sábado, 18 de agosto de 2018

El arrepentimiento


El arrepentimiento, la moda y la falsificación


Eduardo de la Serna



Puesto que pareciera que “arrepentirse” está de moda, o lo está algo que se le parece, o que se lo llama tal, se me ocurrió mirar el término en la Biblia. En una sociedad judeo-cristiana algo – quizás – tenga para decir.

El término hebreo que suele traducirse por arrepentimiento es nḥm. Se lo encuentra unas 119 veces y es traducido al griego por metanoia o matamelomai. El sentido original (incluso en sus raíces; por ejemplo, en árabe es “resoplar”) es la reacción frente a una situación que provoca dolor. Dependiendo el uso verbal, en hebreo puede traducirse al castellano por consolar (LXX traduce al griego por parakalein), causar pena, lamentar (se dice 30 veces de Dios y 7 del ser humano); así es apenarse, consolar y hasta incluso vengar (Is 1,24). No es un pesar resignado sino con consecuencias concretas (en el caso de Dios, algo cercano a la misericordia, raḥamīm).

En el ser humano el arrepentimiento es necesario (Jer 31,19; Job 42,6) dada la versatilidad (Ex 13,17; 1 Sam 15,29) cosa que no ocurre con Dios (1 Sam 15,29; Sal 110,4…). Dios puede enojarse ante una situación, pero el castigo no tiene por qué tener la última palabra. El arrepentimiento de Dios puede ser fruto de la intercesión de alguien, como Moisés (Ex 32,9-14; cf. Jer 26,19; Mal 1,9; Sal 119,58).

En griego, conversión es metanoeô (Hch 3,19; 2 Cor 7,9-10; Heb 6,1; Ap 2,21), epistrofê (“volver”, “a la madre de todo (o ‘todos’)”, Sir 40,1 [la madre tierra]; Hch 15,3 hapax del NT, “conversión de los gentiles”), apostrefô (“volver”, “al polvo”, Gen 3,19; “no cambiar”, Am 1,3.6.9.11…; Mt 5,42; 26,52: “volver la espalda”; “apartarse”, Ti 1,14; Heb 12,25) o metamélomai (Mt 21,32; Heb 7,21): es la actitud de Judas que lo lleva al suicidio (Mt 27,3) o del hijo que cambia de actitud y va a trabajar a la viña (21,29).

Dios, por ejemplo, se arrepiente de haber hecho rey a Saúl (1 Sam 15,35) o de un castigo programado (1 Cr 21,15). “Recordó su pacto con ellos, y se compadeció (nḥm) por su gran amor” (Sal 106,45).

Hay un texto clave donde se encuentra el contraste entre el accionar divino y el humano. La Biblia de Jerusalén traduce; 

Pues la Gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse” (1 Sam 15:29), 

pero el hebreo no utiliza kabod, “gloria” sino netzah que es “aplausos”, “conquista” (la Biblia de nuestro pueblo prefiere “el Campeón de Israel”, que es más fiel al texto). La “Gloria” es otra cosa bastante precisa en la Biblia como presencia de Dios en la historia. Es propio del ser humano mentir, y precisar un sincero arrepentimiento.

Así encontramos que el arrepentimiento divino se origina en su compasión, en su misericordia y lo lleva a obrar en favor de sus amigos, los seres humanos, o el pueblo de Israel, según el caso. La humanidad, en cambio, manifiesta su arrepentimiento cambiando de actitud, dirigiendo su vida (o su mente, “nous”) en otra dirección (meta-noia), o "más allá" del grito, del clamor (melos [melodía], meta-melos).

La actitud de cambiar de discurso para beneficiarse, o para perjudicar a un tercero (o tercera), decir lo que el otro quiere escuchar, o la actitud de jueces que benefician a los poderosos, en la Biblia tienen otros nombres, y otras repercusiones; pero no es aquí el caso. A modo de ejemplo, la literatura apocalíptica, severamente crítica del imperio dice cosas como estas:

Le sucederá un hombre despreciable a quién no le correspondía ser rey. Se abrirá paso suavemente, y con intrigas se hará dueño del reino. Barrerá ejércitos enemigos desbaratándolos, y también al príncipe de la alianza. Aun disponiendo de poca gente, con sus cómplices y a fuerza de traiciones se irá haciendo fuerte. Sin agitarse irá penetrando en las zonas más fértiles de la provincia, y hará lo que no hicieron sus padres ni sus abuelos: repartirá botín, despojos, riquezas, atacará con estratagemas las fortalezas; pero por poco tiempo” (Dan 11,21-24).
“…entonces vi en mi sueño que habían llegado todas las aves del cielo: águilas, buitres y cuervos. Las Águilas guiaban a todas las aves y comenzaron a devorar a las ovejas a sacarles los ojos y comer su carne. Las ovejas gritaban, pues las aves devoraban su carne (…) He aquí que nacieron corderos de aquellas ovejas blancas y comenzaron a abrir sus ojos, a ver y a gritar a las ovejas. Pero las ovejas no les gritaban ni escuchaban sus palabras, sino que eran sordas en extremo y sus ojos eran total y absolutamente ciegos. Y vi en el sueño cuervos que volaban sobre los corderos; tomaron a uno de ellos, despedazaron a las ovejas y se las comieron. Vi que les salieron cuernos a los corderos, pero los cuervos se los quitaban. Vi que brotaba un gran cuerno a una de las ovejas y se les abrían los ojos…” (1 Hen 90,2-3.6-9).
“¡Cayó, cayó la Gran Babilonia! Se ha vuelto morada de demonios, guarida de toda clase de espíritus inmundos, guarida de toda clase de aves impuras y repugnantes, porque todas las naciones han bebido del vino furioso de su prostitución, y los reyes del mundo han fornicado con ella y los comerciantes del mundo se han enriquecido con su lujo fastuoso. Oí otra voz celeste que decía: Pueblo mío, salgan de ella, para no ser cómplice de sus pecados y no sufrir sus castigos” (Ap 18,2-4).


Foto tomada de https://www.muypymes.com/2017/04/06/corrupcion-y-soborno-en-empresa-espanola


miércoles, 15 de agosto de 2018

Una agenda, una galera y un proyecto


Una agenda, una galera y un proyecto


Eduardo de la Serna



Es sabido que los principales medios de (in/des) comunicación social “marcan agenda”. Es decir, todo y todos, todas y todes deben hablar, escribir y pensar lo que está en el tapete (o el felpudo). No hace falta decir que eso sirve para tapar otros temas que, al menos para algunos o muchos son importantes. Incluso más importantes. Tampoco hace falta señalar, lo hemos hecho en otro lugar, los trucos de prestidigitación que muestran algo, desvían la mirada hacia ello mientras sacan un conejo de la galera (un conejo que ellos luego comerán, podríamos ironizar). Ya dije, también, que creo que hay que parar la pelota. Demasiados cascotazos aquí y acullá como para poder pensar tranquilos. ¡Y la hora lo exige!

Y quiero poner un ejemplo de la hora… de la agenda, para señalar lo que digo: los casos de corrupción. No voy a señalar lo que pienso de Bonadío, Stornelli, Marijuán, los empresarios, los cuadernos y demás glorias del presente; hacerlo sería contradecirme. Lo que quiero señalar, en este caso, es que no me parece el tema central, y detenerse allí es – precisamente – distraerse. Y para que el ejemplo sea preciso, me voy a enfocar en temas eclesiásticos:

  • + abusos y pederastia
  • + banca vaticana y mafias
  • + perversiones del pasado (de las cruzadas a la inquisición, para no ir con chiquitas)
  • + manipulación de conciencias y de votos en la política
  • + presiones políticas para lograr prebendas o impedir
  • + silencios cómplices


(se podría seguir, sólo pretendo señalar algunos importantes) todo esto, con matices – sin duda que cada cosa debe pensarse y entenderse en su tiempo y lugar, lo que no las excusa, por cierto – me parece indiscutible. Para decirlo de un modo simple, claro y hasta ligeramente teológico: ¡en la Iglesia hay pecado! ¡Y mucho! Pero – ¡y acá está lo que me parece principal! – nada de eso invalida el Evangelio. Y el Evangelio es lo principal, no la Iglesia.

A lo que quiero llegar, cono este ejemplo, es que creo firmemente que las distorsiones, delitos, corrupciones, no invalidan un proyecto, a menos que sean necesarias para que este ocurra. Nadie podría negar que todos los pecados eclesiásticos señalados – y los que quieran añadirse – contradicen el Evangelio.

En suma, volviendo al comienzo, creo que la hora exige pensar y caminar hacia un proyecto. El neoliberalismo es un proyecto perverso, porque el individualismo lo es, “la raíz de todos los males es el amor al dinero”, dice un discípulo de san Pablo. Es un proyecto perverso porque se desentiende “del otro”, “que cada uno sea feliz” repite frecuentemente el pastor-presidente. Y, con frecuencia y sin controles, ese ser-feliz-yo, supone pisar a los demás, a muchos demás, a millones demás… Es por eso que voy a acompañar otro proyecto, más allá de los uno, diez o mil casos que lo distorsionen. Un proyecto de inclusión es más grande que los personajes. Y mirar figuritas, o luces que alumbran por otro lado, sólo sirve para que saquen conejos de la galera, para que no pensemos cómo construir y seguir construyendo otros proyectos. Nacionales y populares, Populistas y muchas cosas más nos dirán – o diremos – lo cierto, y retomo el comienzo, no pienso dedicarme a seguir agendas de otros cuando la realidad exige (y los pobres lo necesitan) mirar en otra dirección. Y sin duda esto no es complicidad con el delito, es saber que los delitos no invalidan proyectos y que delincuentes mayores quieren comer conejos a la cacerola.


Foto tomada de http://www.mundoconejo.com.ar/mundoconejo.php?c=mag

martes, 14 de agosto de 2018

Comentario domingo 20B

Pan para la vida del mundo
DOMINGO VIGÉSIMO - "B"

Eduardo de la Serna



Lectura del libro de los Proverbios     9, 1-6

Resumen: la sabiduría, presentada como una mujer que da un banquete, ofrece sus dones, presentados como pan y vino, a los simples a fin de que se dirijan hacia la vida plena.

La Sabiduría, presentada como una mujer que da un banquete es la causa de su incorporación en el texto litúrgico (a la luz del banquete eucarístico del Evangelio). Para entender bien el texto es importante notar el contraste con otra “mujer”, la “necedad”. Veamos:

Mujer “necedad”
Mujer “sabiduría”
13 La mujer necia es alborotada, todo simpleza, no sabe nada.
 14 Se sienta a la puerta de su casa, sobre un trono, en las colinas de la ciudad,
 15 para llamar a los que pasan por el camino, a los que van derechos por sus sendas:
La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas,
 2 ha hecho su matanza, ha mezclado su vino, ha aderezado también su mesa.
 3 Ha mandado a sus criadas y anuncia en lo alto de las colinas de la ciudad:
16 «Si alguno es simple, véngase acá» y al falto de juicio le dice:
4 «Si alguno es simple, véngase acá.» Y al falto de juicio le dice:
17 «Son dulces las aguas robadas y el pan a escondidas es sabroso.»
18 No sabe el hombre que allí moran las Sombras; sus invitados van a los valles del sheol. (Pr 9,13-18)
5 «Vengan y coman de mi pan, beban del vino que he mezclado;
6 déjense de simplezas y vivirán, y diríjanse por los caminos de la inteligencia.» (Pr 9,1-6)

Es evidente que ambas “mujeres” se dirigen al “simple”, inexperto, insensato. Una, la necedad, para que lo siga siendo, la otra, la sabiduría, para que deje de serlo y viva. La diferencia – evidentemente – está en el alimento: el pan y el vino conducen a la vida (comparar con el pan y el vino de la muerte, 4,17), en cambio el agua robada y el pan a escondidas son camino a la morada de los muertos (sheol). Es muy probable que el banquete de la sabiduría se refiera al banquete mesiánico (cf. Is 55,1-2; 65,11-12). La necedad conduce a la perdición (7,8-12.21-27) mientras que la sabiduría edifica su vida rechazando las “siete cosas” que Yahvé aborrece”:

16 Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma:

17 ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre  inocente, corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos (Pr 6,16-19).

Hay otros elementos interesantes en el contraste ya que la “necedad” tenía que ofrecer un sacrificio y en cambio sale a buscar incautos (7,14) mientras que la “sabiduría” ha hecho un sacrificio (9,2); el envío de las siervas puede aludir al envío de los profetas (cf. Jer 7,25; 25,4; 26,5). Sin duda el alimento que esta mujer brinda en su casa es la misma sabiduría que da vida a los que de otro modo serían conducidos hacia la muerte.


Lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso     5, 15-20

Resumen: el modo de vivir del hombre viejo y el hombre nuevo llega a su culminación. Un contraste de actitudes, rechazar las necias y adherir a las sabias deben marcar la vida de los destinatarios.


Las semanas anteriores el autor de Efesios señalaba el contraste entre el “hombre viejo” y el “hombre nuevo”, entre el modo de vida pasado cuando eran “paganos” (ethnê) y el nuevo modo coherente con el bautismo que los sumerge en el cuerpo eclesial. Finaliza esta unidad con un “por lo tanto” (oun). Lo que indica (verbo en imperativo) es que “miren”, que observen, estén atentos. El término puede ser un llamado de atención (cf. Fil 3,2; Gal 5,15; 1 Cor 8,9). Lo que deben observar “cuidadosamente”, con mucha atención (cf. Lc 1,3; Mt 2,8; Hch 18,25) como debe un juez investigar con mucha dedicación lo sucedido (cf. Dt 19,18). Lo que se debe procurar (en evidente contraste tradicional) es vivir, caminar, andar (peripatéô) como sabios (sofoi) y evitar ser necios (asofoi). 

Este contraste es presentado como “sacar provecho” (también liberar, redimir, cf. Gal 3,13; 4,5) del kairós (= tiempo; cf. Col 4,5) porque estamos en “días malos”. Estos días malos (cf. 6,13) son los días del mal: los príncipe, poderes y dominadores de “tinieblas”, las fuerzas “del mal” en los cielos (6,12). Incluso en tiempos difíciles el sabio debe saber reconocer la voluntad de Dios; la sabiduría consiste en reconocerla en medio de las tinieblas.

Esta doble posibilidad sabia-no sabia es ejemplificada con dos pares antitéticos (vv.17-18):

Por tanto, no sean insensatos (v.17a)
sino comprendan cuál es la voluntad de Señor (v.17b)
No se embriaguen con vino, que es causa de libertinaje (v.18a)
llénense más bien del Espíritu. (v.18b)

Lo contrario de insensato (áfrones) es comprender “la voluntad del Señor”; lo contrario de llenarse de vino, es llenarse del Espíritu (no es la única vez que entre el vino y el espíritu se establece un contraste; cf. Hch 2,15; 1 Sam 1,12-15; Os 9,7). El vino bebido en exceso es frecuente en la literatura sapiencial (cf. Pr 23,31-32; 31,1-9; Mt 24,49; 1 Cor 5,11; 1 Tim 3,8; Tit 2,3; ver Lc 1,15)

Este “llenarse del espíritu” está en relación con cantar salmos con “el corazón” (= con el intelecto, donde habita el espíritu, cf. Rom 5,5; 2 Cor 1,22; 3,3; Ga 4,6); son manifestación de su presencia
Hablen entre ustedes salmos, himnos y cánticos espirituales (v.19a)
… canten y salmodien en su corazón al Señor, (v.19b)

En todo y por todo” (pántote - pantôn) deben “dar gracias” (eujaristountes) “en nombre” del Señor Jesucristo” (= con su mediación) al “Dios y Padre” parece la conclusión doxológica de toda la unidad comenzada en v.3. No se trata de agradecer algo en particular sino todo y siempre.


Evangelio según san Juan     6, 51-59
 

Resumen: En el discurso del pan de vida, donde se nos invita a recibir por fe a Jesús en la vida, se incorpora un texto – aparentemente chocante – donde se da un paso más invitando a los lectores a “comer” y “beber” la carne y la sangre del “hijo del hombre”. Sólo al recibirlos podremos acceder a la vida divina.

Como hemos señalado, una nueva intervención de “los judíos” marca un nuevo comienzo en el discurso. Este finaliza (v.59) con una referencia al lugar: la sinagoga de Cafarnaúm; sabíamos que estaban en Cafarnaúm [v.24] pero no que el discurso había ocurrido en una sinagoga. Es la primera vez en el Evangelio que se menciona una “sinagoga” [en 18,20 Jesús afirma que ha “enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo”]. Las restantes dos ocasiones que se las menciona en realidad es para destacar una suerte de “excomunión” (aposinágôgos), algo que parece importante para conocer la comunidad de Juan más que los tiempos de Jesús.

Desde hace mucho tiempo se sostiene que la unidad que la liturgia hoy propone fue añadida por un redactor al Evangelio con intenciones sacramentales. Jesús había pronunciado un largo discurso presentándose a sí mismo como “pan” invitando a “recibirlo”; el sentido – como lo vimos – estaba dirigido a que recibir a Jesús por la fe da la vida a los creyentes. El tema es característico del cuarto Evangelio: la fe conduce a la vida divina. Sin embargo, ante algunas ausencias temáticas que se consideraban importantes, algún miembro de la comunidad incorporó una serie de temas para que el Evangelio fuera mejor recibido. El texto litúrgico de hoy es un ejemplo de esto.

La novedad comienza con la referencia a que lo que se come es la “carne” (v.51) tema que volverá en los versos siguientes: vv.52.53.54.55. El texto típicamente joánico, por otra parte, con el doble “en verdad” (v.53) parece aportar la clave, esta “carne” es la del “hijo del hombre” que en Juan tiene un sentido importante (13 veces; 12 en la primera parte del Evangelio); el “hijo del hombre”, que parece remitir al personaje del libro de Daniel, hace referencia a la autoconciencia de sí que tiene el Jesús de Juan, esto es al “hijo” que se hace “carne” para “dar vida”.

El clásico malentendido, propio de Juan para avanzar en la revelación se manifiesta en este caso en la comprensión de los judíos en clave “antropofagia”, algo ciertamente chocante y que suena a amenaza (Lev 26,29; Dt 28,53-57; Jer 19,9; Ez 5,10…) a lo que Jesús añade algo todavía más duro: “beber la sangre”, algo no sólo prohibido (Gen 9,4; Dt 12,16.23; Lev 3,17; 7,26-27; 17,10-14; 19,26) sino expresamente condenado a muerte (Lev 7,27; 17,14). La paradoja de Jesús viene precisamente dada porque en este caso, la carne es la del “hijo del hombre”, el que come y bebe tiene vida, y el que no la come no podrá tenerla (en un clásico paralelismo antitético), aunque hay que recordar que en Juan zôê – el verbo aquí usado - se refiere a la vida divina:

En verdad, en verdad les digo: 

(-) si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.
(+) El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. (vv. 53-54)

Pero esta comida y bebida, su carne y sangre, son comida “de verdad” (alêthês), término característico en Juan para designar las cosas auténticas: “Dios es veraz” (3,33), y como veraz ha enviado a Jesús (8,26).

Esta comida y bebida engendran una inhabitación mutua entre Jesús y el que come y bebe. Esto está expresado con el verbo “permanecer” (menein) que es también importante en Juan para designar esta mutua pertenencia (cf. 15,1-10).

Otro término, propio de Juan y característico de esta estrecha relación entre el Padre y el hijo, y – partiendo de esto – los creyentes es el “envío”. Con la misma autoridad de quien envía, siendo que lo que el Padre dice o hace, lo dice o hace el Hijo con su misma autoridad. En este caso, el Padre viviente da vida al hijo, esa misma vida la reciben los que “coman” a Jesús (“me coma”) (v.57). 

El texto finaliza con una imagen ya utilizada al hablar del maná (pan que comieron los padres) pero murieron. En este caso, este pan da vida (zôê) eterna. 

Una nota sobre los verbos de “comer”. En el capítulo 6 el verbo esthíô (comer, en aoristo éfagon) es muy usado: 5.23.26.31(x2).49.50.51.52.53.58 pero en vv.54.56.57.58 (y en 13,18) utiliza trôgô (masticar, algo que en un primer momento se decía de los animales, aunque luego se asimilaron, pero pareciera más “material”). Seguramente la intención de la mutua asimilación, lo chocante de la comida humana y la bebida de sangre se ven reforzados con el uso de este verbo, aunque no debe olvidarse que se trata de “masticar” la “carne” y beber la “sangre” del hijo del hombre, la palabra encarnada que revela al Padre y de ese modo nos da la vida divina.

Foto tomada de www.dominicos.org

lunes, 13 de agosto de 2018

La Iglesia, la apostasía, el aborto


La Iglesia, la apostasía, el aborto.


Eduardo de la Serna



Conozco bastantes casos de personas que han decidido (o pensado seriamente) apostatar en estos días. Y, debo decirlo, las comprendo perfectamente.

Tengo claro que la Iglesia no es la jerarquía, sino el Pueblo de Dios (cosa que no siempre la jerarquía manifiesta tener claro, porque parece seguir actuando como papitos que le dicen sin dudar ni preguntar a sus hijos infantes qué deben decir, qué deben hacer [o no] y qué deben pensar). Tengo claro que la Iglesia no es objeto de fe: creo en Dios, no creo en la Iglesia, y porque creo en Dios dentro del pueblo de Dios, pueblo de fe, no me parece – para mí – necesario mezclar a Dios con la Iglesia. Tengo claro, también, que la Iglesia (como todos los ministerios) no existe “para sí” sino para el mundo. Y sobre esto quisiera decir algo brevemente.

Ya los grandes profetas tuvieron la tentación de mirarse a sí mismos en lugar de mirar a Dios y al pueblo. Jeremías dice “soy un muchacho” y Dios lo corrige: no digas eso, donde te envíe irás, lo que te mande dirás (Jer 1,4-10); Ezequiel tiene la tentación de no anunciar lo que Dios le manda ya que sabe (y Dios mismo se lo ha dicho y repetido) que no le harán caso y no le prestarán atención (si no les dices lo que te mando decir, te pediré cuentas; Ez 3,16-21). Ese es, y se repite insistentemente, el rol de los pastores. Los pastores no existen para sí, existen para el rebaño y para la familia (y por eso un buen pastor ha de estar dispuesto a arriesgar su vida ante el peligro, para no perder ovejas y no dejar a la familia sin ellas). Hay pastores de todo tipo, en la Biblia, pero la crítica a los malos es durísima:

  • Como ovejas son llevados al Seol, los pastorea la Muerte, van derechos a la tumba. Su imagen se desvanece, el Seol es su mansión. (Sal 49,15)
  • Así dice el Señor Yahvé: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? (Ez 34,2; ver vv.8 y 10)
  • apacienten el rebaño de Dios que les han confiado, [cuidando (episkopein) de él] no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino generosamente (1 Pe 5,2)
  • Los malvados desplazan mojones, roban rebaños y pastores. (Job 24,2)
  • Porque él es nuestro Dios, nosotros somos su pueblo, el rebaño de sus pastos. ¡Ojalá escuchen hoy su voz! (Sal 95,7)
  • Efraín (= Israel) se apacienta de viento, va detrás del viento del este todo el día, multiplica la mentira y la violencia. Hace alianza con Asiria, envía aceite a Egipto. (Os 12,1)
  • Éstos son una mancha cuando banquetean desvergonzadamente en sus ágapes y se apacientan a sí mismos; son nubes sin agua zarandeadas por el viento, árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, arrancados de raíz; (Jud 12)

El bienestar del rebaño es la clave para reconocer un buen pastor.

Es interesante que en los tiempos finales del Nuevo Testamento se comienza a unir la imagen del pastor y la de la vigilancia (episkopein, de donde vendrá el término “epíscopo”, obispo). El texto de 1 Pedro citado más arriba es un ejemplo, Hechos 20,28 es otro:

“Cuídense ustedes y cuiden a todo el rebaño que el Espíritu Santo les encomendó como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que Él adquirió pagando con su sangre”.

Dios y el pueblo son lo que cuentan, no los pastores.

Pero cuando la miopía, o un mal análisis desde el temor o la incapacidad, el fundamentalismo o los propios límites hacen “mirar mal” (vigilar mal) es probable que “las ovejas se dispersen” (ver Mc 14,27; Jn 10,12). Si la Iglesia se ve a sí misma como “una”, no estaría de más saber que la “dispersión” suele ser un atentado contra su propio ser eclesial. Y hay veces que la falta de pastores, o de pastores buenos, provoca una dispersión que no es querida por Dios. No ver bien el mundo, los peligros, la realidad en suma, puede provocar una dispersión de un rebaño que no es de los obispos ni de la Iglesia, sino “de Dios”. Ante los diferentes momentos que enfrenta el Pueblo de Dios, ¿desde dónde hablan los pastores?: ¿escuchan a su pueblo para ver sus miradas, necesidades, dolores? ¿O escuchan lo que quieren escuchar? ¿Se escuchan a sí mismos?

Porque quienes queremos también ser pastores y mirar, escuchar y dar nutrientes a nuestras comunidades vemos que muchos se dispersan porque otros pastores no los han acompañado. Dios, “como pastor pastorea su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas” (Is 40,11) y muchas veces pareciera que otros pastores expulsan de sus rebaños (como si fueran dueños) a miembros dolidos, sufrientes, necesitados del abrazo. A veces, ver pastores miopes que no analizan ni escuchan atentamente (aunque deban escuchar unas, o cientas de voces disonantes), resulta sumamente duro. Y ver conocidos y amigas/os que han decidido romper con esos pastores, apostatar de esa Iglesia (que no es necesariamente ni rechazar a Dios, ni a Jesús y – a veces – ni siquiera las cosas de Dios, como pueden ser los sacramentos), lamentablemente es algo que entiendo. Tratar a los cristianos adultos como corderitos mansos, aptos para llevarlos y traerlos como nos parece, y como verdaderos menores de edad es no haber entendido la metáfora del pastor. Algunos corderos crecen, y les crecen también sus cuernos para defender lo que saben propio (1 Henoc 90,9-11).


Foto tomada de http://losabuelosdemihistoria.blogspot.com/2009/07/los-fortines-en-argentina-en-argentina.html

jueves, 9 de agosto de 2018

Una de pañuelos...


Una de pañuelos


Eduardo de la Serna



Los pañuelos, las banderas, los colores… dicen. Dicen algo. Mucho.

Todos sabemos que algunas banderas pueden molestarnos, las de un país al que no queremos o tenemos por enemigo/adversario o algo por el estilo, los del club de futbol rival; y esas banderas “nos dicen”. Nos mueven a… la bronca, el canto o levantar más alto las nuestras.

Y dejo de lado el acto fallido del presidente, cada vez más prescindente (no maneja la economía, no maneja la política… solo el discurso, previamente coucheado y redactado) cuando al hablar de la tormenta y el barco dijo que habíamos arriado las bande… las velas. ¡Doctor Freud!

Sin dudas las banderas dicen: ver la “bandera pirata” con la calavera y los dos huesos que la cruzan pretende provocar miedo: “ahí viene la muerte”. La muerte de otros, que es nuestra vida. La bandera indígena, parecida a la bandera LGTBIQ que por la pluralidad de colores del arco iris quiere mostrar la diversidad e integrarla. Las banderas de países, a su vez, con frecuencia recurren a colores emblemáticos que aluden a su geografía o su historia: sangre, naturaleza, agua, etc.

Lo mismo hemos de decir de los pañuelos que tan de moda han estado en estos días y en nuestra historia reciente. El naranja para simbolizar la separación de la Iglesia y el estado (personalmente desconozco el porqué de la elección del color), el celeste, enarbolado por los autodenominados pro-vida (como si “los otros” fueran pro-muerte), el verde que distingue a los que no quieren morir en abortos clandestinos (“aborto legal para no morir” parece “pro-vida también ¿o no?), y – por supuesto, al final para dejar lo mejor o más valioso para que no se pierda en las marañas de los colores – el blanco que grita “¡con vida los llevaron, con vida los queremos!” de las madres y las abuelas.

En lo personal no me puse pañuelo en estos días, pero me llenó de orgullo cuando las abuelas me regalaron uno al cumplir 25 años de cura, y cuando las Madres nos dieron uno - ¡nada menos que en el ‘día de la madre’! - a los curas OPP. Entiendo a los celestes que consideran un crimen el aborto y quieren defender la vida, aunque – en lo personal – me parece que no han dado argumentos serios de ningún tipo lo cual vacía el planteo dejándolo en el terreno de lo meramente “sensiblero”. Entiendo a los verdes que no tienen ganas de que mueran las mujeres pobres (¡a quién se le ocurre!). Creo que los planteos de “vale toda vida” o “las dos vidas” son puro márquetin, porque no hay propuesta alguna para las mujeres que han decidido abortar. Que Amalia Granata sea la gran abanderada junto con un pobre periodista de un pobre diario, en lo personal creo que les quita toda seriedad a los argumentos, que no los hay, o no los han expuesto.

Pero cuando veo ciertas cosas de los autodenominados “amantes de la vida”, como los insultos y agravios a una nena de 9 años porque su madre defendió públicamente el proyecto de ley, o cuando veo la cruz con la “V” rememorando los aviones del 55 me provocan vómitos o nauseas. Se dirá que son excepciones, como también lo es el pañuelo celeste que Cecilia Pando le regaló a Macri, o los actos de violencia, insultos, agresiones a las que portaban un pañuelo verde. Demasiadas excepciones. Casi pareciera que los celestes tolerantes eran la auténtica excepción. Y las declaraciones de curas y obispos (no todas, pero… otra vez la excepción y la regla) confundiendo dogmas y doctrinas y sustentadas con lecturas fundamentalistas de la Biblia y miopes de la historia me provocan desazón. Se me hace muy difícil sentirme cómodo con el color del cielo y de la bandera “viendo el paño”.

No me puse, tampoco, un pañuelo verde. En realidad, no sé cuál sería el color de acompañar a las mujeres pobres, de solidarizarme con sus dolores avale yo o no lo que hicieron (sin pedirme permiso, como corresponde), cuál es el color del abrazo, cuál el de no señalar con el dedo y condenar. No sé qué color, sí sé qué lugar. Como dice un amigo, la Iglesia perdió la oportunidad de dejar el medioevo; otros queremos abrir las ventanas al mundo, aunque nos resfriemos, y estar del lado de las víctimas, las mujeres pobres. Y eso, creo, también es pro-vida (aunque lo de “pro” me moleste).


Foto de “bandera de plegaria” de Nepal, tomada de Wikipedia.

Breves apostillas


Breves apostillas


Eduardo de la Serna



Los brotes verdes” anunciados por el gobierno en una primavera imaginaria e invisible, como el crecimiento, resultaron ser los de “la ola verde”.

Ganó el gobierno. El triunfo del “no” en el senado trajo alivio en el gobierno. No tanto por la supuesta victoria moral “provida” sino porque se logró evitar el “gratuito” que era lo que le molestaba. Podrá “despenalizarse” ahora, (además consiguiendo así cierto aval a la impresentable reforma del Código penal), total ya no será algo de lo que el Estado deba ocuparse. Una menos.

Perdió la Iglesia. La Identificación de la Iglesia con lo más retrógrado, los fundamentalismos, con dogmas que no lo son, desentendiéndose del dolor de la mujer, patriarcal y machista, flaco favor se hace a sí misma. No entendieron. Otra vez.

Viene el FMI. Los verdaderos encargados de la economía argentina vienen y vendrán periódicamente a “revisar los números”. Pronto, lo imagino, les devolverán “su” oficina en el Banco Central. Se trata de ahorrarles el viaje.

Senadores nada honorables. Coherentes con algunos de los albinos invitados a exponer supuestas argumentaciones, algunos senadores manifestaron a la sociedad entera su desprecio. El senador Urtubey (¡qué familia, por Dios!), además avalado por el senador Pinedo. Una senadora que no leyó el proyecto, otro que propone dar plantas a las embarazadas (claro, ¡viene de la 125!, ¿serán de soja?), otro que habla de los chimpancés y muestra que en algunos casos lo que ocurrió fue una involución (¡perdón, Charles!) y la presidenta del Senado y vicepresidenta de la Nación mostrando (una vez más) su oquedad. De debatir con argumentos se trataba. Pero bueno, esa nos la deben.

Las escuelas. No hay que politizar el drama, afirmó con su inmutable cara de nada la nada misma, que está en el sillón del gobierno de la provincia (decir “gobierna” sería un exceso). Y lo dijo politizando, porque cuando lo hacen otros está mal y cuando lo hacemos nosotros es una genial duranbarbeada.

La dependencia judicial. No satisfechos por correr fiscales que pueden investigar las causas sensibles del gobierno, ni con acomodar jueces amigables en zonas peligrosas, ahora premian a uno de los jueces que condenó a Amado Boudou por estar convencido, aunque sin pruebas, que cometió un delito. El ejemplo de Moro cunde en la región.

El milagro de la región. No conforme con hacer lo que quiere, el gobernador y sus lacayos ponen y sacan a su antojo también fuera de su feudo. Milagro Sala ahora es trasladada a Salta. Cumplir las directivas internacionales, hacer justicia es para otros. Gerardo Iº está más allá de esas paparruchadas (y el poder judicial de la Nación, también).

Un duque en Colombia. En un acto de uribismo explícito el nuevo (¿vice?) presidente de Colombia ya empezó su gobierno; de bombardear la paz se trata. De eso viven. Viendo los vientos que soplan (tormenta los llamó nuestro metafórico presidente) que se prepare Juanma para ser juzgado y quizás condenado mediático-judicialmente en un futuro no muy lejano.

Mágica mutación. En medio de la crisis de los aportes truchos en la provincia, que prometía extenderse a otras regiones, el siempre funcional diario La Nazión encontró unos cuadernos, que después no eran tales, sino fotocopias con denuncias sobre coimas y sobornos para la obra pública que después no fue tal sino aportes de campaña. Si hasta un primo del mismísimo presidente, “Testaferra” lo llaman por ahí, parece que aportó a la campaña “K” y no a la de su primito. Ahí… ¡y lo dicen en serio! Sin reírse.

Y se podría seguir... ¡hay tanto! De pensar el presente, mirar la realidad, y mirarla desde “un lugar” se trata. Desde la vida de los últimos, los pobres y las víctimas quiero mirar, aunque muchas de estas cosas se hagan en nombre de la justicia, la paz, la trasparencia o la pro-vida. Como no les creo nada, sospecho firmemente que nada de todo esto les interesa, a menos que sea negocio, claro.


Dibujo tomado de https://www.biko2.com/category/anotaciones-al-margen/

Sacheri y Angelelli


Sacheri y Angelelli


                                                                                                                 Eduardo de la Serna



Aprovechando la “libertad” que le da no tener que estar en estricta comunión con el Papa y la Iglesia Argentina, el obispo emérito de La Plata, Héctor Aguer manifestó, en una reciente carta de Lectores al “eminentísimo” diario La Nación su solidaridad con el mismo a las críticas por la inminente beatificación de monseñor Angelelli, mártir.

Allí dice varias cosas, a las que remito. Por ejemplo, afirma que escuchó lo que decía monseñor Witte afirmando que se había tratado de un accidente (cosa que nadie niega: sabemos que Witte decía eso. Lo que negamos es la veracidad de ese dicho). Pero – como el título lo afirma – se pregunta por qué no se reconoce el martirio (¿en lugar del de Angelelli?) de Carlos Sacheri, asesinado por el ERP. Y concluye, en clara crítica al Papa, que este reconocimiento de martirio sería “eclesiásticamente incorrecto” (se refiere incorrecto en la Iglesia de Francisco, no en la de Juan Pablo o Benito, por cierto).

Es sabido que Sacheri era un “abanderado” de la derecha católica a la que Aguer firmemente adscribe; como lo era Jordán Bruno Genta, también asesinado por el ERP (ambos en 1974); ambos discípulos de Julio Menvielle a quién también Aguer frecuentaba. Es razonable, entonces, que este cruel asesinato lo afecte, aunque desconozco si siendo un poderoso arzobispo argentino hizo algo por la beatificación y el reconocimiento martirial de su “amigo”.

En la tradición católica se han reconocido muchos mártires y martirios los cuales, obviamente, no en todos los casos nos “tocan de cerca” y nos aluden (Juan el Bautista, los mártires de Uganda, Maximiliano Kolbe o santa María Goretti, por ejemplo); que se reconozcan sus martirios no implica que sean ejemplos a querer seguir, por cierto.

No veo nada que impida el reconocimiento de martirio de Sacheri si se pudiera investigar con un poco de seriedad su asesinato (cosa que durante mucho tiempo fue casi imposible en el caso de Angelelli por la complicidad de los “amigos de Aguer”). De hecho, cuando se reconoció el martirio por “odio a la fe” de monseñor Romero (otro de los silenciados en tiempos “aguéricos”) se reconoció también el martirio por odio a la fe de tres asesinados por Sendero Luminoso [1], lo que según el principio del emérito sería “eclesiásticamente incorrecto” pero parece no serlo en estos casos. Que no me una nada con Sacheri no significa ni que celebre ni que me alegre su muerte, por lo que no me incomodaría en nada que se reconozca su martirio, aunque – en ese caso – no sería “santo de mi devoción”; se ha canonizado a Escrivá de Balaguer, casi todo es posible. De hecho, como ocurrió en el caso de Angelelli también La Nación publicó (el 23 de diciembre de 2014) una editorial (= sin firma) presentando a Sacheri como “constructor del bien común” [2]. Es coherente con su línea editorial. Por tanto, señor arzobispo emérito, promueva las beatificaciones que desee o le parezcan oportunas; algunos, entre tanto, celebramos las que durante sus tiempos de “Gloria” no nos fueron permitidas.



Dibujo tomado de http://egosumqui.blogspot.com/2010/08/politicamente-incorrecto.html