera utilizado un lenguaje inclusivo que aquí no incluí. Mantengo el original por fidelidad al texto]



Dibujo tomado de https://www.ciudadredonda.org/articulo/la-eucaristia-como-celebracion-de-la-vida-diaria

sábado, 8 de septiembre de 2018

El humo de la violencia... el 11 de septiembre


El humo de la violencia… el 11 de septiembre

Eduardo de la Serna




Hubo quienes dijeron que el 11 de septiembre del 2001 finalizó el s.XX. Los atentados criminales contra las torres gemelas dieron en el corazón financiero de la ciudad financiera del país financiero de un mundo financiero. ¡Pegaron duro! Y, con justicia, cada 11 de septiembre se hace memoria de las víctimas, vemos una y mil veces los videos y las fotos de los aviones, los audios, el crimen. Crimen celebrado por unos, hay que reconocerlo, y condolido por una inmensa mayoría.

Pero – antes de avanzar un paso más – no faltan las teorías conspirativas (que suelen ser exitosas, al menos desde el márquetin: que fue autoatentado, que el avión sobre el Pentágono, que ya sabían…) y no faltan los que analizan el “después”: la guerra, la mentira, el espionaje (incluso a los propios ciudadanos). Quienes hemos tenido la ocasión de viajar sabemos la diferencia en la revisión de los pasajeros si el avión va a los EEUU con los demás viajes.

Y mirando algunas de las palabras usadas: atentado criminal, videos, aviones, humo, audios, mentira y espionaje, violencia, celebrado por unos y condolido por otros, no podemos – no puedo – sino hacer memoria de “otro 11 de septiembre”. Un 11 de septiembre que a los latinoamericanos nos “pego duro” y de cerca. En Chile, un genocida condujo un golpe al corazón de la democracia de un país democrático, y se escucha todavía el audio del genocida diciendo que si es necesario se tira abajo el avión en el que Allende viajaría al supuesto exilio, se ven los aviones, el fuego, el humo… la muerte. Y ese 11 de mayo de 1973 fue la “piedra libre” para Bolivia y Banzer, Bordaberry en Uruguay, Ríos Montt en Guatemala, la reafirmación de las dictaduras dinásticas o casi eternas en Nicaragua, Haití, Paraguay, Brasil, y – en lo que me/nos toca – Videla y su banda criminal en Argentina. No hace falta recordar el rol que en todo esto jugó Henry Kissinger (premio nobel de la paz) y la CIA y los EEUU y el capital financiero. No es casual que el 11 de septiembre de 1973 naciera un modelo económico impuesto en toda América Latina, el que hoy llamamos neoliberalismo. Ese que, después de caídas las dictaduras, tiene tan “atrapados” a nuestros países (deuda externa, por ejemplo) que cada tanto regresa a dar un paso más… y otro… y otro.

Cómo no hacer memoria, entonces, del 11 de septiembre y su escala de muerte, de miedo, de terror, de violencia, de pobreza y hambre y sus consecuencias entre nosotros que no terminamos de exorcizar. Ese “demonio” (el único en el que “creo”, políticamente hablando) necesita ser derrotado. Y si hay demonios que se expulsan con oración, y si la oración es un encuentro de amistad con el amigo (Santa Teresa), sólo un continente “amigo”, sólo un encuentro que sepa resistir ese famoso “dividir para reinar” que aplicaron, aplican y seguirán aplicando si nosotros o los “traidores” (que no pagan su culpa, y que me perdone Pablo; porque “esos cuantos” lo olvidan fácilmente, y que me perdone León… es que “puede con mil valientes”, como canta Alfredo) lo permiten. Sólo soñando en una Patria Grande, como la “que San Martín soñó”, y con él otros tantos podremos ser un continente de paz, ese que el poder económico-financiero sigue intentando bombardear desde sus medios, desde sus jueces y sus embajadas. Que me perdonen mis amigos del Norte, entonces, pero este 11 de septiembre desviaré mi mirada hacia el Oeste del Sur y con mis amigas y amigos chilenos y otras y otros latinoamericanos me “detendré a llorar por los ausentes”, levantaré una copa de carmenere en su memoria y con los dos dedos en “V” repetiré, repetiremos, que vale la pena estar vivos porque podemos soñar por un mañana mejor, y poner semillas no transgénicas para que sea una realidad.


Fotos tomadas de:
https://www.biobiochile.cl/noticias/2012/09/11/interferencia-secreta-los-audios-que-relatan-minuto-a-minuto-el-golpe-de-estado-de-1973.shtml

martes, 4 de septiembre de 2018

¿Quién mató a Ismael Ramírez?


¿Quién mató a Ismael Ramírez?


Eduardo de la Serna



Soy consciente – provocadoramente consciente – de la semejanza del título con la monumental obra de Rodolfo Walsh, “¿Quién mató a Rosendo?” Y no pretendo más que provocar, con el título elegido. No podría ni literariamente, ni en cuanto periodismo de investigación – que no lo soy – siquiera aproximarme a esta obra magna. Sólo quiero, lo reitero, provocar.

Provocar escozor: un pibe de 13 años murió de un balazo en el pecho. Una 9 mm. Arma policial si las hay. No es difícil, en un clima represivo, con una policía desatada y con licencia para actuar a voluntad, que un policía disparara a “las hordas” salvajes y hambrientas que osaron saquear – o intentar hacerlo – un supermercado en Presidencia Roque Sáenz Peña, Chaco.

Pero no es muy difícil imaginar que el primer responsable de la muerte de Ismael sea el hambre. Ese otro monstruo grande que pisa fuerte la pobre inocencia de la gente… Ese sujeto invisible que hace que mucha gente muera, otros enfermen, muchos vivan con angustia la incertidumbre ya no de mañana sino del hoy permanente y que algunos “roben para comer”, algo que – tenía entendido – no entraba en la categoría “delito”. Será que la propiedad privada no es más importante que la persona humana. Claro que eso es válido en los papeles. No en las balas.

O quizás el responsable de la muerte sea un sistema, un modelo económico que provoca esa hambre que causa saqueos. Porque si esa hambre ayer no estaba y hoy sí parece que la pesada herencia fue que le hicieron creer a los miles de Ismaeles que tenían derecho a comer. Pero hoy se está ordenando todo para que cada cual sepa cuál es su lugar en la nueva Argentina, donde los únicos privilegiados son los CEOs.

O quizás el responsable de la muerte de Ismael sea el Gobierno. Un gobierno que engendra planes que provocan hambre que causa saqueos que implican balas que llevan a la muerte. Quizás Macri sea el responsable de que hoy Ismael no camine las calles de Sáenz Peña, sino que lo lloren aquellos que lo quisieron. Y su Gobierno represivo, borracho de sangre y de pólvora lacrimógena sazonada con pimienta.

En la Biblia Ismael fue hijo muy querido de Abraham. Fue desterrado, casi muere de sed en el desierto, pero – protegido por Dios – finalmente fue “padre de un pueblo numeroso”, gran arquero (cazador, por lo tanto, como lo eran varios de los antiguos pobladores del Chaco). Hijo de Abraham y de una gran mujer, Agar, esclava y extranjera. Víctimas ambos del patriarcalismo de Sara, pero llenos de las promesas de Dios, que no suelta de la mano a sus amigos. Hoy otro Ismael fue asesinado, el hambre, el neoliberalismo, el gobierno, Macri tienen un muerto en su conciencia. Si la tuvieran. Hoy, los hermanos de Ismael tenemos un hermano menos. Y hoy, los que creemos en el Dios de la vida volvemos a saber, mirando a Ismael y los miles de Ismaeles a saber dónde debemos pararnos, de qué lado de la grieta.

Foto tomada de https://www.taringa.net/posts/hazlo-tu-mismo/20159234/Fui-al-norte-del-pais-y-me-parecio-lo-mas-pobre-que-hay.html

Comentario domingo 23B

La novedad de Jesús sigue vigente

DOMINGO VIGESIMOTERCERO - "B"


Eduardo de la Serna



Lectura del libro del profeta Isaías     35, 4-7a

Resumen: comenzando con metáforas en las que la alegría y la felicidad humanas se proyectan al desierto y la estepa, el canto espera la venida de Dios como vengador y salvador para llenar de fuerza a los desanimados y preparar un camino nuevo para su pueblo que vuelve del exilio manifestando esa alegría plena.

Un oráculo de Isaías invitando a la alegría muestra la novedad que la acción de Yahvé en la historia provocará a su pueblo. El texto comienza y termina con una invitación a “regocijarse”. El motivo de esto viene dado por una “venida”, tanto de Yahvé (vv.2b-6a) como de los exiliados (vv.8-10). El sorprendente cambio del desierto, guarida de chacales, donde impera la aridez que será ahora un estanque donde abundarán la caña y el papiro (vv.6b-7) queda en el centro. El texto puede, entonces verse así estructurado:

a. regocijo y júbilo (vv.1-2a)
     b. venida de Yahvé (vv.2b-6a)
          c. desierto cambiado en estanque (vv.6b-7)
     b’ venida de los exiliados (vv.8-10a)
a’ alegría y regocijo (v.10b-d)

La unidad literaria nos invita a ubicar este texto en algún profeta del post-exilio, cercano a los discípulos de Isaías llamados 2º y 3er Isaías. El tema central está dado por el regreso a Jerusalén de los exiliados (v.10). Es llamativo que no se aluda al Templo, quizás porque aún no estaba reconstruido. Yahvé volverá a ocupar Jerusalén como antes de la destrucción por parte de Babilonia. 

La unidad comienza, como se ha dicho, con una manifestación de emociones humanas de alegría y gritos de júbilo, pero aplicadas a la geografía. La abundancia de felicidad no es lo que se espera normalmente del desierto, el sequedal y la estepa. La naturaleza acompaña la alegría que abundará sin que sepamos todavía de quién. A esta tierra (se le ha dado “a ella”, Jerusalén, cf. 60,13), además, se le ha dado la fertilidad reconocida del Carmelo y el Sarón, y hasta la “gloria” (kabôd, también puede entenderse como “abundancia”) del Líbano. Salomón había construido el Templo y el Palacio con las maderas del Líbano (1 Re 5,15-26; aunque siendo en este caso un trato, esto significó para Salomón una “deuda externa” que debió pagar con tierras, [1 Re 9,10-14]; en cambio, ahora esta gloria del Líbano “le ha sido dada a ella”, Jerusalén); en Is 60,13 se refiere al Líbano y a la reconstrucción del Templo. Sobre el Carmelo y el Sarón se trata de lo contrario de lo que ha ocurrido en 33,9. 

Abruptamente en v.2b pasa a afirmar que “ellos” (sin que todavía sepamos quiénes) verán la gloria de Dios; la estructura paralela que hemos señalado nos muestra que se trata de los exiliados que regresarán a Sión. 

Pero como es necesario experimentar la intervención efectiva de “el Dios de ustedes” (la fórmula no se encuentra en Is 1-34, pero sí en 40,9) este Dios que viene es presentado como “salvador” (cf. 17,10; 25,9; 30,15; 33,22; 35,4; 37,20.35; 38,20; 43,12; 45,8.17.20.22; 46,7; 47,13; 49,25; 51,5; 59,1.16; 61,10; 62,11; 63,1.5.9; 64,4) y “vengador” (cf. 1,24; 34,8; 35,4; 47,3; 59,17; 61,2; 63,4). Esta acción de Dios en los exiliados se manifiesta como efecto sobre ciegos, sordos, cojos y mudos, nuevamente se trata de metáforas sobre la debilidad de los exiliados (como la felicidad del desierto; cf. 42,7).

Este cambio maravilloso pasa de la “alegría del desierto” al “agua en el desierto” con lo que éste deja de ser tal, el ámbito de la muerte pasa a ser espacio de fertilidad y de vida.

En este ex - desierto habrá un camino sagrado, por lo que no lo atravesarán ni impuros ni animales salvajes, es camino para que el pueblo regrese del exilio (11,16; 62,10). Una gran peregrinación se dirige a Jerusalén (quizá en imagen contracultural ante las grandes procesiones que se dirigen cada año nuevo en Babilonia hacia la “puerta de Istar”. El texto de v.10 se repite exactamente en 51,11. El canto de alegría del comienzo ya no es del páramo y la estepa sino de los exiliados, el pueblo liberado por Dios. El texto es así un canto de esperanza: se invita a celebrar anticipadamente, confiados en Dios, la fiesta de la libertad y la vida. El nuevo éxodo, en este caso con la referencia al agua en el desierto, es tema frecuente en el 2º Isaías (41,18-19; 43,20; 48,20-21).



Lectura de la carta de Santiago     2, 1-7

Resumen: No hacer distinción de personas es algo característico en el ambiente bíblico, y ver cómo se trata al pobre es buen modo de descubrir si esto ocurre. 


La carta de Santiago es claramente exhortativa: la frecuencia del uso de hermanoshermanos míos, hermanos míos queridos es muy importante (1,2.16.19; 2,1.5.14; 3,1.10.12; 4,11: 5,7.9.10.12.19). Sin duda el término ayuda a suavizar la dureza del texto en muchas ocasiones. 

Recurre desde el comienzo a un tema clásico del judaísmo: no se ha de hacer acepción de personas ya que Dios no las hace (cf. prosôpolêmpsias, Rom 2,11; Ef 6,9; Col 3,25; cf. Dt 1,17; 10,17; 16,19; 2 Cr 19,7; Job 34,19…). Esto es incoherente con la fe que tienen en Jesucristo. La acepción se manifiesta en un tema clásico: la diferencia que se hace con los pobres (cf. Sir 35,13). 

Con ironía el autor imagina un rico entrando en la “asamblea” y también entra un pobre. Es interesante (y coherente con el marco judío de la carta) que en lugar de usar el clásico “ekklêsía”, Santiago utilice “synagôgê” para hacer referencia a la comunidad reunida, la "asamblea". El contraste entre ambas “entradas” viene dado por la vestimenta: vestidos espléndidos / vestido andrajoso. Pero la acepción viene dada por lo que los destinatarios harían con uno y otro, con el lugar donde se lo sitúa: buen sitio / de pie o “a mis pies”. Obviamente, se dice retóricamente, esto es hacer “distinciones” (diakrinô, diferenciar, hacer un juicio) es “juzgar” (kritês) con mal criterio (ponêrôn dialogismos).

Ante este juicio, el autor se dirige a sus “hermanos” recordándoles que Dios “eligió” a “los pobres del mundo” como “ricos en la fe”, “herederos del reino” prometido a los que le aman. En contraste con el obrar de Dios (nuevamente el contraste juega un rol principal en el relato) “ustedes”, es decir los destinatarios (no un destinatario en particular) “deshonran” al pobre. El obrar de la comunidad es contrario al de Dios (debemos recordar que no se debía discriminar porque Dios no discrimina). Una vez más encontramos - como es muy frecuente en Santiago - semejanzas entre esta carta y el Sermón de la montaña (cf. Mt 5,3).

Pero el autor va más allá: estos ricos, en favor de los que se ha hecho la acepción son los que “oprimen” y llevan a los “tribunales”. La injusticia de los ricos es un tema importante en Santiago (cf. 4,13-5,6). La “opresión” (katadynasteuô) es un hecho que conmueve a Dios (cf. Ex 1,13) y por tanto es algo que Dios prohíbe en el seno de su pueblo (Ex 21,17; Dt 24,7), es algo propio de los injustos (Ez 18,12; 22,7; Os 12,8; Am 4,1; 8,4; Mi 2,2; Hab 1,4; Zac 7,10…). Es coherente con la literatura profética denunciar a los opresores. Irónicamente, los que “juzgan” mal (diekrithête / kritaì) son llevados a los “tribunales” (kritêría). Se dirige a los mismos “ustedes” que han discriminado al pobre reforzando la paradoja.

Concluye la unidad señalando que estos (los ricos) obrando de ese modo “blasfeman” (blasfêmoûsin) el nombre invocado. Se refiere al nombre de Jesús, que desde el bautismo marca a los miembros de la comunidad (bautismo en el nombre de Jesús, cf. Hch 2,38; 10,48).

Es interesante notar que la carta presenta los verbos en presente, lo que es indicio de que se trata de algo concreto que ocurre en la comunidad, es algo habitual. Y no de una persona o grupo en especial sino toda la comunidad. 

La discriminación o acepción de personas según el rostro (prosopôn) es un tema frecuente – como se ha visto – en la Biblia. Es por eso que mirar atentamente cómo se actúa ante el pobre es indicio de si se hace o no esta discriminación (Lev 19,15). Sin duda que no se trata de hacer injusticia en favor del pobre, pero sí estar atento al comportamiento frente al pobre como “test” de un obrar conforme a Dios (Am 5,12; Sir 35,13). 


Evangelio según san Marcos     7, 31-37

Resumen: haciendo realidad lo anunciado por Isaías, Jesús manifiesta la llegada de la nueva creación. 


Extrañamente la liturgia omite el interesante texto en el que Jesús expulsa el demonio de la hija de una mujer sirofenicia (7,24-30) y – siguiendo en territorio pagano – pasa a la siguiente unidad en la que le presentan un sordo que hablaba dificultosamente.

El texto comienza con una extraña movilización geográfica de Jesús (ver mapa). Muchos han pensado que esto es indicio de que Marcos no conoce la geografía palestinense, pero otros han propuesto – y es razonable – que lo que Marcos muestra es el movimiento que fue teniendo el grupo de seguidores de Jesús hacia el interior de la Decápolis.

Los términos usados no son precisos (mudo o impedido de hablar), pero la frase del v.35 (“comenzó a hablar correctamente”) es indicio de que no se trata propiamente de un mudo sino de uno con dificultades en el habla.

El pedido a Jesús que le imponga “las manos” es indicio de que se atribuye a las manos de Jesús una capacidad taumatúrgica (cf. 1,31.41; 5,23.41; 6,2.5).

El contraste con otras curaciones viene dado en que lo que Marcos quiere destacar es el “proceso curativo”. Jesús lo lleva en privado, quizás para no prestarse al espectáculo, o para que la manifestación del poder divino quede en secreto. Poniendo los dedos en las orejas Jesús “toca” al sordo. La saliva era muy frecuentemente tenida como curativa (Plinio el Viejo, Galeno, Epidauro, Apolonio de Tiana, Suetonio). En los últimos tres autores, la capacidad curativa de la saliva viene dada por el emisor y su relación con la divinidad. Sin duda esa parece ser la imagen mental de Marcos: lo que cura es la saliva que pertenece a Jesús (cf. 8,23; Jn 9,6). 

Jesús “levanta los ojos al cielo”, hacia Dios. El poder divino es el que provocará la curación. Jesús pronuncia una palabra en arameo (como había hecho en casa de Jairo, obviamente traducida para sus lectores no provenientes del judaísmo). Curiosamente esto viene introducido por la palabra griega esténaxen (gemir, suspirar, clamar) que aquí se dice en contexto de oración (con la mirada al cielo).

Es interesante notar las semejanzas con el texto de la revivificación de la hija de Jairo:

5,41-43
7,34-37
le dice: « Talitá kum «, que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate».
dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!»
42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años.
35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente.
43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera;
36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban
42b Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.
37 Y se maravillaban sobremanera 

La referencia a que la “atadura” (cadena, dureza, desmós) se soltó se encuentra en textos médicos antiguos (Esopo, Galeno) pero también – y de aquí parece tomada – de Isaías:

Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes, para abrir los ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso (desmôn), de la cárcel a los que viven en tinieblas. (42:6-7)
Así dice Yahveh: En tiempo favorable te escucharé, y en día nefasto te asistiré. Yo te formé y te he destinado a ser alianza del pueblo, para levantar la tierra, para repartir las heredades desoladas,  para decir a los presos (desmois): ‘Salgan’, y a los que están en tinieblas: ‘Muéstrense». Por los caminos pacerán y en todas las dunas tendrán pasto. (49:8-9)

El impedimento de hablar del mudo es análogo al cautiverio. Ambos se quiebran.

Mucho se ha hablado del mandato de guardar silencio (“silencio mesiánico” se lo ha llamado, aunque esto ya es indicativo de una interpretación). Es diferente al mandato de callar a los demonios que lo reconocen y confiesan. La única confesión ha de tener su origen en la cruz (15,39) o desde el cielo (1,11; 9,7). En cambio, ante los milagros no hay “confesión” posterior sobre Jesús. Narrativamente, el mandato de callar está “para ser desobedecido”. La fama de Jesús se propaga y extiende, no puede mantenerse el silencio:
Mira, no digas nada a nadie (…) Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes. (1:44-45)

En este caso, el mandato a guardar silencio es en plural (“les mandó”) pero la curación había ocurrido a solas. Seguramente – al menos en el estado actual del texto – se refiere a la comunidad de Marcos.

El relato concluye con una aclamación de “ellos” (los que tenían prohibido divulgar el hecho). La exclamación tiene dos partes: una referida a los sordos y mudos que nuevamente parece remitir a Isaías:
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. Pues serán alumbradas en el desierto aguas, y torrentes en la estepa (35:5-6)
Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán (29:18)
… el corazón de los alocados se esforzará en aprender, y la lengua de los tartamudos hablará claro y ligero. (32:4)

Y también parece hacer eco de la Sabiduría:
De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora, porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos. (Sab 10:20-21)

Pero esto se une a “todo lo hizo bien” que recuerda el obrar de Dios en la Creación (Gen 1,31). Jesús es agente de Dios y los tiempos finales, la nueva creación comienzan en su ministerio. 
“¡Qué hermosas son todas las obras del Señor! todas sus órdenes se ejecutan a su hora. No hay por qué decir: ¿Qué es esto? Y esto ¿para qué?, que todo se ha de buscar a su tiempo”. (Sir 39:16)

Es importante hacer una distinción: una cosa es el hecho histórico que pueda subyacer detrás del texto, y otra qué quiere decir el evangelista en la narración. En este sentido, los milagros de Jesús tienen una importante carga simbólica. El que antes no podía escuchar el mensaje del Evangelio, ni tampoco predicarlo (era pagano), ahora reconoce y es objeto de la obra creadora de Dios por intermedio de Jesús, y sale a anunciarla porque ya no tiene la traba que se lo impedía.




lunes, 3 de septiembre de 2018

Una nota sobre el "respeto"


Una nota sobre el “RESPETO”


Eduardo de la Serna



El absurdo planteo de la “grieta”, los debates (o gritos) televisivos, los vetustos almuerzos, y la debacle política devuelven el planteo de la necesidad de “respeto”. Palabra ambigua o polisémica si las hay. Esto dice la “Real Academia Española” de la lengua:
respeto
Del lat. respectus 'atención, consideración'.1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.2. m. Miramiento, consideración, deferencia.3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto.4. m. miedo (‖ recelo).5. m. desus. respecto.6. m. germ. espada (‖ arma blanca).7. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.8. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía. 
respeto humano
1. m. Miramiento excesivo hacia la opinión ajena, antepuesto a los dictados de la moral estricta. U. m. en pl.campar alguien por su respeto, o por sus respetos1. locs. verbs. Obrar a su antojo, sin miramientos a la obediencia o a la consideración debida. 
estar de respeto1. loc. verb. Dicho de una persona: Estar vestida.2. loc. verb. Dicho de una habitación: Estar adornada para un acto de ceremonia o de ostentación.
Como se observa, la idea de “respetar” a una persona o sus ideas puede entenderse en sentido genérico, pero no aplica a (casi) ninguna de las acepciones del término. En lo personal entiendo que debe entenderse de modo diferente si se trata de un respeto a una persona que si se habla de respetar sus ideas. Nadie debería ser maltratado, agredido u ofendido por lo que piensa (o lo que vive, siente, como se viste, etc.). Sin dudas hay una suerte de convención o acuerdo social (que puede ir modificándose con el tiempo, por ser, precisamente, acuerdo) que debiera ser “respetado”, pero en este caso de convivencia social se trata. Otro caso es el de las ideas. 

Un ejemplo importante, es el de las ideas intolerantes. Hay países donde es ilegal sostener públicamente ideas intolerantes; y es sensato, probablemente, que así sea. Pero yendo a nuestra actual situación, hay quienes sostienen ideas xenófobas (los paraguayos, peruanos, bolivianos, venezolanos, chilenos… vienen a robar trabajo a los argentinos, o estudiar en nuestras universidades, o atenderse en nuestros hospitales), o ideas aporofóbicas (todos los pobres son ladrones, delincuentes, drogadictos, “está entrando en una zona peligrosa” nos repite en castellana voz el GPS) por ejemplo. ¿Qué respeto debiéramos tener por estas ideas o por quienes las sostienen? Es un desafío pensarlo. Especialmente cuando hemos decidido pensar y vivir “desde el lugar del pobre”. 

Hay un gobierno perverso, que aplica medidas empobrecedoras, aporofóbicas y genocidas. Y hay quienes las ejecutan, y hasta quienes las aplauden… o quienes con su apoyo son o fueron responsables de que estos las ejecuten. ¿Cuál o cómo debiera ser el respeto? Porque, en lo personal, “odio” estas políticas de muerte; rechazo visceralmente el desprecio al pobre o las medidas que los ignoran (o provocan); abomino del FMI y sus monaguillos. Y sé que no son “tormentas” o imponderables sino políticas pensadas, provocadas, buscadas. Y esto implica “pensadores”, políticos (o CEOs) que las implementan voluntaria y sádicamente. ¿Qué respeto merecen? En lo personal sueño que estén presos, con todas las garantías, con "respeto" al debido juicio (y con jueces "respetables"... Huston, we've a problem). ¿Eso es respeto? Pero, a su vez, sueño que los que los han apoyado (o siguen apoyando) tomen conciencia de todo lo que han provocado (ellos también). Y también sueño que cambien de actitud. Que descubran en los pobres, los nuevos empobrecidos, los migrantes a verdaderos hermanos y hermanas (y hermanes). Sólo un profundo criterio de fraternidad y sororidad, que empiece desde los pobres, puede permitirnos ser “un país soñado”. Y un país que con entera dignidad le exija a los poderosos respeto a los pobres, a los ancianos, a los indígenas, a los migrantes, a los niños y niñas. Por ese respeto es bueno empezar, me parece.

Dibujo tomado de http://respeto.info/que-significa-el-respeto-por-la-diversidad-cultural

sábado, 1 de septiembre de 2018

No quisiera que creas que me olvidé de vos...


No quisiera que creas que me olvidé de vos…

Eduardo de la Serna



Es verdad que los seres humanos a veces somos desagradecidos, no valoramos los aportes de los demás, no reconocemos sus logros… en suma, contribuimos en mucho a que tantas y tantos pasen por la vida sin el debido y justo aplauso. Entonces aquí va (o aquí vas):

  • te agradezco, que gritaste que querías poder comprar dólares (a $7 u 8) para viajar cuando querías, y ahora tampoco podés viajar porque está a $ 40.
  • te agradezco a vos que vociferabas porque íbamos camino a ser Venezuela y ahora estamos peor que ellos.
  • te agradezco a vos que insultaste a la yegua/chorra/puta y montonera porque se robó todo dándonos asignaciones, jubilaciones, netbooks, cooperativas, trabajo, subsidios y ahora nos roban en la cara sin dejarnos tener calefacción, jubilaciones, ni siquiera pan ni trabajo.
  • te agradezco a vos, ¡tan ilustrado/a e inteligente!, que tenías todo tan, pero tan claro que hiciste campaña progresista por el actual gobierno.
  • te agradezco a vos, que querías despegarte del gobierno anterior y ser garante de gobernabilidad y les votaste la corte suprema de la vergüenza, los acuerdos con los buitres, la pérdida de lo alcanzado y hasta los negaron quorum para cuestionar el FMI o la presencia de ejércitos extranjeros en nuestro territorio.
  • te agradezco a vos que cuestionaste y abominaste del populismo y hoy el pueblo (ese que cuando cantabas el himno decías que era grande y ¡salud!) está en la lona.
  • te agradezco porque repetiste hasta el hartazgo que todo lo que tenías lo lograste con tu meritocrático esfuerzo y nadie te dio nada, y ahora trabajás más que antes y tenés cada vez menos.
  • te agradezco porque cuestionabas que tengan una netbook o una jubilación los que no hicieron nada, mientras a vos te había costado mucho, y ahora ni ellos ni vos pueden tenerlas.
  • te agradezco – docente, jubilada/o, taxista, cordobés/a, porteña/o – porque te enorgulleciste de entender y saber lo que los “negros” no entendían, y hoy decís que “la política no te interesa”.
  • te agradezco peronista “prolijo” que votaste a Massa, a Randazzo, a Lavagna y apoyás a Picchetto, Bossio, Urtubey para “hacer las cosas bien” y así sumaste votos al cambio que ahora te incomoda.
  • te agradezco porque te dejaste inocular odio contra la "yegua" al ritmo de se robaron todo, se afanaron un PBI (o 2... o 7), "Néstor, te olvidaste a Cristina" y demás linduras, y ahora sentís que te saquearon el bolsillo, el sueldo... la vida.
  • te agradezco espectador/a expectante de TN y sus mafias que insultaste a Santiago Maldonado, a Milagro Sala, a Baradel, a los piqueteros y aplaudiste a Chocobar, gendarmería y Patio Bullrich y ahora te encontrás que ellos mismos te cuentan que está todo bien y estamos terminando de atravesar la tormenta, cosa que desmienten tu bolsillo o tu cartera.
  • te agradezco a vos que decías que había que darle tiempo y ahora decís “si lo hubiera sabido”.
  • te agradezco a vos, que te dijimos desde antes que empezaran que esto iba a pasar, que esto ya lo habíamos vivido y preferiste creerles que este FMI es distinto, que la jubilación le va a ganar a la inflación, que vamos a pobreza cero.
  • Te agradezco, a vos y a tantos y tantas otros/as que hicieron posible este cambio. Te agradezco pasar frio, te agradezco mi jubilación, te agradezco el contenido de mi heladera, te agradezco la tristeza de tantas y tantos hermanos, te agradezco las décadas que vamos a tardar en levantar esto; décadas que tu impaciencia no soportará y cuando estemos en mitad del nuevo camino volverás a las cacerolas o los gritos clasemedieros de que los demás no te importan, que solo cuentan tus ahorros, tus deseos, tu ombligo.


Gracias, hermana. Gracias hermano. ¡No sabés cuánta alegría y cuántos adjetivos me da pensarte!


Foto tomada de https://rincondeltibet.com/blog/p-habitos-de-las-personas-agradecidas-25004